Libros – Viajes con Charley

Viajes con Charley. En busca de América. John Steinbeck. Traducción de José Manuel Álvarez Florez. Península, Barcelona, 1998.

Cuando yo era muy joven y tenía dentro esa ansia de estar en otro sitio, las personas mayores me aseguraban que al hacerme mayor se me curaría este prurito. Cuando los años me calificaron de mayor, el remedio prescrito fue la edad madura. En la edad madura se me aseguró que con unos años más se aliviaría mi fiebre, y ahora que tengo cincuenta y ocho, tal vez la senilidad realice la tarea.

Así comienza el prólogo de este libro de viajes escrito por el autor de, entre otras cosas, Las uvas de la ira o La perla. El ansia de estar lejos-de-aquí es una enfermedad bastante incurable, que la mayoría padecemos, en mayor o menor medida. En 1962, a John Steinbeck, a los 58 años, el cuerpo le pidió recorrerse su país, Estados Unidos, de punta a punta. A lo largo de tres meses recorrió dieciséis mil kilómetros por carreteras secundarias de treinta y cuatro estados con Charley, un caniche francés, y Rocinante, la autocaravana que compró para la ocasión y que llevaba su nombre en un costado escrito con caligrafía española del siglo XVI. Según cuenta, durante todo ese tiempo nadie le reconoció ni una sola vez.

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La última frontera de la Guerra Fría (I)

Oficialmente, la Guerra Fría terminó el 26 de diciembre de 1991. Ese día, el Soviet Supremo de la URSS reconoció públicamente que la Unión Soviética había dejado de existir, disolviéndose en dieciséis repúblicas independientes. Mijail Gorbachov había dimitido de su cargo un día antes, y a principios de mes casi todas las repúblicas soviéticas habían pactado la formación de la Comunidad de Estados Independientes. Pero la Guerra Fría había tenido muchos episodios calientes, que habían dejado su rastro por todo el mundo. El último frente de la Guerra Fría aún abierto no es otro que Corea.

La imagen de la cabecera de este blog está tomada en la frontera entre las dos Coreas. Esa frontera es posiblemente una de las más difíciles de cruzar del mundo. Defendida en ambos lados por cientos de miles de soldados y una cantidad aún superior de minas, separa dos mundos completamente diferentes, la próspera y dinámica Corea del Sur y la paupérrima, oscura y cerrada Corea del Norte.

Vista satelital nocturna de la Península de Corea. El norte, exceptuando la ciudad de Pyonyiang, permanece prácticamente a oscuras, en contraste con el iluminadísimo sur. La enorme mancha de luz cercana a la frontera es Seúl.

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La soledad del corredor de fondo

Siempre he pensado que los maratonianos están hechos de otra pasta distinta a la del resto de los mortales. Uno, que se asfixia cada vez que tiene que correr para que el autobús no se escape, y que se agota subiendo cuatro pisos de escaleras, se echa a temblar cuando piensa en 42 kilómetros, uno detrás de otro, de asfalto. Pero se me ocurre algo peor. Que la carrera no sea sobre asfalto, sino sobre tierra, nieve, hielo o arena del desierto. Y que además no sea de 42 kilómetros y pico, sino de 50. O de 75. O de 100. Hoy daremos un garbeo por las carreras más duras, extrañas y exóticas del mundo.

Una de las carreras más duras imaginables es la maratón de montaña. A la longitud del recorrido se añaden los enormes desniveles a salvar a lo largo de la carrera. En el pico más alto de Europa se disputa la Maratón del Mont Blanc, una carrera en la que los participantes deben salvar un desnivel de más de mil metros… dos veces. El recorrido pasa cerca del trifinium entre Suiza, Francia e Italia, por cierto. El récord de la carrera está por encima de las tres horas (la mejor marca en la maratón tradicional está muy poco por encima de las dos). Pero tanto mérito o más que los que acaban primeros tienen los que acaban como farolillo rojo. El año pasado los dos últimos en llegar a la meta fueron Peter y Moira Reed, dos británicos que terminaron la prueba en 8 horas y 40 minutos. Pero llegaron.

