Las fronteras subterráneas (segunda parte)

(Para leer la primera parte, pincha aquí).

El túnel de Karavanken (Austria-Eslovenia)

En realidad el Túnel de Karavanken son dos, uno para el ferrocarril y otro para el tráfico rodado. Ambos miden casi ocho kilómetros de largo, pero son de épocas muy diferentes. El más antiguo, con muchísima diferencia, es el túnel ferroviario, que originalmente no era un túnel transfronterizo; fue abierto al tráfico nada menos que en 1906, e inaugurado por el Archiduque Francisco Fernando, cuyo asesinato unos años más tarde llevaría al mundo a la I Guerra Mundial. O sea que el túnel ya tiene un tiempo. Fue construido para unir Klagenfurt y la ciudad hoy italiana de Trieste, que en aquella época era el principal puerto de Austria. El túnel para vehículos a motor fue construido entre 1987 y 1991 entre Austria y Yugoslavia; un mes después de su apertura la boca eslovena del túnel fue el escenario de una fiera batalla entre las fuerzas yugoslavas y las eslovenas, durante lo que se llamó la Guerra de los Diez Días. A día de hoy, con Austria y Eslovenia integradas en el espacio Schengen, es una carretera más, congestionada, pero normal.

Un par de vistas del punto fronterizo exacto en el túnel ferroviario (fuente en esloveno; traducción al inglés aquí)

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Las fronteras subterráneas (primera parte)

En los tres años y medio de vida de este blog hemos visto unas cuantas fronteras raras, con trozos de países desperdigados como piezas de Lego derramadas por un niño torpe o líneas imaginarias que parten ciudades en dos, pero hasta ahora siempre nos habíamos limitado a la superficie del planeta. Pero claro, si uno mira debajo, la frontera también sigue, hasta el centro de la Tierra, donde todas las fronteras convergen y uno puede estar en todos los países del mundo simultáneamente (eso sí, convertido en gas; no todo iban a ser ventajas). Hay muchas maneras de cruzar una frontera, y una de las menos habituales es hacerlo bajo tierra. Carreteras, vías de tren, alijos de droga y hasta ejércitos lo hacen o lo han hecho (o al menos intentado), y de eso va la entrada de hoy. Las fronteras subterráneas. (Si algún día monto un grupo de Tecno Punk-Rock Post Industrial se llamará así).

Un trabajador francés y otro británico intercambian banderas el 1 de diciembre de 1990, tras encontrarse, por fin, los dos equipos de trabajo bajo el mar. Ese día Gran Bretaña perdió su insularidad por primera vez desde hacía ocho mil años, siglo arriba o abajo.

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La frontera en espiral

A lo largo de los más de tres años de vida de este blog hemos visto muchas fronteras extrañas, aparentemente sacadas de la mente de un lunático. El trazado de las fronteras es producto de la Historia, los conflictos y los acuerdos, y a veces, como toda creación humana, la más complicada de las soluciones es la que finalmente se adopta. Pasó, como hemos visto aquí, con Baarle, y pasa también en un rincón de los más de quinientos kilómetros de frontera entre Croacia y Eslovenia. A la altura de los pueblos eslovenos de Malo Lešče y  Brezovica pri Metliki  y la localidad croata de Brezovica Žumberačka (el clásico pueblo cuyo nombre debe pronunciarse con la boca llena de polvorones), aparentemente la frontera croata realiza un extraño quiebro, se introduce en el pueblo por la calle y se va estrechando mientras gira, hasta convertirse en una franja de pocos metros de ancho que desemboca en una minúscula península croata rodeada de territorio esloveno. Sobre el mapa queda tal que así:

Mapa de la zona: en verde, Eslovenia, en gris, Croacia. Lo amarillo es una carretera.

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Fotografías en la frontera

Una línea imaginaria de más de 600.000 kilómetros ha matado más hombres a lo largo de la historia que el conjunto de todas sus pandemias. La línea está viva, va creciendo y serpenteando, alimentándose de vidas humanas para, simplemente, cambiar su trazado. Una línea que para unos solo separa territorios que defienden distinta bandera; pero que para otros sirve para acotar culturas, lenguas y razas. Una línea que casi siempre es una prohibición a la libre circulación de personas e ideas. Fronteras. Conoce algunas fotos y datos sobre ellas.

Restos de la ropa de 700 inmigrantes subsaharianos que intentaron saltar la valla de Melilla en 2005

Kurioso, uno de los blogueros amigos y recomendados de Fronteras, ha realizado un recorrido fotográfico por las fronteras del mundo, mostrándonos sus miserias y curiosidades. El resto de la entrada, pinchando aquí:

Fotografías en la frontera, por Kurioso.

