Los turistas que pasan por Mosta, en la isla de Malta, se quedan maravillados con su iglesia redonda, llamada, claro, la Rotonda de Mosta. La iglesia, auténticamente monumental por su tamaño, alberga una bomba nazi que cayó sobre el edificio sin detonar, y la expone para maravilla de curiosos y visitantes. Pero la bomba nazi no es lo más extraño que puede encontrarse en la ciudad. No muy lejos de allí, junto a la carretera principal, un concesionario de Subaru permanece cerrado desde los años 90, exponiendo vehículos descatalogados hace décadas. Nunca abre, nunca hay nadie dentro, pero los coches se conservan limpios, con los neumáticos inflados y sin apenas polvo sobre ellos. Son muchos misterios en uno.