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La escala del mundo

El primer contacto de la mayoría de los niños con la vastedad del planeta Tierra suele ser un mapamundi sobre la pared del aula escolar. A través de esos mapas, los críos más curiosos pueden descubrir dónde están ciudades como Nueva York, el tamaño de países como Rusia, y, también, en el caso español, que nuestro país está en el centro del mundo mundial (cosas de que el meridiano de Greenwich pase por la Nacional II). Ya tendrá tiempo de desilusionarse al respecto. Los mapas que veía en los libros de texto y en las paredes de mi clase cuando era crío tenían algo raro. Yo sabía que Groenlandia era mucho más pequeña que Australia, pero en esos mapamundis la isla ártica aparecía bastante más grande que el continente australiano. El problema es, simplemente, que es imposible representar fielmente una superficie esférica, como la de la Tierra, en una rectangular.

La proyección más usada en los mapas es la Mercator, en la que está basada el mapa sobre estas líneas. Toma su nombre de Gerardo Mercator, un cartógrafo belga que vivió en el siglo XVI.El problema de cualquier mapa es que es matemáticamente imposible representar fielmente una superficie esférica sobre una plana. Cualquier mapa debería respetar dos medidas; el área, y los ángulos, es decir, las formas de los continentes. Pero, como decían en el anuncio de Kinder Sorpresa, no puede ser, son tres deseos. Uno se puede intentar aproximar, pero nada más.

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Sobre vuelos muy largos, muy cortos, y viajes en el tiempo

Desde que los hermanos Wright consiguieron levantar del suelo una máquina más pesada que el aire hasta que que se programó el primer vuelo regular de la historia pasaron 11 años, los que van de 1903 a 1914. El 1 de enero de ese año, un hidroavión llamado Safety First (La seguridad, lo primero), pilotado por Tony Jannus, y con un solo pasajero, Abraham C. Pheil, voló entre San Petersburgo y Tampa, dos ciudades del estado de Florida. El señor Pheil pagó 400 dólares de la época por ser el primer pasajero de una línea aérea regular. La línea duró cuato meses, con unas tarifas de 5 dólares por trayecto, y dos vuelos diarios de ida y vuelta. El trayecto de 35 kilómetros se cubría en veinte minutos. En total se transportaron 1.204 pasajeros, sin un solo incidente.

Jannus y Pheil posan ante el primer avión que realizó vuelos comerciales, en 1914.

Mucho ha llovido desde entonces. A día de hoy las distintas líneas aéreas operan más de setenta mil vuelos diarios en todo el mundo, que transportan a más de seis millones de pasajeros de media. En poco más de veinticuatro horas se puede alcanzar tranquilamente el otro extremo del mundo, si bien no existe ningún vuelo sin escalas tan largo. ¿Y cuál es el vuelo sin escalas más largo del mundo? A ello íbamos.

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Lugares que no existen: Puntlandia, Maakhir, Galmudug (Somalia, y III)

Puntlandia, estado autónomo dentro de la nada

El secuestro de un atunero español en aguas técnicamente somalíes a manos de piratas de esa nacionalidad ha traído a las páginas de la prensa española a Puntland, o Puntlandia, y su situación política algo sui generis.

Puntlandia es, tras Somalilandia, el estado surgido de las cenizas de Somalia más antiguo y extenso. Se encuentra situado en la esquina noreste del territorio somalí, fronterizo con todas las entidades políticas del país. Al igual que Somalilandia, su territorio está demarcado por un clan dominante, que declaró la independencia de su región poco después que sus vecinos somalilandeses, con el nombre de República de Majerteen. La cosa no pasó de ser una boutade durante varios años, en los que la anarquía, como en casi toda Somalia, fue la única forma de (des)gobierno.

En 1998, finalmente, se proclamó el nacimiento de Puntlandia, definido como un «estado autónomo dentro de Somalia». Dado que entonces no existía nada ni siquiera remotamente parecido a un gobierno somalí, lo cierto es que esa definición era, en la práctica, una declaración de independencia. Si no hay nada dentro de lo que estar, es que estás fuera.

Un edificio oficial en Garowe, con la bandera somalí en el mástil.

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Lugares que no existen – Somalilandia (Somalia, II)

Los quince años de guerra civil que han destruido por completo el estado somalí han dejado un reguero de estados de facto, repúblicas autónomas y tierras de nadie en las que nadie exige pasaporte para entrar… ni se dan garantías de poder salir. Sólo hay una zona relativamente segura y con cierto potencial de crecimiento: Somalilandia.

