Conduciendo por el lado equivocado (y II)

Primera parte, aquí.

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Logotipo del Dagen H

Los últimos cambios de sentido de circulación que se han producido en el mundo fueron realizados entre los años 60 y 70 del siglo pasado. El último país continental Europeo en pasarse a la circulación por la derecha fue Suecia, en una fecha tan tardía como 1967. Concretamente el 3 de septiembre de 1967, que en el país báltico se conoce desde entonces como Dagen H (el día H), siendo la H una brutal abreviatura de Högertrafikomläggningen, que viene a significar (en traducción no ya libre, sino libertina) algo así como el cachondeíto de la circulación por la derecha. Las razones suecas para el cambio fueron fundamentalmente dos; en primer lugar la mayor parte de los vehículos que circulaban en el país tenían el volante a la izquierda, lo que provocaba no pocos accidentes al girar o adelantar en carreteras de un solo carril por sentido (la mayoría, en un país con una densidad de población tan baja), y en segundo lugar que sus vecinos, con los que comparte varios miles de kilómetros de fronteras en su mayor parte sin guardias, ya circulaban por la derecha. El gobierno sometió al veredicto popular la medida, y la respuesta fue clara y contundente: un 82,9% de rechazo. Consecuentemente, la medida fue aprobada.

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Libros: Estampas bostonianas

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Estampas Bostonianas y otros viajes. Rosa Montero. Ed. Península, Barcelona, 2002.

Rosa Montero (Madrid, 1951) decidió ser periodista a los quince años porque anhelaba viajar y pensó que como periodista podría hacerlo muy a menudo. A juzgar por este libro, no se equivocó con su decisión. Estampas bostonianas presenta varios reportajes publicados en el diario El País a lo largo de más de dos décadas, desde 1979 a 2002. Irak, Estados Unidos, el norte de Canadá o el Outback australiano son algunos de los lugares que nos presenta en esta serie de reportajes.

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Conduciendo por el lado equivocado

Cuenta una famosa anécdota/leyenda urbana que en cierta ocasión un temporal bloqueó todas las comunicaciones entre Gran Bretaña y el resto del continente europeo. Un diario isleño tituló al día siguiente «El continente ha quedado aislado».  Probablemente falsa, la anécdota refleja cierto ombliguismo británico. Aplicando la misma vara de medir, todos los europeos (exceptuando los británicos, irlandeses y pocos más) conducimos por el lado equivocado de la carretera, el derecho. Pero ¿por qué en unos países se conduce por un sitio y en otros en el contrario? La respuesta, como en tantas ocasiones, hay que desenterrarla del pasado más remoto.

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Mapamundi (click para ampliar) con los países cuya circulación se realiza por el lado derecho de la calzada (verde) y por el izquierdo (rojo). Así visto, parece talmente un mapa del Imperio Británico, y mucho de eso hay, pero no sólo. Mapa tomado de aquí.

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La inevitable entrada del primer aniversario

Gabriel García Márquez dijo en una ocasión que «Escribo para que me quieran», y todo bloguero que haya instalado un contador de visitas sabe hasta que punto esa frase es cierta. En días como hoy aún más, y es que con treinta y nueve días de retraso llega a Fronteras el segundo cumpleaños de cualquier bloguero, en el que recibe felicitaciones,  palmadas en la espalda y elogios de gente que no conoce. Algo parecido a lo que ocurre en el Facebook.

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Mi señal de tráfico favorita

Fronteras nació el 7 de enero del año pasado fruto de la lectura compulsiva de la Wikipedia en inglés durante las fiestas navideñas. Vivía solo y tenía dos cosas muy importantes para cualquier bloguero que se precie, una conexión de ADSL e insomnio. Con esas dos armas pasé horas leyendo todo tipo de datos chorras y absolutamente innecesarios sobre cantidad de cosas, pero especialmente sobre Geografía. Me enteré así, por ejemplo, de que el nombre completo de Bangkok, capital de Tailandia, es Krungthepmahanakhon Amonrattanakosin Mahintharayutthaya Mahadilokphop Noppharatratchathaniburirom Udomratchaniwetmahasathan Amonphimanawatansathit Sakkathattiyawitsanukamprasit, que en castellano quiere decir «Si es pa’l Domund, ya he dao». De todo lo que leí lo que más me asombró es encontrar cachos de unos países en otros (técnicamente se llaman exclaves, pero se entiende mejor de la otra manera) y naciones enteras que, sencillamente, no existían para nadie. Y así comenzó a gestarse la idea de un blog dedicado a esa clase de cosas.

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Iconos de la carretera (II)

Decíamos ayer…

Aunque el viaje de placer por carretera (algo que a muchos les parece un oxímoron) es una tradición norteamericana, lo cierto es que hace ya décadas que en Europa es muy común. El continente europeo tiene un tamaño parecido al de los Estados Unidos, con la diferencia de que sus «Estados» son nuestros países. Entre Barcelona y Cabo Norte (el punto supuestamente más al norte de la Europa continental*) hay aproximadamente la misma distancia que entre Nueva York y San Francisco, por poner un ejemplo, y no son pocos los que al cabo del año recorren distancias semejantes por el puro placer de estar en la carretera.

