Literatura de viajes

La partida

Ordené sacar mi caballo del establo. El criado no me comprendió. Fui yo mismo al establo, ensillé el caballo y monté. A lo lejos oí el sonido de una trompeta, le pregunté lo que aquellos significaba. Él no sabía nada, no había oído nada. En el portón me detuvo para preguntarme:

-¿Hacia dónde cabalga el señor?
-No lo sé -respondí-. Sólo quiero irme de aquí. Partir siempre, salir de aqui, sólo así puedo alcanzar mi meta.
-¿Conoce, pues, su meta? -preguntó él.
-Sí -contesté yo-. lo he dicho ya. Salir de aquí, esa es mi meta.

Franz Kafka.

París

– ¿Sí, señor?
– Menú doble whopper con coca-cola light
– ¿Quiere hacerlo gigante por 50 centavos?
– …. ¿Perdón? Eh…. no, no, está bien, está bien
– Perfecto señor, serán 6,50 señor
– Ss..sí, sí, claro. Aquí tiene.
– Gracias, señor
– …Disculpa, ¿es ése tu verdadero nombre?
– ¿Perdón?
– Si es ése tu verdadero nombre, el de la chapa, digo.
– Sí, señor.
– ¿Y de qué es la A?
– De Arthur, señor.
– ¿Arthur? ¿Quieres decir que te llamas Arthur Rimbaud?
– Pues sí, señor
– ¿Pero tú sabes quien es Arthur Rimbaud?
– No le entiendo… Yo soy Arthur Rimbaud…. mi padre es Arthur Rimbaud… no sé qué quiere decir.
– Ya, perdona, Rimbaud es un poeta francés muy famoso…
– ¿De veras? No tenía ni idea…
– Pues sí… no tiene importancia… en fin… muchas gracias… por cierto… ¿De dónde eres hijo?
– De París, señor. De París, Texas.

Autor desconocido, encontrado en Eme Minúscula y en Una ciudad llamada Perdición.

 

Die Mauer

En la madrugada del 12 al 13 de junio de 1961, más o menos sobre las dos de la mañana, los pasajeros de un tren con dirección a Berlín fueron desalojados en la estacíón de Wannsee por tropas de la RDA. El tren fue devuelto a su lugar de origen, y a los pasajeros se les devolvió el importe del billete. En otras estaciones alrededor del sector occidental de Berlín ocurría lo mismo simultáneamente. Una hora antes, la radio oficial del partido comunista germano oriental había suspendido su prorgamación habitual para emitir un comunicado oficial:

Los gobiernos de los estados miembros del Pacto de Varsovia se dirigen a la Cámara Popular y al gobierno de la RDA con la propuesta de establecer un orden tal que obstruya el camino a las intrigas en contra de los países socialistas y que garantice una vigilancia segura en toda la zona de Berlín Este.

La palabrería burocrática del régimen no dejaba entrever lo que sucedería en las siguientes horas. En todas y cada una de las calles que cruzaban del sector soviético de Berlín al resto de la ciudad sucedió lo mismo. Tropas de la RDA levantaron los adoquines de las calles e instalaron alambradas de un extremo al otro de la calzada, unos metros por detrás de los famosos carteles que anunciaban la partida de los sectores aliados. En las fuerzas de seguridad y las tropas aliadas estacionadas en Berlín Oeste cundió el nerviosismo. En plena Guerra Fría, el mero intento por parte de la URSS de avanzar sobre la parte occidental de la ciudad habría supuesto la guerra. Pero las tropas soviéticas y germano orientales permanecieron en su lado de la raya. Había comenzado la construcción del Muro de Berlín. La madre de todas las fronteras.

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Una cicatriz de 1.500 kilómetros

En Angad, a unos 25 kilómetros al norte de Oujda, dos pistas discurren en paralelo durante decenas de kilómetros. La occidental es marroquí y la oriental argelina. Las patrullas de ambos Ejércitos casi se rozan cuando se cruzan. El sendero marroquí está en mejor estado y los vehículos argelinos cambian, a veces, a hurtadillas, de camino durante unos pocos metros para librarse de algunos baches. Otro tanto hacen los ‘todoterrenos’ marroquíes, para sortear los socavones, cuando creen que no son vistos.

Más allá ambas pistas se funden en una sola que cruza y divide una aldea de casas apelmazadas y de 120 habitantes. Los que quedan a la izquierda viven en Chraga (Marruecos) y los de la derecha en Dragda (Argelia). “Cuando la patrulla marroquí coincide con la argelina en esa callejuela que sirve de frontera una tiene que retroceder para dejar pasar a la otra”, comenta un oficial de la Gendarme marroquí.

El resto, en un fantástico reportaje de El País de ayer, con galería de fotos incluida.

(Mil gracias a Chaland por el aviso en los comentarios de la entrada anterior).

Ciudades divididas: Nova Gorica/Gorizia

El 9 de noviembre de 1989, cerca de la medianoche, hora de Europa Occidental, las televisiones de todo el globo habían interrumpido su programación habitual para conectar en directo con Berlín. El muro estaba cayendo. Fue una noche de alegría desbordada en las dos Alemanias, en toda Alemania.

