Viaje a todos los Chipres. Capítulo 3: El país que no existe

Tierra de Nadie | Los vestigios de la metrópoli

A pocos kilómetros de Nicosia la autopista enfila hacia el norte. El área metropolitana de la ciudad, que concentra más de la cuarta parte de la población del país, se extiende a ambos lados de la carretera. Polígonos industriales y zonas residenciales se suceden a ambos lados del aslfalto, pero los ojos no se desvían del frente. No sólo porque, bueno, es la manera correcta de conducir, sino porque al fondo, en las colinas tras la capital, se vislumbra la que probablemente es la bandera más grande del mundo. Ochenta mil metros cuadrados, ocho hectáreas/campos de fútbol sobre la ladera de una montaña, visibles desde toda Nicosia y sus alrededores. El símbolo de la República Turca del norte de Chipre, el país que (casi) nadie reconoce.

Sutiles, los turcos, vaya que sí

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Viaje a todos los Chipres. Capítulo 2: Vestigios coloniales

Capítulo 1: Tierra de Nadie

Cuando una potencia colonial abandona un territorio, siempre quedan restos de su presencia. El idioma es el más común, pero también las infraestructuras, las instituciones o las costumbres. Por eso en la India tienen tantos trenes, en Malta hablan inglés y en Pakistán juegan al críquet. En algunos casos raros, el Imperio Británico dejó incluso su bandera en sus ex colonias, casos de Australia, Nueva Zelanda, Fiyi o Tuvalu. Pero en el caso de Chipre, las huellas de la metrópoli fueron más allá. El Reino Unido, después de 80 años de gobierno sobre la isla, se marchó dejando no sólo un cacao considerable entre turcos y griegos, sino varios pedazos de terrorio soberano, totalmente bajo control británico. Son Akrotiri y Dekelia, los vestigios coloniales de Chipre.

Ubicación de los territorios soberanos de Akrotiri (arriba) y Dekelia en la isla de Chipre

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Viaje a todos los Chipres. Capítulo 1: Tierra de Nadie

La policía de fronteras chipriota revisó nuestros pasaportes y la documentación del coche de alquiler. Después de introducir nuestros datos en el ordenador nos los devolvió con una sonrisa. «Buen viaje», nos dijo en español. «Efjaristós«, respondimos al unísono. Al otro lado de la garita nos esperaba una carretera vacía, escoltada por kilómetros y kilómetros de verjas y alambres de espino. De vez en cuando, un cartel indicaba la prohibición de hacer fotos y de detenerse. Parecía una carretera normal, pero allí estábamos, de facto, en medio de ninguna parte. En territorio de ningún país. En ese tramo de carretera, y en cientos de kilómetros cuadrados a ambos lados de ella, no rigen las leyes de ningún estado. Bienvenidos a la Línea Verde, la frontera que no existe.

Esto sí que son vacaciones

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El primer columpio transfronterizo del mundo

Lo han vuelto a hacer. No contentos con disponer de la frontera más bizarra del planeta, los ayuntamientos de Baarle-Hertog (belga) y Baarle-Nassau (holandés) han decidido instalar un columpio infantil exactamente sobre ella, permitiendo al usuario, infantil o no, cruzar el límite internacional treinta o cuarenta veces por minuto, algo que probablemente merece una mención en el libro Guiness de los récords. La instalación se une así a la multitud de atractivos turísticos que ofrece(n) la(s) localidade(s) a los visitantes, especialmente a los amantes de las curiosidades geográficas como el que suscribe y como los que, supongo, estáis leyendo esto.

Bélgica, Holanda, Bélgica, Holanda, Bélgic… (Visit Baarle)

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Brunéi, el reino partido en dos

Julio de 1996. Hassanal Bolkiah cumple cincuenta años y decide darse un homenaje. En el aeropuerto de Bandar Seri Begawán aterriza un jet privado. De él se baja nada menos que Michael Jackson. Esa noche dará un concierto para el sultán, sus amigos, su familia y miles de ciudadanos escogidos cuidadosamente. El concierto es gratuíto, un regalo de cumpleaños del soberano para sus súbditos, pero el rey del pop no actúa precisamente por amor al arte. Su tarifa asciende a diecisiete millones de dólares. ¿Es mucho dinero? Habría que sumarle lo que cuesta construir un recinto con capacidad para miles de personas: el lugar donde se celebró el evento fue levantado específicamente para la ocasión. Es sólo una de las muchas excentricidades del Sultán de Brunéi, uno de los últimos monarcas absolutos del mundo, que dirige uno de los países más raros de la Tierra, y goza de una de las fortunas más grandes de la humanidad.

