Los túneles submarinos de las Islas Feroe

El sistema de carreteras de las Islas Feroe no parecería a simple vista demasiado interesante. Situadas a una distancia parecida de Islandia, Noruega y las escocesas Islas Shetland, sus poco más de cincuenta mil habitantes se distribuyen en 17 islas habitadas, concentrando las dos más pobladas unos dos tercios de la cifra total de faroeses, que ascienden a casi el 98% si añadimos a la cuenta las cinco siguientes islas en la lista de las más pobladas. Sumémosle a la escualidez demográfica el terreno irregular y montañoso, el clima desapacible con doscientos días de lluvia al año, generalmente acompañada de fuertes vientos y, en general, el hecho de estar a trasmano de todo, y tendremos un lugar con pésimas comunicaciones por carretera. Sólo que en realidad no es así. Las carreteras de las Feroe serían la envidia no ya de cualquier otro archipiélago o isla con una población similiar sino de muchos países enteros. Acompáñame, querido lector, en este viaje a las profundidades feroesas.

Hvannasundstunnilin (túnel de Hvannasund), casi tres kilómetros de carril único sin ningún tipo de iluminación

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Los pueblos fantasma de la Ruta 66

De los seis millones de kilómetros que cubre la red de carreteras y autopistas de Estados Unidos sin duda los más conocidos dentro y fuera de las fronteras del país son los casi cuatro mil que recorre la Ruta 66 entre Chicago y Los Ángeles. Hay varios factores que hacen de ese camino un icono de primer orden en el imaginario asfáltico occidental; los más recurrentes son los culturales. Podemos citar entre ellos Las uvas de la ira, novela de John Steinbeck galardonada con el Pulitzer y cuya adaptación cinematográfica se embolsó un par de Óscars, la obra más conocida de Jack Kerouac, En el camino, las múltiples versiones de Get your kicks on Route 66, temazo de Bobby Troupe que popularizó Nat King Cole en 1946 y que fue versionado por artistas de la talla de Chuck Berry, los Rolling Stones o Depeche Mode, o incluso una serie de televisión emitida entre 1960 y 1964 en la que un par de tipos recorrían el país viviendo aventuras de lo más curioso en su Chevolet Corvette. Pero la Ruta 66 es un icono de la cultura pop estadounidense sobre todo porque es un símbolo de cómo el país se ve a si mismo. Los Estados Unidos fueron construidos sobre la idea del Destino Manifiesto, una ideología que hoy consideraríamos emparentada con el Lebensraum nazi, pero que en el siglo XIX espoleó a cientos de miles de personas a viajar al oeste, más allá del Misisipí, para labrarse su futuro en las grandes llanuras o en la soleada California. De alguna manera, la Ruta 66 es parte del imaginario popular norteamericano por las mismas razones que la Fiebre del Oro de 1849 o el Pony Express. Es la conquista del Oeste, en este caso sin pioneros, colonos o caravanas, sino a lomos de enormes Pontiacs, Chevrolets y Oldsmobiles. EE.UU. es también el lugar donde nació la cultura del automóvil y donde ha alcanzado su máximo exponente. El road trip, el largo y a veces accidentado viaje por carretera por placer o necesidad, es un invento netamente norteamericano, y hay literalmente centenares de películas y libros cuyo argumento gira alrededor del viaje por carretera y sus visicitudes. El viaje como traslado material y simultáneamente como evolución personal es, de hecho, el protagonista de los primeros relatos de la humanidad, y el icono de la Ruta 66 entronca directamente con ellos. De haber transcurrido la Odisea en Estados Unidos, Ulises habría viajado de Los Ángeles a Fort Lauderdale en un Cadillac Eldorado descapotable de 1959.

La Ruta 66 a su paso por Amboy, California (fuente)

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El puente sobre el Estrecho de Bering, la utopía de las infraestructuras.

Faro, Portugal. Algún momento del futuro. En una rotonda a las afueras de la ciudad, un coche eléctrico autónomo deja paso a uno de las viejas tartanas a gasoil manejadas por seres humanos que todavía circulan por las carreteras del país. En la rotonda, unos carteles indican las distancias a ciudades portuguesas y españolas. Huelva, 111 km. Lisboa, 278 km. Porto, 549 kilómetros. Madrid, 719 km. Sin embargo un letrero recién instalado destaca sobremanera sobre los demás en tamaño, pero también en la capacidad de provocar sorpresa y admiración a los conductores y pasajeros. Reza así: Nova Iorque (EUA), 24.375 km.