*Cabo Norte o Nordkapp es, además de un accidente geográfico, un pueblo noruego, más de quinientos kilómetros al norte del Círculo Polar. El cabo se menciona casi siempre como el punto más al norte de la Europa continental, pero es falso. A pocas decenas de kilómetros al oeste se encuentra el cabo Knivskjellodden, que llega unos 1.500 metros más al norte que el más popular Nordkapp, como se puede comprobar en los mapas del fantástico sitio de Jan Krogh.

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Red de Carreteras Europeas

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Un trozo de España en Francia

Y cero.

Si uno coge un mapa de España corriente y moliente y observa detenidamente la frontera con Francia probablemente no verá nada extraño, salvo Andorra. Si ampliamos el tamaño del mapa (ojo, 2 Mb de jpg), quizá podamos empezar a notar que la raya fronteriza realiza un quiebro extraño en la provincia de Gerona. Quizá entonces busquemos un mapa de Cataluña para averiguar de qué se trata, y será en ese momento cuando detectemos una silueta con forma de habichuela rodeada de territorio francés. Es posible que alguno se sorprenda, como el que mandó la «noticia» a menéame entre signos de exclamación. Pero es cierto. Hay un trozo de España rodeado completamente por Francia. Se trata de Llivia, una pequeña localidad de poco más de 1.500 habitantes, el único enclave de España en el extranjero.

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Llivia en Google Maps (click para ampliar).

La leyenda dice que Llívia fue fundada por el mismísimo Hércules, responsable de la creación de la mitad de las ciudades de España, si hacemos caso al mito (se le atribuyen, entre otras, las fundaciones de Barcelona, Mérida, Sevilla, Cádiz o La Coruña). Lo cierto es que la zona donde se asienta el pueblo, la comarca histórica de La Cerdaña, lleva poblada cosa de cinco milenios, siglo arriba o abajo, y que existe constancia documental de que Llivia fue la capital del Condado de la Cerdaña al menos desde el año 815 de nuestra era. Pero hay dos fechas que marcan claramente la historia local de este bello pueblo pirenaico, y son el 12 de junio de 1528 y el 12 de noviembre de 1660. La primera fecha marca la concesión de unos derechos que se revelarían cruciales por parte  de Carlos I de España, la segunda, la transformación de la localidad en un enclave.

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Diez, nueve, ocho, siete, seis…

…cinco…

…cuatro…

…tres…

…dos…

…uno…


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Esperando en la frontera

Los lectores más habituales se habrán percatado, sagaces ellos, de que Fronteras lleva casi un mes sin actualizarse. Afortunadamente para mí, y desafortunadamente para el nivel de la blogocosa hispana, no he fallecido, ni tampoco he abandonado el blog a su suerte. Una serie de circunstancias, entre las cuales están las vacaciones navideñas y, sobre todo, una mudanza, me han impedido conectarme como es debido a Internet, y, por tanto, bloguear en mis ratos libres. Ratos de los que, dicho sea de paso, ahora mismo carezco, aunque espero que eso se solucione más pronto que tarde.

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Un partidillo de voleibol en la frontera entre México y Estados Unidos. Quién pillara ahora ese solazo.

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Iconos de la carretera

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Los largos viajes por carretera por puro placer son un invento norteamericano. Hay docenas de canciones, películas y novelas sobre el tema. Desde Viajes con Charley a Easy rider, el individualismo de los estadounidenses se ha manifestado a bordo de dos o cuatro ruedas durante mucho tiempo. Pero Estados Unidos, comparado con cualquier país europeo, es una nación muy joven. La catedral de Colonia o la Grand Place de Bruselas tienen más historia en sus piedras que cualquier ciudad americana. No se trata de la habitual condescendencia y presunta superioridad europea con los malvados yanquis, sino simplemente de la constatación de un hecho. Por esta razón, sus referencias a la hora de viajar suelen ser de otro tipo. Paisajísticas y urbanas, pero, sobre todo, frikis. El monte Rushmore, su hermanastro el monumento a Caballo Loco, o la misma ciudad de Las Vegas (y en general todo el estado de Nevada) son un par de ejemplos evidentes de lo kitsch que pueden llegar a ser. El extenso territorio estadounidense está plagado de obras de arte pop que reflejan el carácter americano, no tanto por su mera existencia, sino por su categoría de iconos de la carretera. Hoy veremos unos cuantos de ellos.

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Cuando Estados Unidos quiso comprar Groenlandia

En 1867 los Estados Unidos compraron al Imperio Ruso el territorio americano que estos poseían al noroeste del continente. En su momento se convirtió en un territorio de la Unión, al que se llamó Alaska, palabra que procedía del aleutiano Alaxsxaq, que venía a significar algo así como «la tierra contra la que se dirige la acción del mar». El precio pagado por el millón y medio de kilómetros cuadrados de territorio fue de 7,2 millones de dólares. Desde el punto de vista actual, y teniendo en cuenta los enormes recursos petrolíferos descubiertos allí, lo podemos considerar una auténtica ganga, pero en su momento la compra provocó cierta polémica en la prensa de la época; algunos comentaristas consideraban que comprar una región tan remota e inaccesible, y además separada por varios miles de kilómetros del resto del país era absurdo. A Alaska se le dio el sobrenombre de «la nevera de Seward» (por William Seward, secretario de Estado que impulsó la compra) o «el jardín de osos polares de Andrew Jonhnson«, entonces presidente de los EE.UU.

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Cheque utilizado para pagar la compra de Alaska (click para ampliar; la imagen pesa 4 megas, así que ojito con las conexiones lentas).

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