Las fascinantes cartas náuticas de ramas de las Islas Marshall

Las primeras embarcaciones creadas por el ser humano probablemente fueron precarias balsas de madera botadas en los ríos Tigris y Eúfrates hará unos diez mil años. Durante los siguientes noventa siglos la navegación fue mejorando muy lentamente, sin alejarse nunca de la costa, hasta que los navegantes fenicios decidieron salir a mar abierto guiándose por la posición del sol y las estrellas. Sin embargo, y hasta milenio y medio más tarde, cuando comenzó la era de los descubrimientos, casi toda la navegación comercial y de guerra siguió siendo de cabotaje, al menos en Europa. Entre dos puertos cualesquiera del Mediterráneo siempre había una costa que seguir. Pero en otros lugares del mundo la cosa no era tan sencilla. En lo que hoy llamamos región de Micronesia no existía una costa que sirviera de guía y ancla entre un puerto y el más cercano, sino que estaban separados por decenas, cuando no cientos de kilómetros de alta mar; los treinta atolones de las Islas Marshall se extienden por dos millones de kilómetros cuadrados de mar, casi la superficie del Mediterráneo, pero con apenas un par de cientos de kilómetros de costa. Sin los instrumentos que se usaban en el Mediterráneo desde la antigüedad y hasta la edad moderna (astrolabios, cuadrantes, brújulas, cosas así), y sin cartas náuticas, ¿cómo se las apañaron para viajar de una isla a otra y mantener el comercio y el intercambio durante milenios? La respuesta o al menos parte de ella está hecha de pequeños palos de madera y conchas. Los mapas de ramas de las Islas Marshall.

Carta náutica heha con palitos y conchas marinas (National Geographic)

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El avion que chocó en el aire con un pez

El 30 de marzo de 1987 un Boeing 737 de Alaska Airlines despegó del aeropuerto de Juneau con destino a Yakutat, la primera de una serie de paradas por el Panhandle del estado antes de finalizar en Anchorage. Al poco de despegar, y a unos 275 kilómetros por hora, Bill Morin y Bill Johnsn, los dos pilotos, vieron como un enorme pez se abalanzaba sobre el morro del avión. Un salmón de medio metro impactó contra la aeronave y quedó instantáneamente reducido a pequeños trozos, o como dijeron los propios pilotos, “sushi de parabrisas”. ¿Cómo es posible que un pescado llegue tan alto? El misterio en realidad tardó muy poco en resolverse

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Visualizando la distorsión de la proyección de Mercator con una naranja

A estas alturas cualquier persona que tenga cierta idea de mapas conoce el funcionamiento de la proyección de Mercator y los problemas de distorsión que presenta según el mapa se acerca a los polos, o se aleja del Ecuador, que viene a ser lo mismo. La mayor parte de los mapas on line usan una variante de esa misma proyección llamada Web Mercator, que Google creó en 2005 para sus mapas y siguió utilizando hasta el año pasado. Web Mercator tiene algo que el original del siglo XV no tenía por razones obvias: el zoom. En los mapas de la web es posible hacer zoom, y cada nivel de zoom crea nuevas divisiones en el mapa. En el nivel 0, por ejemplo, hay una única división: el mundo entero. Bueno, no entero, porque Web Mercator no registra, por ser irrelevante y matemáticamente un infierno, los territorios más allá de los paralelos 85 Norte y Sur, pero casi. En el nivel 1 de zoom, el mundo se divide en cuatro cuadrantes, que son 16 en el 2 y 64 en el nivel 3. Cada cuadrante se representa del mismo tamaño, pero como ya sabemos, la distorsión de Mercator hace que el área representada en el mapa sea mucho menor cerca de los polos que cerca del Ecuador. ¿Cómo visualizar algo así? El urbanista y cartógrafo Chris Wong ha encontrado una manera curiosa: usando la piel de una naranja.