Pero el Muro de Berlín no fue el último en caer. Y tampoco fue el final de las ciudades divididas. El que quizá podía ser considerado el último muro de Europa fue derribado 15 años después que el de Berlín, cuando Eslovenia entró en la Unión Europea, y las ciudades de Nova Gorica y Gorizia (Eslovenia e Italia, respectivamente), dos pequeñas localidades al pie de los Alpes, dejaron de pertenecer a dos mundos distintos.

Hasta entonces ambas ciudades habían estado separadas por una cerca que hacía las veces, en la zona, de telón de acero un tanto sui generis. A diferencia de Berlín, Nova Gorica y Gorizia no son una sola ciudad partida en dos por la frontera, como Valga y Valka, sino que la parte eslovena fue construida junto a la raya fronteriza posteriormente al trazado de ésta. En la práctica, sin embargo, Nova Gorica y Gorizia son un continuo únicamente quebrado, y no demasiado, por la frontera.

Hito fronterizo italoesloveno entre Nova Gorica y Gorizia (click para ampliar). Sigue leyendo

Poniéndole más puertas al campo

Cuando uno sale de viaje al extranjero conviene informarse de qué se puede llevar al país de destino y qué no está permitido. A países como Arabia Saudí o los Emiratos Árabes no se puede llevar alcohol, como es de sobra conocido. Menos conocida es la prohibición que las autoridades de Singapur han impuesto sobre la importación y consumo de chicle. Y en Australia está terminantemente prohibido entrar alimentos y cualquier tipo de especie vegetal o, sobre todo animal.

Las razones de esta prohibición hay que buscarlas a mediados del siglo XIX. En 1859, Thomas Austin, un granjero inglés afincado en Winchelsea, en el estado de Victoria, se trajo dos docenas de conejos desde su tierra natal para divertirse cazándolos. “Unos pocos conejos no harán mucho daño”, dijo. Diez años después los conejos se habían convertido en la peor plaga que había padecido el continente en toda su historia, multiplicando su población hasta extremos insoportables. Cada año se masacraban cientos de miles, sin que fuera apreciable el efecto sobre la población total. Semejante cantidad de conejos devoraba miles de hectáreas de cosechas en los estados de Victoria, Australia Meridional, Queensland y Nueva Gales del Sur. La ganadería también se vio rápidamente afectada, al comerse los conejos los pastos y hierbas que alimentaban al ganado. A finales de los años noventa del siglo XIX la peste había alcanzado también Australia Occidental, pese a la protección que le brindaba el desierto, y la plaga había alcanzado proporciones bíblicas.

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La última frontera de la Guerra Fría (y II)

Comentábamos con nuestro nos mayestático habitual, en la primera parte de esta entrada, las peculiaridades de la Zona de Seguridad Conjunta (Joint Security Area, o JSA) que existe en la frontera entre Corea del Norte y Corea del Sur, uno de los lugares más vigilados y tensos del mundo y que, sin embargo, está abierto a las visitas turísticas. El tour por la Zona Desmilitarizada (DMZ) es, técnicamente, una excursión al frente de una guerra cuya paz aún sigue sin ser firmada, 55 años después del alto el fuego.

La JSA fue creada mediante el alto el fuego de 1953 como una zona neutral donde la Comisión Militar del Armisticio (MAC, por sus siglas en inglés), compuesta por representantes de ambos contendientes (Corea del Norte y Estados Unidos) pudieran reunirse. Partida en dos por la frontera de facto entre ambas Coreas, originariamente el movimiento era libre para los soldados y representantes de ambos bandos por toda el área. Pero varios incidentes terminaron con la libertad para moverse por el pequeño enclave, de apenas 800 metros de diámetro.

Mapa actual de la Zona de seguridad conjunta (click para ampliar). En rojo, la frontera de facto entre las dos Coreas.

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Libros – Viajes con Charley

Viajes con Charley. En busca de América. John Steinbeck. Traducción de José Manuel Álvarez Florez. Península, Barcelona, 1998.

Cuando yo era muy joven y tenía dentro esa ansia de estar en otro sitio, las personas mayores me aseguraban que al hacerme mayor se me curaría este prurito. Cuando los años me calificaron de mayor, el remedio prescrito fue la edad madura. En la edad madura se me aseguró que con unos años más se aliviaría mi fiebre, y ahora que tengo cincuenta y ocho, tal vez la senilidad realice la tarea.

Así comienza el prólogo de este libro de viajes escrito por el autor de, entre otras cosas, Las uvas de la ira o La perla. El ansia de estar lejos-de-aquí es una enfermedad bastante incurable, que la mayoría padecemos, en mayor o menor medida. En 1962, a John Steinbeck, a los 58 años, el cuerpo le pidió recorrerse su país, Estados Unidos, de punta a punta. A lo largo de tres meses recorrió dieciséis mil kilómetros por carreteras secundarias de treinta y cuatro estados con Charley, un caniche francés, y Rocinante, la autocaravana que compró para la ocasión y que llevaba su nombre en un costado escrito con caligrafía española del siglo XVI. Según cuenta, durante todo ese tiempo nadie le reconoció ni una sola vez.

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