Por las carreteras del mundo (I)

(Por razones no completamente ajenas a mi voluntad, he estado una semana sin poder actualizar el blog como es debido. Perdonen las disculpas).

Si bien el road trip nació en Estados Unidos, con los años y la popularización del automóvil como medio de transporte privado los largos viajes por carretera realizados por puro placer han alcanzado todo el planeta. Canadá, Europa, América del Sur o Australia son los escenarios por los que los viajeros se pierden por el puro gusto de alejarse de su vida diaria y de encontrarse a si mismos (suele decirse que el viaje más importante es el interior; es una frase cursi, como de Tagore o de carpeta de instituto, pero también es cierta). Hoy recorreremos algunas de las carreteras más míticas de nuestro planeta. Pónganse cómodos, metan primera y pisen el acelerador. Nos vamos de viaje.

La circunvalación islandesa

En 1940 islandia era uno de los países más pobres de Europa, si no el que más. En el año 2006 la ONU lo declaró como el mejor lugar del mundo para vivir, y un estudio afirmó que sus habitantes eran los más felices de la Tierra. Recientemente su economía ha entrado en una crisis de proporciones cataclísmicas, que ha llevado a la nacionalización de los bancos y al hundimiento de la corona islandesa, una de las monedas más fuertes del mundo hasta hace bien poco. El brutal hundimiento de su economía, sin embargo, podría abrir las puertas al turismo. Y es que en Islandia hay mucho que ver.

Vista satelital de Islandia, ligeramente congelada.

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Libros: El Imperio

El Imperio. Ryszard Kapuściński. Traducción de Agata Orzeszek. Editorial Anagrama, 1994.

Poco se puede decir de Ryszard Kapuściński a estas alturas que no se sepa. Se trata de uno de los mejores escritores de viajes y corresponsales de guerra de todo el siglo XX. Fue cronista de excepción del fin del colonialismo, presenció guerras, golpes de Estado y revoluciones, y escribió libros absolutamente imprescindibles para comprender el mundo en que vivimos.

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Freaktoponomics (y IV)

Llegamos, con cierto retraso, al final de la semana del topónimo friki. Hasta ahora hemos encontrado el amor, habitantes en Venus y el infierno congelado. Hoy descenderemos a los abismos más escatológicos y malsonantes de la toponimia mundial. Advertidos quedan. Quien pensara que la ciudad imaginaria de Laputa tenía el peor nombre del mundo, estaba equivocado. Mucho, además. Pasen y vean.

Padre desconocido

Yo no me hago el sueco, es que soy de allí. Eso cantaban los sublimes Siniestro Total en El Síndrome de Estocolmo. Algo así podrían decir los habitantes de cierta localidad italiana. «Yo no soy un hijo no reconocido, es que nací en Bastardo». Bastardo es un pueblo de la provincia italiana de Perugia que cuenta con casi mil quinientos bastardi. Es sabido que los australianos descienden de presidiarios, pero lo de esta localidad les supera. Y no es la única. En la provincia canadiense de Ontario está Bastards Township (litaralmente, municipalidad de bastardos). Los hay que tienen humor a la hora de ponerle nombres a los pueblos. Si a mi pueblo le pusieran ese nombre yo les mandaría a la mierda. O, siendo más preciso, a La Neuville en Hez (¿Villanueva de la Hez?) , que es mucho más fino y además está en Francia, así que pilla relativamente cerca.

 

Bastardo, Italia

Lugares que no existen – Transnistria

Escudo de TransnistriaYa sólo el nombre del país resulta curioso. Recuerda a los Syldavia y Borduria de las aventuras de Tintín, a la patria de Tom Hanks en La Terminal, Krakozhia, o al reino de Ruritania, donde se desarrolla El prisionero de Zenda.

Pero a diferencia de todos ellos, Transnistria existe realmente. Se trata de una estrecha franja de territorio moldavo situada entre el Río Dniester (de ahí el nombre) y la frontera con Ucrania. Tiene poco más de 4.000 kilómetros cuadrados (más o menos el tamaño de la provincia de Pontevedra) y en él viven unos 550.000 habitantes transnistrios. Su nombre oficial en ruso es Pridnestrovie, o Pridnestrovskaya Moldavskaya Republika, República Moldava de Transnistria. La capital es Tiraspol, ciudad de unos 150.000 habitantes. La principal institución de Transnistria es el Soviet Supremo. Sí, habéis leído bien, el Soviet Supremo. Es la única República Soviética superviviente tras la caida de la URSS en 1991. Resiste como un Estado independiente de facto, pese a que es unánimemente reconocida como una provincia de Moldavia, gracias a la protección que le brinda Rusia.

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