Las carreteras más solitarias de la Tierra (segunda parte)

Para leer la primera parte, pincha aquí.

5.- La carretera Transamazónica, Brasil. Canadá tiene su Norte, Australia su Outback y Brasil (que es el quinto país más grande del mundo), su Amazonas. La Rodovía Transamazónica, su nombre en portugués, discurre desde la ciudad de Joao Pessoa, en la costa brasileira, hasta el pueblo de Lábrea, en las profundidades del gigantesco estado de Amazonas, a lo largo de más de cuatro mil kilómetros de asfalto, barro y  jungla. Ideada en los años setenta como una carretera completamente asfaltada, los enormes costes de construcción y lo remoto de su trazado llevaron a abandonar la idea original y a construir la BR-230 (su nombre oficial) en forma de camino de tierra en casi toda su extensión. Posteriormente gran parte de ella ha sido pavimentada, y actualmente hay tramos de cientos de kilómetros en proceso de conversión en carretera asfaltada. Algunos de los estados que recorre (Amazonas, Pará, Tocantins) se encuentran entre los menos densamente poblados de Brasil, por lo que se encuentran franjas de carretera de cientos de kilómetros sin apenas pueblos o infraestructuras, sólo selva. La parte final de la vía (los últimos mil y pico kilómetros) permanece totalmente sin asfaltar, lo que dificulta o incluso impide la circulación en la época de lluvias (de octubre a marzo) y convierte la carretera en un circuito de resistencia plagado de baches, hoyos y agujeros capaz de desguazar los amortiguadores de cualquier vehículo. La carretera se completará con un último tramo hasta de casi mil kilómetros hasta el pueblo de Benjamin Constant, en la frontera con Perú.

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Las carreteras más solitarias de la Tierra (I)

El anuncio titulado «Mano«, de la agencia SCPF para BMW, es probablemente uno de los mejores y más recordados de la pasada década. Expresa perfectamente la idea de conducción placentera, tranquila, agradable, una conducción que se disfruta. Esa clase de conducción que no tenemos cada día, cuando normalmente subirse al coche significa atascos, semáforos, humos y, muchas veces, mal humor. Esa clase de conducción de la que se disfruta especialmente en carreteras con poco tráfico, donde cruzarse con otro viajero se celebra casi como un acontecimiento. Hoy, en Fronteras, las carreteras más solitarias de la Tierra (primera parte).

Death Valley

Carretera en el Valle de la Muerte, California (© Jim Dollar)

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La autopista de seis carriles que termina en mitad del campo

The road to nowhere. La auténtica y genuína (clic para ampliar)

Sí, amigos, una superautopista de seis carriles, con sus líneas pintadas, sus arcenes,  sus barreras de cemento en la mediana y su asfalto negro como el alma de Judas que acaba de forma abrupta y absurda en mitad de la nada. Eso es lo que aparece en la foto. Y no es porque las obras se hayan paralizado o porque la constructora se haya quedado sin fondos, la autopista es así. ¿Y por qué? Ahora lo veremos. La foto está tomada en Argelia, y lo que se ve es la Autoroute Est-Ouest, una autopista de 1.200 kilómetros de largo que discurre por todo el litoral argelino, y cuyos promotores proclaman como la mayor obra pública del mundo en ejecución.

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La Mano del Desierto

El desierto de Atacama es, probablemente, el lugar más seco del planeta. La media de lluvia de toda la región chilena de Antofagasta es de aproximadamente 1 litro por metro cuadrado al año, que es como decir nada. Hay puntos donde no llueve desde hace siglos, y muchas estaciones meteorológicas instaladas hace décadas que todavía están esperando su primera gota de lluvia. Es un lugar bastante extenso, desolado y apenas poblado. La Carretera Panamericana lo cruza de norte a sur, atravesando enormes zonas completamente deshabitadas, con tramos de doscientos kilómetros sin ningún lugar donde reponer fuerzas. En uno de esos tramos, a setenta y cinco kilómetros de la ciudad de Antofagasta, en mitad del desierto, encontramos una gigantesca mano, como si un gigante hubiera sido enterrado y apenas asomaran sus dedos.

La mano del desierto (clic para ampliar)

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Un Volkswagen Escarabajo en la Antártida

La carretera del Polo Sur (fuente)

A finales del año 2006 se terminó de construir la Carretera del Polo Sur, la única carretera existente en la Antártida; se trata de un camino de nieve compactada de 1.450 kilómetros de longitud que discurre entre la Estación de McMurdo (esa que tiene un cajero automático)  y la base Amundsen-Scott, en el polo Sur. La construcción de la pista facilitó la comunicación entre las dos bases americanas y el traslado de material, combustible y demás recursos que, de otra manera, habrían sido transportados por avión. Vehículos oruga especializados recorren toda la enorme longitud de la pista en aproximadamente 40 días a la ida y mucho menos tiempo a la vuelta. Pero mucho antes de la apertura de la carretera, la Antártida fue hollada por los neumáticos de uno de los mitos de la automoción del siglo XX: el Volkswagen Escarabajo.

