Existe una estación de tren alemana que durante medio siglo exigió el pasaporte para subirse al tren hacia cualquier otro lugar del mismo país. Los pasajeros que subían y bajaban del tren lo hacían escoltados por el ejército, y tenían terminantemente prohibido salirse del estrecho camino que llegaba a la estación desde el pueblo más próximo. La instalación da servicio a un pueblo alemán y la vía que llega hasta allí empieza y termina en Alemania, pero la estación no está en Alemania, sino en Polonia. Hoy conoceremos la historia de Krzewina Zgorzelecka, la estación de tren en el país equivocado.

Ostritz es un pueblo de poco más de dos mil habitantes sacudido por los vaivenes de la historia. Junto con el monasterio cisterciense que explica su existencia, fue fundado allá por el siglo XIII en lo que entonces eran tierras del reino de Bohemia, y a lo largo de las siguientes centurias, pasó por manos polacas, húngaras, checas, sajonas y alemanas; como tantos otros pueblos de frontera, fue destruido y reconstruido unas cuantas veces, pero no fue hasta 1945 cuando se convirtió en un pueblo fronterizo propiamente dicho. El final de la Segunda Guerra Mundial trajo numerosos cambios territoriales en toda Europa del Este, y uno de ellos fue el traspaso de miles de kilómetros cuadrados de territorio alemán a Polonia (que a su vez se vio privada de una cantidad aún superior de territorio en favor de la Unión Soviética). La nueva frontera entre Polonia y Alemania Oriental quedó establecida a lo largo de los ríos Oder y Neisse. Y es precisamente a la orilla de este último río donde se encuentra Ostritz.

Las calles de Ostritz son el escenario de un cuento navideño de los hermanos Grimm, con sus casitas sajonas y sus buhardillas que parecen ojos. En 1875 el tren llegó al pueblo, como parte de la línea que iba de Zittau a Cottbus. Las vías cruzaban de un lado al otro del río Neisse a lo largo de su recorrido, y al llegar a Ostritz se instalaron en la orilla opuesta de la localidad. En aquel momento no tenía importancia porque ambas orillas eran parte de Prusia, pero tras el final de la Segunda Guerra Mundial, la cosa cambiaría. Con el pueblo arrasado y desbordado de refugiados, la frontera entre Polonia y la República Democrática Alemana se estableció en el mismo río que baña la localidad, y las nuevas autoridades comunistas procedieron a cerrar la estación, que quedó abandonada, pese a que los trenes alemanes seguían circulando por ella. Eso sí, con las ventanas tapadas y las puertas bloqueadas, para evitar cruces ilegales de la frontera.

La paranoia inherente a los regímenes comunistas tardó década y media en relajarse lo suficiente para permitir que los trenes de la Alemania del Este pudieran detenerse de nuevo en Ostritz, cuya estación ya había cambiado de nombre a Krzewina Zgorzelecka. Las vías eran compartidas por los trenes polacos y germano orientales, pero los pasajeros cruzaban desde la estación al otro lado del río tenían que enseñar su pasaporte y además ser escoltados por soldados polacos hasta la frontera, que quedaba, y queda, a poco más de cien metros a pie del edificio de la estación. Tras la caída del comunismo en Europa del Este, la Alemania unificada y la Polonia democrática llegaron a un acuerdo para el uso conjunto de la estación, y todas las trabas desaparecieron definitivamente cuando en 2009 Polonia accedió al espacio Schengen y los controles fronterizos entre ambos países desaparecieron.

Desde principios de este siglo los ferrocarriles polacos no operan en la línea, por la que únicamente circulan trenes alemanes. Eso sí, las condiciones en las que lo hacen son curiosas. Aunque en los andenes de Krzewina Zgorzelecka sólo se detienen trenes de la compañía pública alemana de ferrocarriles, la estación y las vías que yacen en territorio polaco son propiedad de Polonia, y su gestión y mantenimiento corren a cargo de los ferrocarriles de Silesia. La señalización del tramo es también polaca, y todos los maquinistas que circulan por la línea tienen que tener una habilitación específica para conducir trenes en Polonia, que sólo otorgan, claro, las autoridades polacas. Pero los viajeros siguen siendo alemanes en su inmensa mayoría, que vienen y van a otros pueblos de Alemania usando Polonia simplemente como un pasillo internacional, y se suben y bajan de una estación que, por los avatares de la historia, acabó en el país equivocado.

Fuentes y más info: Gazeta, Wikipedia, Barry’s Borderpoints, Graniczne Sciecki, Bazakolejowa. Muy recomendables los reportajes in situ de Tom Thornton y Rewboss.
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