Poniéndole más puertas al campo

Cuando uno sale de viaje al extranjero conviene informarse de qué se puede llevar al país de destino y qué no está permitido. A países como Arabia Saudí o los Emiratos Árabes no se puede llevar alcohol, como es de sobra conocido. Menos conocida es la prohibición que las autoridades de Singapur han impuesto sobre la importación y consumo de chicle. Y en Australia está terminantemente prohibido entrar alimentos y cualquier tipo de especie vegetal o, sobre todo animal.

Las razones de esta prohibición hay que buscarlas a mediados del siglo XIX. En 1859, Thomas Austin, un granjero inglés afincado en Winchelsea, en el estado de Victoria, se trajo dos docenas de conejos desde su tierra natal para divertirse cazándolos. «Unos pocos conejos no harán mucho daño», dijo. Diez años después los conejos se habían convertido en la peor plaga que había padecido el continente en toda su historia, multiplicando su población hasta extremos insoportables. Cada año se masacraban cientos de miles, sin que fuera apreciable el efecto sobre la población total. Semejante cantidad de conejos devoraba miles de hectáreas de cosechas en los estados de Victoria, Australia Meridional, Queensland y Nueva Gales del Sur. La ganadería también se vio rápidamente afectada, al comerse los conejos los pastos y hierbas que alimentaban al ganado. A finales de los años noventa del siglo XIX la peste había alcanzado también Australia Occidental, pese a la protección que le brindaba el desierto, y la plaga había alcanzado proporciones bíblicas.

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Poniéndole puertas al campo

El tamaño de las cosas es relativo. En España, y en la mayor parte de Europa, el pueblo de al lado es una localidad cercana, a la que se podría ir dando un paseíto en una agradable tarde primaveral. En Australia las cosas no son tan sencillas. Dos tercios de los casi ocho millones de kilómetros cuadrados del país son puro desierto (el Outback), y entre un pueblo y el de al lado puede haber cosa de cien kilómetros, si no más. Los términos municipales más grandes de España son los de Cáceres y Lorca (Murcia), con casi 1.800 km² el primero y más de 1.600 el segundo. Por comparar, el término municipal de Kalgoorlie, en Australia Occidental, tiene 95.000 kilómetros cuadrados de superficie (es algo más grande que Portugal) y Mount Isa, en Queensland, 42.000 (más o menos como Estonia o Dinamarca). Kalgoorlie es más grande que 90 países miembros de la ONU. En Australia hay unos 2.500 pueblos y ciudades en algo menos de ocho millones de km². Tocan a más de 3.000 km² de media. Para hacerse una idea, en España la superficie media es de menos de 70 km². En Australia las cosas son grandes.

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Países, aeropuertos, fronteras (actualizado: y provincias)

Hoy tocan mapas y curiosidades para aficionados a la geografía y los viajes, aerotranstornados y borderfreaks.

Mapa de países visitados

Hace ya bastante tiempo que fue publicado tanto en Microsiervos como en CPI, entre otros, pero no está mal recuperarlo. Marcando los países que has visitado en un sencillo formulario te sale un mapita con los países en los que has estado sombreados en rojo. ¿Qué cuenta como «haber estado» en un país? Cada cual que ponga sus propias normas. Yo excluyo Canadá de mi lista porque únicamente he estado en tránsito en el Aeropuerto de Montreal, y dado que fue hace un cuarto de siglo, ni siquiera llegué a pisar suelo canadiense. Mi mapa es éste (click para ampliar)
Pa�ses Visitados Diego G.

En total sumo 18 países, que no son demasiados. Eso sí, en tres continentes, que suena mejor. Otra de las listas mentales que llevo es la de «países conducidos», es decir, aquellos en los que he puesto en serio peligro la seguridad de los locales conduciendo un coche. La lista se reduce, en este caso, a siete (España, Francia, Andorra, Mónaco y el Benelux). ¿Y a vosotros, escasos pero inmerecidos lectores? ¿Qué tal os sale el mapita?

Enlace: Visited Countries (también se puede hacer aquí).