La autopista de seis carriles que termina en mitad del campo

The road to nowhere. La auténtica y genuína (clic para ampliar)

Sí, amigos, una superautopista de seis carriles, con sus líneas pintadas, sus arcenes,  sus barreras de cemento en la mediana y su asfalto negro como el alma de Judas que acaba de forma abrupta y absurda en mitad de la nada. Eso es lo que aparece en la foto. Y no es porque las obras se hayan paralizado o porque la constructora se haya quedado sin fondos, la autopista es así. ¿Y por qué? Ahora lo veremos. La foto está tomada en Argelia, y lo que se ve es la Autoroute Est-Ouest, una autopista de 1.200 kilómetros de largo que discurre por todo el litoral argelino, y cuyos promotores proclaman como la mayor obra pública del mundo en ejecución.

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Un campo de golf en dos países

En lo alto del Golfo de Botnia, en la orilla del Mar Báltico, se encuentran las ciudades de Tornio (Finlandia) y Haparanda (Suecia). Se encuentran separadas por un estrecho canal del río del que toma su nombre la ciudad finesa desde 1809, cuando Rusia conquistó Finlandia y se la arrebató a Suecia. Junto con Finlandia el Zar se  quedó Tornio, y los suecos, para compensar la pérdida, construyeron la ciudad de Haparanda. Como es lógico, los vínculos entre ambas ciudades han sido siempre muy estrechos, y en la actualidad se presentan como una única ciudad por la que, casualmente, pasa una frontera internacional. En ese contexto no es de extrañar que no hubiera problemas para construir el, que se sepa, único campo de golf binacional del mundo.

La frontera en el campo de golf (foto cortesia de Rolf Palmberg)

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Una mesa de billar en dos países

Dundee es un pueblo de la provincia canadiense de Quebec, situado justo al norte de Fort Covington, localidad que pertenece al Estado de Nueva York. Entre los dos suman apenas dos mil habitantes. Justo entre ambos se levanta el Taillon’s International Hotel, también conocido como Halfway House, quizá por estar a medio camino entre el Polo Norte y el Ecuador, justo sobre el paralelo 45 Norte. Lo cierto es que el edificio está atravesado de parte a parte por la frontera entre Estados Unidos y Canadá y los propietarios, conscientes de ello, decidieron hacerlo patente en el bar y salón de baile del hotel. Así fue como se podía empezar una jugada de billar en Canadá y terminarla en Estados Unidos.

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Un hombre juega al billar con un pie en Canadá y otro en Estados Unidos, en 1983. © Corbis. Según cuentan, era normal, a principios de los setenta, jugar al pinball (la máquina del millón) con un pie en cada país. Niños y fronteras, nunca cambiarán…

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El muro Schengen

Toda frontera es una agresión. También las de un ente con tan buena prensa como la Unión Europea. El Tratado de Schengen es un gran invento, pero, como tantas otras cosas, tiene dos caras. La amable es la libertad y facilidad de movimiento, de trabajo, de residencia, de todo en general, de la que disfrutamos los ciudadanos de la Unión. La otra cara de la moneda es que para que exista un espacio Schengen ha de existir un espacio no Schengen. Y la parte más dura de esa realidad le tocó a los escasos habitantes de Kulkiszki, una minúscula aldea bielorrusa que quedó separada de su contraparte lituana, Sakaline, cuando la frontera exterior de la Unión Europea partió en dos lo que durante muchas décadas, antes y después de la caída de la Unión Soviética, había sido un único pueblo.

Frontera entre Sakaline y Kulkizski, en un rincón de los 13.180 kilómetros de fronteras exteriores de la Unión Europea

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Cuando cruzar la calle te puede llevar a la cárcel

Los más veteranos lectores de Fronteras recordarán el caso de Rock Island y Derby Line, un par de pueblos situados en  la provincia canadiense de Quebec y en el estado norteamericano de Vermont, respectivamente. Se trata de dos pueblos pegados a la frontera y construidos en parte sobre ella, existiendo viviendas particulares y edificios públicos partidos por el paralelo 45 Norte, la raya invisible que decreta dónde empieza Canadá y acaba Estados Unidos, o viceversa. Entre ambos países no existe un tratado de libre circulación como el que disfrutamos en la Unión Europea, y que hace tan fácil la vida a los habitantes de las zonas fronterizas y a los viajeros insensatos. Durante décadas el sentido común permitió que los habitantes de ambos pueblos hicieran vida normal, pero la paranoia post-11 de septiembre ha convertido el sentido común en el menos común de los sentidos, en cuanto a las zonas fronterizas norteamericanas se refiere.

La frontera entre EE.UU. y Canadá (y entre Stanstead y Derby Line)  junto a la Biblioteca Haskell, el único edificio público dividido de América del Norte. © pegase1972

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Si Matt Harding visitara la frontera

He aquí lo que haría…

El responsable del baile es Hugo, lector impenitente de Fronteras, que celebra así la llegada de la primavera en Aquisgrán. Tres segundos, tres países.

(Si alguien no sabe quién es Matt Harding, puede leer su historia aquí).