Bandera de SomalilandiaSomalilandia es el más antiguo y sólido de los estados somalíes. Con, aproximadamente, tres millones de habitantes, está situado al noroeste del territorio somalí, limítrofe con Yibuti. Su primera experiencia como nación independiente duró apenas cinco días, del 26 de junio al 1 de julio de 1960. Hasta la primera de esas fechas, el Cuerno de África estaba dividido entre las Somalilandias francesa, inglesa e italiana. Los territorios británico e italiano se unieron para formar Somalia, mientras que la colonia francesa se convirtió en Yibuti. El efímero primer ministro de la Somalilandia independiente llegó a ostentar el mismo cargo en la Somalia unida, pero fue depuesto por el golpe de estado que encumbró a Siad Barre en 1969.

Situación de Somalilandia con respecto a Somalia en el Cuerno de África.

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Lugares que no existen – Somalia (I)

Las entradas anteriores sobre lugares inexistentes se referían a países independientes que, por distintas causas, no eran reconocidos por la mayoría de la comunidad internacional, caso de Taiwán, o directamente no aparecían en los mapas, caso de Transnistria. Somalia es el caso inverso. Está reconocida por la ONU y tiene un asiento en la Asamblea General, aparece en todos los mapas y es universalmente conocida, pero no existe en el mundo real. El territorio que la comunidad internacional le reconoce a Somalia está partido en varios países independientes y repúblicas autónomas, controladas por gobiernos locales, además de extensas áreas regidas por distintos clanes donde ninguna entidad reconocida tiene el control. En gran parte del país el sistema de gobierno es la ausencia de él. La anarquía. Hasta hace poco más de un año el territorio que controlaba el estado somalí reconocido por el mundo se reducía a una sola ciudad, Baidoa. El resto eran repúblicas independientes de facto, zonas de batalla o territorios bajo control de los señores de la guerra.

Dentro del territorio somalí podemos encontrar, por lo menos, cinco estados independientes de facto; uno la propia República Somalí; dos más que reconocen una autoridad en el gobierno de Mogadiscio, pero que en el día a día no dependen en absoluto de nadie (Puntland y Galmudug); un cuarto que, directamente, proclamó su independencia en 1991 (Somalilandia), y que permanece desde entonces como un país independiente no reconocido por absolutamente nadie, y también un quinto estado (Maakhir) que, si bien no ha proclamado su independencia nunca, es independiente a la fuerza, al no ser reconocido por el gobierno oficial somalí como parte del país. Además de estas entidades hay extensas tierras de nadie donde entrar es un suicidio, controladas por señores de la guerra o radicales islámicos.

Mapa de Somalia a principios de este mes (click para ampliar). En azul, las zonas controladas por el Gobierno de Transición o que reconocen autoridad en él; en amarillo las zonas controladas por clanes y señores de la guerra. En gris, claro territorios autónomos, neutrales o no alineados; en gris oscuro, las zonas donde resisten las milicias islámicas. Y en naranja, Somalilandia.

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Libros: Viajar por el mundo/Ciudades del mundo

Viajar por el mundo/Ciudades del Mundo. VV.AA. Geoplaneta, Barcelona, 2007.

De un tiempo a esta parte, quizá coincidiendo con el auge de las compañías aéreas low cost, han aparecido en el mercado varios libros de gran formato que recorren en sus páginas un número determinado de lugares de interés pasando, eso sí, un poco por encima de cada uno de ellos. Son, básicamente, contenedores de información, o casi fichas técnicas, de islas, lugares, monumentos o rarezas de nuestro planeta. O sea, una auténtica gozada para gente como yo.

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Poniéndole puertas al campo

El tamaño de las cosas es relativo. En España, y en la mayor parte de Europa, el pueblo de al lado es una localidad cercana, a la que se podría ir dando un paseíto en una agradable tarde primaveral. En Australia las cosas no son tan sencillas. Dos tercios de los casi ocho millones de kilómetros cuadrados del país son puro desierto (el Outback), y entre un pueblo y el de al lado puede haber cosa de cien kilómetros, si no más. Los términos municipales más grandes de España son los de Cáceres y Lorca (Murcia), con casi 1.800 km² el primero y más de 1.600 el segundo. Por comparar, el término municipal de Kalgoorlie, en Australia Occidental, tiene 95.000 kilómetros cuadrados de superficie (es algo más grande que Portugal) y Mount Isa, en Queensland, 42.000 (más o menos como Estonia o Dinamarca). Kalgoorlie es más grande que 90 países miembros de la ONU. En Australia hay unos 2.500 pueblos y ciudades en algo menos de ocho millones de km². Tocan a más de 3.000 km² de media. Para hacerse una idea, en España la superficie media es de menos de 70 km². En Australia las cosas son grandes.

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