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Baarle verhalen (historias de Baarle)

(Previamente: Baarle, el pueblo de las mil fronteras)

Radio BaHeNa, la radio que delinquía en dos países

Uno de los personajes más conocidos de la historia de los dos Baarle es el autodenominado Borderhunter (el cazador de la frontera). En 1981 montó Radio BaHeNa (Baarle Hertog Nassau), una radio pirata que emitía todas las noches en la localidad sin tener licencia para ello. Borderhunter era un belga de Baarle Hertog, pero la antena de la emisora pirata estaba situada en Baarle Nassau, en la azotea de un edificio a escasos metros de uno de los enclaves belgas. Ambas policías, la belga y la holandesa, organizaron varias redadas por separado, pero en un pueblo de ocho mil habitantes las noticias vuelan, y la emisora pirata era trasladada de un lado al otro de la frontera según de qué país fuera la policía que le buscaba. Así se mantuvo, emitiendo música y noticias locales, durante más de dos décadas, convirtiéndose, según el propio Borderhunter, en la emisora pirata más longeva de la historia de los Países Bajos. Radio BaHeNa continuó sus emisiones hasta 2003, cuando finalmente las policías de los lados holandés y belga se organizaron y montaron una redada conjunta, que acabó con la confiscación del equipo por parte de las autoridades belgas y la imposición de una multa de 1.100 euros… por parte de las autoridades holandesas. Ante semejante contradicción (la policía de un país le confisca un equipo pero no le acusa de ningún delito, y la del otro país hace lo contrario), Borderhunter recurrió la confiscación de su equipo a las autoridades belgas, que respondieron que, efectivamente, tenía razón, y que le tenían que haber multado, por lo que procedieron a imponerle una sanción… de 500 €, menos de la mitad que la sanción holandesa. La suma fue abonada a la administración belga, y, posteriormente, el radioaficionado pirata recurrió la multa ante la justicia holandesa, argumentando que ya había pagado la multa, y que no podía ser condenado dos veces por un mismo hecho. Las autoridades holandesas le dieron la razón, y se libró de pagar en los Países Bajos.

Mapa de Baarle Hertog y Baarle Nassau (Click para ampliar)
Mapa de Baarle (click para ampliar). En naranja (paradójicamente), el territorio belga (Baarle-Hertog). Los rectángulos blancos en su interior son metaenclaves holandeses (Baarle Nassau). Las fronteras se pueden ver con mayor claridad todavía en Google Maps.

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La Isla Recurrencia y el Lago Recursión

Isla en el Lago Mindemoya en… (click para Google Maps)

Groenlandia, además de ser un sitio donde hace mucho frío, tiene el honor de ser considerada la mayor isla del mundo, con sus dos millones de kilómetros cuadrados. El Mar Caspio, por su parte, es el mayor lago del mundo, con sus 371.000 km², aunque es un lago de agua salada. El mayor lago de agua dulce del mundo, con más de sesenta mil km², es el Hurón, uno de los Grandes Lagos en la frontera entre Estados Unidos y Canadá. En ese lago está la isla Manitoulin, que con sus 2.703 km² es la isla en un lago más grande del mundo. Dentro de esa isla encontramos el Lago Manitou, o Manitú, que con sus 103 km² se gana el honor de ser el lago dentro de una isla dentro de un lago más grande del mundo. Pero no se vayan todavía amigos, aún hay más. En la isla lacustre de Manitoulin hay 180 lagos. El tercero de ellos por tamaño es el lago Mindemoya. Y dentro de ese lago, ya se lo imaginarán, hay una isla, que ostenta el estrafalario récord de ser la isla dentro de un lago dentro de una isla dentro de un lago más grande del mundo. Y dentro de esa isla… no, es broma, acabamos ya. Pero, ¿y si empezáramos, en vez de por un lago, por una isla?

 

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Días de fútbol

«Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol»
Albert Camus

La primera federación de fútbol del mundo fue fundada en 1863, lógicamente, en Inglaterra. Antes de finalizar el siglo XIX se habían fundado también las federaciones escocesa, galesa e irlandesa (entonces toda la isla de Irlanda formaba parte del Reino Unido). La Federación internacional de Fútbol, la FIFA, fue fundada en 1904 en París. Seis países la constituyeron desde un principio: Suiza, Dinamarca, Francia, Holanda, Bélgica y España. El problema surgió cuando el resto de federaciones de la FIFA se percataron del pequeño detalle de que en España no existía una federación de fútbol, por lo que procedieron a expulsar a los delegados españoles, que no volverían a entrar en la FIFA hasta 1913, tras la fundación de la RFEF. Una cosa un tanto sui generis.