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La última parada: las evanescentes áreas de descanso de las carreteras de EE.UU.

El viaje por carretera ocupa un lugar central dentro de la cultura popular norteamericana en el siglo XX. Como rito de paso al superar la adolescencia, por trabajo o simplemente como puro esparcimiento, desde los años cincuenta en adelante recorrer las inmensas distancias que cubren las carreteras de EE.UU. se convirtió en costumbre y a veces necesidad. A ello contribuyó mucho la creación del Sistema Interestatal de Carreteras impulsada por el presidente Eisenhower. Con las carreteras y los viajeros aparecieron algunos de los elementos más reconocibles de la cultura de carretera norteamericana: moteles, cafeterías, estaciones de servicio y, claro, áreas de descanso.

Organ, Nuevo México

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Cómo conducir tu coche sobre el agua

En este blog hemos hablado muchas veces de carreteras. Hemos recorrido caminos letales en Bolivia, avistado solitarias lenguas de asfalto en China o Argelia, hollado senderos infinitos en la vastedad inmensa del norte de Canadá y, por supuesto, hemos jadeado sedientos en los agrietados y resecos caminos australianos. También visitamos toda la longitud de la Nacional 340, la carretera más larga de España, en una serie de entradas igual de larga. Sirva esta introducción pletórica de autobombo y enlaces a mi propio blog para demostrar mi afición a los caminos y al asfalto. Ahora bien, hasta ahora nunca habíamos encontrado una carretera sobre el agua. Hemos cruzado algún puente sobre ella, pero siempre como algo accesorio, accidental, porque no hay más remedio. Lo que hoy vamos a ver son carreteras en las que el agua no es un accidente, sino el camino. No os abrochéis los cinturones para este viaje, las autoridades aconsejan no hacerlo. Por si nos hundimos.

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Este puente siguiendo el curso de un río existe, está en China y mide cuatro kilómetros de largo. Pero no es de puentes de lo que vamos a hablar hoy

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Irse a Tomar por Culo. Definición geográfica

Y no, no es una coña

A tomar por culo ya



Lo ví en el Tuíter de @Proscojoncio y no pude resistirme. Ahora podéis indicarle a alguien vuestro radical desacuerdo con una elegancia y una precisión geográfica exquisitas. También disponible su versión menos malsonante: A Tomar por Saco.

Previamente, en Fronteras: Ir de Repente a Kagar, y 25 pueblos que deberían cambiar de nombre pero ya (Quince aquí y diez más acá)

N-340, la carretera más larga de España (y III)

(Si no has leído las anteriores entregas aquí las tienes: Parte 1 (Puerto Real-Huércal Overa) y parte 2 (Puerto Lumbreras-Vinaroz) 

Nos estamos acercando al final de este viaje que empezamos hace más de mil kilómetros. Puerto Real, nuestro kilómetro cero, parece estar tan lejano que ya se ha difuminado en nuestra memoria. Atrás hemos dejado ocho provincias, más de cien pueblos, docenas de puentes y túneles, y un enorme pedazo de la historia reciente de España. Pero todavía queda camino. No sabemos si eso es bueno o malo. Comparar la Nacional 340 (léase tres-cuarenta) con la Ruta 66 norteamericana es una tentación enorme, pero lo cierto es que la 66 es una carretera que se disfruta, mientras que la 340, a estas alturas, mayormente se sufre. Docenas de vehículos la atraviesan cada minuto, hasta veinte mil al día en algunas épocas del año. Un porcentaje elevadísimo de ellos, camiones. Pero no vamos a renunciar a nuestro viaje. Queremos concluir el viaje más largo, llegar al final del camino, hollar completa la tres cuarenta, la carretera más larga.

N340-Roda

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Nacional 340, la carretera más larga de España (segunda parte)

Habíamos dejado a la 340 (léase tres-cuarenta) entrando en la provincia y autonomía de Murcia. El tránsito de la vieja cinta de asfalto por la región murciana abarca poco más de un centenar de kilómetros, mayormente como vía auxiliar a la A-7: la numeración «340» se conserva para los accesos desde la moderna y funcional autopista desde y hasta los pueblos y ciudades del camino. La vieja carretera discurre entre campos y huertos, polígonos industriales, palmerales y ocasionales viñedos. Concesionarios de coches, restaurantes para trabajadores, naves y almacenes escoltan a la que otrora fuera una de las dos principales vías de comunicación en la región de Murcia.