 

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2141, el año en que España ganó la III Guerra Mundial… en Tuíter

Una gran parte del Tuíter español ha pasado las últimas semanas haciendo bromas, chistes, memes y comentarios absurdos de todo tipo alrededor de las andanzas del World War Bot, una cuenta de Tuíter (de hecho, una página de Facebook) que simula una supuesta guerra mundial en la que todos los países se enfrentan contra todos. El funcionamiento es sencillo: un algoritmo escoge un territorio de forma aleatoria cada hora y le otorga la conquista del más cercano que no esté bajo su control. Cuantos más territorios posee un país, por tanto, mayores son las probabilidades de que el algoritmo escoja uno que controle ya, y por tanto le permita conquistar uno nuevo. No hay batallas, sólo azar, y todos los territorios, de Rusia a Andorra y de Estados Unidos a las Pitcairn, tienen las mismas posibilidades al empezar. Pitcairn, de hecho, han sido los últimos en caer tras dominar gran parte de Oceanía durante gran parte del juego. Que, bueno, ni siquiera es un juego, es una línea de código que genera un número al azar, y ya. Pero que ha generado, también, una auténtica catarata de memes que nos han hecho reír durante semanas. El verano de 2019 será para el Tuíter peninsular el verano en el que España (o Españita) conquistó el mundo.

 

 

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Españita, Pitorreal y Anal Abajo: topónimos americanos reales que nos inspiran y nos hacen soñar

Cuentan las crónicas que en pleno franquismo se llevó a cabo en las cortes españolas un debate acerca del sistema educativo. El ministro José Solis, conocido como “la sonrisa del régimen” defendió allí su programa conocido “más gimnasia y menos latín”. En un momento dado se preguntó en voz alta para qué servía el latín, y la respuesta de un catedrático de universidad allí presente no se hizo esperar: “Por de pronto, señor ministro, para que a Su Señoría, que ha nacido en Cabra, le llamen egabrense y no otra cosa”. Igual que los romanos dejaron su impronta en la toponimia española los españoles hicieron lo propio en América. Y así por ejemplo encontramos un lugar en México con un nombre que recuerda que la madre patria es, por superficie, mucho más pequeña que sus antiguas colonias: Españita, en el estado de Tlaxcala. Y partiendo de este lugar con este maravilloso nombre nos vamos a recorrer el loco mundo de la toponimia americana.

La entrada de hoy no se publica aquí sino en Magnet, así que ya estáis tardando en volar para leerla allá. Pitorreal, Españita, Tetillas y otros lugares con nombres maravillosos. 

 

Chernóbil y el paso del tiempo

El fotógrafo canadiense David McMillan viajó por primera vez a la zona de exclusión de Chernóbil en 1994, según cuenta, influido por la lectura en su adolescencia de la novela post apocalíptica On the Beach, conocida en español como La hora final. Desde entonces hasta hoy ha regresado hasta 20 veces más a la zona para documentar los efectos del paso del tiempo en las ciudades y los territorios abandonados desde el accidente de 1986. Las fotografías del mismo lugar con años o incluso décadas de diferencia muestran cómo la fuerza devastadora del tiempo reduce todo a escombros y polvo hasta hacerlo irreconocible. Exactamente igual que nos sucederá a todos nosotros, con o sin radiación.

Coches de choque, 1994
Coches de choque, 2008

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La isla de la Unión. Cómo Argentina y Uruguay llegaron a tener una frontera seca en un enclave

Uno de los puestos de mayor responsabilidad en cualquier navío del siglo XVI era el de despensero. Su labor consistía en racionar las provisiones (alimentos, agua, vino) del buque en los viajes de larga distancia, de los que en aquella época España y Portugal enviaron unos cuantos alrededor del mundo. El 8 de octubre de 1515 el expedicionario Juan Díaz de Solis partió desde Sanlúcar de Barrameda con la intención de hallar un camino entre la Península Ibérica y las Islas Molucas rodeando el continente americano. Tras cruzar el Océano y llegar a las costas brasileñas emprendieron el viaje al sur. En febrero de 1616 llegaron al estuario del Río de la Plata, siendo los primeros europeos en alcanzar el lugar. Por esas fechas el despensero de la expedición murió de fiebres, escorbuto o cualquier otra de las mil causas que mataban a los marinos a puñados. Solís decidió desembarcar en la primera isla que encontró y darle al despensero cristiana sepultura. Ese despensero se llamaba Martín García y la isla donde fue enterrado lleva su nombre. En los siguientes cinco siglos la exigua superficie del islote concentró gran parte de las historias de Argentina y Uruguay y acabó convirtiéndose en una excepcionalidad geográfica y fronteriza de primer orden, en la que a una isla de un país acaba brotándole un apéndice que legalmente pertenece a otro país.

Martín García desde el aire. No toda la tierra que se ve en la fotografía es argentina

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