Logotipo de la FIFI Wild CupLa FIFA celebra un campeonato internacional cada cuatro años, como es más que de sobra conocido. El mundial de fútbol. El último se celebró hace un par de años en Alemania, pero resulta que no fue el único campeonato internacional de fútbol celebrado en tierras germanas. Al mismo tiempo que la FIFA World Cup se celebró la llamada FIFI Wild Cup, en traducción literal, la Copa Salvaje. La FIFI (con ese nombre parece un caniche) es la Federación Internacional de Fútbol Independiente. La forman diversas federaciones de fútbol de estados no reconocidos, regiones autónomas y provincias secesionistas. La FIFA, y la UEFA, sólo permiten participar en sus competiciones a estados reconocidos internacionalmente (lo que convierte en papel mojado las reivindicaciones de oficialidad de las selecciones regionales del País Vasco y Cataluña), permitiéndose algunas excepciones anteriores a 1997 (fecha en la que se modificó el reglamento de admisión), como las Islas Feroe, Montserrat o las cuatro federaciones británicas, que se mantuvieron independientes al fundarse la FIFA, puesto que eran muy anteriores a ella.

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El diamante en el desierto

Si hay un país del mundo en el que desplazarse por carretera de una punta a otra es una auténtica aventura, ese es Australia. Con sus más de siete millones de kilómetros cuadrados es el sexto país más grande de la Tierra, y recorrer sus infinitas carreteras supone enfrentarse a enormes extensiones de desierto deshabitado, temperaturas homicidas y cientos de kilómetros entre una gasolinera y la siguiente.

Ojo, canguros (click para ampliar)La construcción de carreteras asfaltadas que unieran los lejanísimos entre sí extremos del país no se inició hasta la II Guerra Mundial, cuando las necesidades logísticas y de transporte de materiales lo hicieron imprescindible. Construir una carretera de más de mil kilómetros de largo no resulta nada fácil. Especialmente cuando grandes tramos de la carretera se encuentran a cientos de kilómetros del lugar habitado más cercano. Hay que construir barracones para los ingenieros y demás trabajadores, asegurar un suministro diario de agua y alimentos y, de paso, habilitar pequeñas pistas de aterrizaje para avionetas que puedan atender urgencias médicas. Todo eso, cada cierto número de kilómetros, según la carretera avanza.

La Eyre Highway, llamada así en honor del explorador inglés John Eyre, es la principal vía de comunicación en la costa sur australiana. Recorre más de mil seiscientos kilómetros desde Port Augusta, en Australia Meridional, hasta Norseman, en Australia Occidental, atravesando el Outback, el desierto que forma la mayor parte del territorio australiano. El único pueblo digno de ese nombre que se puede encontrar en la carretera es Ceduna, con poco más de dos mil habitantes. Está a cuatrocientos kilómetros de Port Augusta. Desde allí hasta el final de la carretera en Norseman lo único que hay son cuatro pequeñas áreas de servicio, cada una a más de doscientos kilómetros de la más cercana. En toda la carretera sólo hay tres gasolineras abiertas las veinticuatro horas del día. Una cada 550 kilómetros. Como para quedarse sin gasolina, sí.

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Cartel en la Eyre Highway. «La recta de noventa millas. La recta más larga de Australia»

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Lenin en la Antártida

Hace unos años la Peugeot anunciaba su 205 con el eslógan Contigo, al fin del mundo. En el anuncio para televisión, se podía ver el coche, junto con una simpática parejita, al borde de un océano de estrellas, representación simbólica de dicho finis terrae. A día de hoy el fin del mundo como tal sigue sin existir, salvo en la saga de Los Piratas del Caribe, pero hay un buen puñado de lugares que podrían ser definidos como tales.

Uno de ellos podría ser el Polo Sur, sino fuera por el pequeño detalle de que está habitado. La estación americana Amundsen-Scott lleva allí más de medio siglo, y en verano viven allí unas doscientas personas, que se reducen a unas cuantas decenas a lo largo del invierno austral. La estación tiene su propio aeropuerto, conexión a Internet, televisión por satélite y hasta una webcam en directo que se actualiza cada cuarto de hora. Por si fuera poco, se está construyendo una carretera que unirá el Polo Sur con la base americana de McMurdo, a unos 1.400 kilómetros al norte (obviamente) de allí. Vamos, que aquello no es Nueva York, pero conozco pueblos en Soria y Teruel peor comunicados, y, desde luego, con mucha menor actividad.

(Atención, pregunta. ¿Qué hora es en el Polo Sur? Dado que todos los husos horarios convergen en él pueden elegir tranquilamente entre los más de veinticuatro existentes. Sí, más de veinticuatro, otro día hablaremos de eso. La respuesta, al final de la entrada)

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