N340 Cartel

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Nacional 340, la carretera más larga de España

N340Mapa

Antes de que en España tuviéramos autovías como para dar y regalar y no hubiera pueblo mediano sin su circunvalación de tres carriles por sentido, el tráfico interurbano se desarrollaba de forma casi íntegra en las llamadas nacionales, carreteras de un carril por sentido que atravesaban pueblos y ciudades, repletas de camiones y peligros. Yo mismo crecí en una España en la que para ir de la primera a la tercera ciudad del país había que recorrerse cientos de kilómetros de carretera convencional, con sus hileras de camiones, sus adelantamientos suicidas, sus whiskerías en los márgenes y sus papá cuándo llegamos. Las carreteras nacionales, herederas de las calzadas romanas y de los caminos reales de los siglos XVII al XIX, atravesaban el corazón de los pueblos de punta a punta, bajo los tendederos con ropa secándose al sol, frente a las sillas de los ancianos que charlaban en la calle a la fresca, junto a las plazas donde los niños jugaban. No en vano, lo que originalmente circulaba por ellas eran carretas, de ahí su nombre. Sin embargo, en la era del coche a motor las carreteras generales convertían el cruce de la calle mayor en un deporte de riesgo.

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La Nacional 340 (léase tres-cuarenta) fue la quintaesencia de la carretera nacional, por varias razones. En la España del desarrollismo, hace medio siglo, cuando el surgimiento de las clases medias permitió a las familias tomarse una o dos semanas de vacaciones al año y salir de la ciudad para disfrutarlas, millones de personas acudían cada año al cálido Mediterráneo desde cualquier parte de país. Así, pueblitos y barrios de pescadores como Torrevieja, Marbella o Motril se convierten en potentísimos destinos turísticos, que en apenas una década duplican o triplican su población (y todavía más durante el verano) y acogen a las primeras oleadas de turistas extranjeros que cambiarán la fisonomía y la mentalidad del país.

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Marbella, antes y después del boom del turismo en España (fuente)

La 340 también fue la carretera a través de la que los migrantes andaluces abandonaron su tierra camino de la industrial Cataluña en las primeras dos décadas y media del franquismo y a través de la cual volvían a sus lugares de origen en verano (las vacaciones en el pueblo). Y todos ellos, migrantes, turistas, extranjeros amantes de lo exótico, en algún momento, acababan recorriendo algún tramo de los 1.248 kilómetros de la Nacional 340. Cuatro comunidades autónomas, diez provincias y 147 pueblos y ciudades contemplan a la que algunos denominan «La Ruta 66 española». Abrochaos los cinturones que salimos.

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Kilómetro 1.000 de la N-340 a su paso por la provincia de Castellón – Fuente

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Las carreteras más solitarias de la Tierra (segunda parte)

Para leer la primera parte, pincha aquí.

5.- La carretera Transamazónica, Brasil. Canadá tiene su Norte, Australia su Outback y Brasil (que es el quinto país más grande del mundo), su Amazonas. La Rodovía Transamazónica, su nombre en portugués, discurre desde la ciudad de Joao Pessoa, en la costa brasileira, hasta el pueblo de Lábrea, en las profundidades del gigantesco estado de Amazonas, a lo largo de más de cuatro mil kilómetros de asfalto, barro y  jungla. Ideada en los años setenta como una carretera completamente asfaltada, los enormes costes de construcción y lo remoto de su trazado llevaron a abandonar la idea original y a construir la BR-230 (su nombre oficial) en forma de camino de tierra en casi toda su extensión. Posteriormente gran parte de ella ha sido pavimentada, y actualmente hay tramos de cientos de kilómetros en proceso de conversión en carretera asfaltada. Algunos de los estados que recorre (Amazonas, Pará, Tocantins) se encuentran entre los menos densamente poblados de Brasil, por lo que se encuentran franjas de carretera de cientos de kilómetros sin apenas pueblos o infraestructuras, sólo selva. La parte final de la vía (los últimos mil y pico kilómetros) permanece totalmente sin asfaltar, lo que dificulta o incluso impide la circulación en la época de lluvias (de octubre a marzo) y convierte la carretera en un circuito de resistencia plagado de baches, hoyos y agujeros capaz de desguazar los amortiguadores de cualquier vehículo. La carretera se completará con un último tramo hasta de casi mil kilómetros hasta el pueblo de Benjamin Constant, en la frontera con Perú.

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