El Escarabajo Rojo de la Antártida (fuente)

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Una Gran Duna Roja

Birdsville, en el estado australiano de Queensland, es uno de esos pueblos remotos, aislados, solitarios y, en general, muertos de asco tan típicos del Outback. Se encuentra situado justo junto a la frontera con Australia Meridional, a doscientos y pico kilómetros del pueblo más cercano. Un hotelito, una pista de aterrizaje, un bar y cien habitantes son todo lo que Birdsville tiene que ofrecer al ocasional visitante. Dicho visitante puede llegar por una de los caminos desérticos más largos del Outback, la llamada Birdsville Track, 517 kilómetros de polvoriento camino sin asfaltar. Según Google Maps, se tardan unas 16 horas en recorrer esa distancia, y Google Maps es extremadamente optimista. Una joyita de sitio. El condado de Diamantina, donde se asienta el pueblo, posee la espectacular cifra de 319 habitantes, repartidos en una extensión de 93.000 kilómetros cuadrados. Tocan a trescientos kilómetros cuadrados por barba. Birdsville se encuentra en el limite oriental del Desierto de Simpson, una región del tamaño de Uruguay (176.000 km²) completamente deshabitada. No existen carreteras que crucen el desierto, salvo precarios caminos abiertos en los años sesenta y setenta en la búsqueda de yacimientos de gas. Uno de esos caminos es el llamado French Line, una pista de arena de cuatrocientos kilómetros de longitud que cruza el desierto de este a oeste en la que no hay nada salvo espectaculares paisajes. Y dunas. Muchas dunas. Muchísimas dunas. Como mil doscientas dunas, que discurren de norte a sur en el desierto a lo largo de cientos de kilómetros y que permanecen estables gracias a la vegetación que crece en ellas. Desde Birdsville, la primera de todas es también la más alta. La duna llamada Nappanerica (no sé si hay muchas dunas en el mundo con nombre propio, la verdad), que debido a sus más de cuarenta metros de alto y su color rojizo es conocida como Big Red. La Gran Duna Roja.

Big Red, o Nappanerica. Una inmensa duna con nombre propio. (© Garry Schlatter, de Vision&Imagination; se puede ver más grande aquí)

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Iconos de la carretera: Mazinger Z en Tarragona

La historia la destapó hace ya años Fogonazos (aunque yo la leí por vez primera en el legendario blog de Javi Moya), haciéndose eco de un persistente rumor que circulaba por la Internet hispana. En un pueblo de la provincia de Tarragona, aproximadamente a 110 kilómetros de Barcelona, se encontraba un Mazinger Z de proporciones colosales, en mitad de una urbanización supuestamente abandonada. Inmediatamente la noticia corrió como la pólvora por todas las cuevas de otakus y frikis de todo pelaje, que acudieron en manada a visitar tan extraño lugar, que había pasado desapercibido durante décadas. Fronteras no iba a ser menos, así que ahí va la historia de este semidesconocido icono de las carreteras españolas.

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Cosas que hacer en Europa cuando estás muerto… de frío

Hay quienes dicen que llegada una edad es hora de asentar la cabeza. Decepcionémosles.

Ignacio Izquierdo. Crónicas de una cámara.

Supongamos que un bloguero cualquiera tiene un trabajo que, por regla general, implica madrugar y conducir mucho. ¿Qué es lo que haría si tiene un par de días de vacaciones? ¡Exacto! Emplearlos en madrugar más de lo normal y conducir más de lo humanamente recomendable. Si a ello le añadimos la mayor ola de frío que ha padecido Europa en décadas, ¿qué tenemos? Efectivamente, un bloguero congelado en mitad de la autopista. Aprovechando un viajecito cortesía de la empresa que me permite pagar la conexión a Internet y, por tanto, martirizar a mis lectores con esta clase de entradas, me fui a conocer dos lugares que llevaba tiempo queriendo visitar; Baarle y el trifinium del Monte Vaals. Esta es la crónica.

Hace frío, claro que hace frío. ¿Dónde creías que estabas? ¿En Florida?

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Las autopistas desiertas de Corea del Norte

De todos los regímenes totalitarios que en el mundo han sido, el más aislado, misterioso e impenetrable (tres adjetivos que se repiten casi invariablemente al hablar de él) es el de Corea del Norte. Nacido en su configuración actual tras el alto el fuego que paralizó la Guerra de Corea (sin ponerle fin; técnicamente aquella zona sigue en guerra, a la espera de un tratado de paz que, más de medio siglo después, termine con las hostilidades), el estado norcoreano se caracteriza por ser el más parecido, en el mundo real, al enloquecido y paranoico universo de Mil Novecientos Ochenta y Cuatro. Lo poco que se sabe realmente del país consiste en totalitarismo, estalinismo, culto a la personalidad, fabulosos lavados de cerebro y paranoia, mucha paranoia.

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Desfile celebrando el 60º aniversario de la República, en septiembre de 2008. © Eric Lafforgue

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A ciento seis millas de Chicago

– Hay ciento seis millas hasta Chicago, el depósito está lleno, tenemos medio paquete de tabaco, es de noche y llevamos gafas de sol.

– Dale caña

Probablemente, la mejor frase jamás pronunciada a bordo de un Bluesmóvil.