El nombre completo del país es Negara Brunei Darussalam, y el de su capital Bandar Seri Begawan. La pesadilla de las clases de geografía del instituto (PN)

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Ferganá, el valle de los enclaves

La caída de la URSS y la consiguiente descolonización de todos los territorios que habían permanecido bajo el dominio de Moscú durante siete décadas no se hizo de manera precisamente pacífica. Decenas de conflictos y guerras aparecieron por doquier, en buena parte alimentados por el trazado arbitrario de muchas fronteras durante los años de ocupación soviética, pensado no para facilitar la convivencia o la administración, sino para hacer más sencillo el dominio del territorio y la población por parte de las autoridades. Uno de los lugares donde más fácil de percibir esto es en el Valle de Ferganá, donde se encuentran, se retuercen y se entrelazan las fronteras de tres antiguas repúblicas soviéticas: Uzbekistán, Tayikistán y Kirguistán.

Mapa de las fronteras en la zona del valle de Ferganá; el término técnico anglosajón en ciencia geográfica para esto es «What the actual flying fuck» (Wikiimedia Commons)

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Los túneles bajo el Muro de Berlín

Trece de agosto de 1961. Antes de que salga el sol, tropas de la República Democrática Alemana arrancan los adoquines en todos los cruces entre la zona soviética de Berlín y el resto de zonas de la ciudad. Inmediatamente después instalan alambradas y barricadas para impedir cualquier tipo de tráfico. Batallones de trabajadores comienzan a colocar ladrillos, mientras los soldados impiden por la fuerza el cruce de la frontera. Así comienza la construcción del Muro de Berlín, la barrera que la Unión Soviética levantó para evitar que los ciudadanos alemanes bajo su control se fugaran al mundo libre. Tres días después un soldado germano oriental encargado de vigilar uno de los cruces decidió escapar de la prisión en la que estaban convirtiendo Berlín Oriental. La foto del soldado saltando sobre la concertina se convirtió en una de las más famosas de la historia. Su nombre era Conrad Schumann, y fue la primera persona conocida en fugarse de la Alemania del Este. Pero desde luego no sería la última. A lo largo de los siguientes 28 años los alemanes inventaron infinidad de métodos para escapar de la tiranía comunista, muchas veces con éxito, otras dejándose la vida por el camino. Esta es la historia de una de las más exitosas: los túneles bajo el Muro de Berlín.

«Salto a la libertad», la foto de Peter Leibing que simboliza la Guerra Fría

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Grand Popo: cuando un país le roba la costa a su vecino

Togo y Benín son dos países limítrofes con una pequeña costa en el Golfo de Guinea. Sus huellas en el mapa son suficientemente similares para parecer territorios hermanos, como si alguien hubiera partido en dos un único país. Sobre el papel, ambos parecen tener una costa semejante, quizá ligeramente más larga la de Benín, pero si nos acercamos un poco en seguida detectamos algo raro: Benín le ha robado un tercio de su costa a Togo, a través de una estrechísima franja de terreno que, en su punto más angosto, apenas alcanza los setecientos metros de anchura. Hoy vamos a visitar Grand Popo, una de las curiosidades fronterizas más bizarras de África.

– Lo queremos Togo – Pues Benín a por ello

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La frontera más corta del mundo

El concepto de frontera tal y como lo conocemos hoy día es inherente al concepto de Estado-Nación: una línea finísima que señaliza dónde empieza el poder de un gobierno y termina el de otro. En todo el planeta hay un cuarto de millón de kilómetros de fronteras; la cifra exacta depende de qué consideremos país y por tanto de cuántos países creamos que hay en el mundo. Y de esos doscientos cincuenta mil kilómetros de límites internacionales hay uno, y sólo uno, que supone un 0,00006% del total. 156 metros de límite entre Botsuana y Zambia. Hoy, en Fronteras, el puente de Kazungula, la frontera más corta del mundo.

Elige tu propia aventura. Zambia, Zimbabue, Namibia o Pizza (fuente)

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De Mostar a Srebrenica: crónicas de un país dividido y casi irreconciliable (segunda parte)

El único escritor Yugoslavo que ha recibido el Premio Nobel de literatura es Ivo Andrić, galardonado en 1961 en una ceremonia en la que, según se supo más tarde, se impuso entre otros a J.R.R. Tolkien y a John Steinbeck, ganador al año siguiente. Andric nació en Croacia, pero se crió en Sarajevo y vivió la mayor parte de su vida adulta en Belgrado. De hecho, se identificaba cono serbio y su obra fue proscrita por el gobierno croata durante la guerra y los primeros años de independencia. Su novela más famosa, Un puente sobre el Drina, trata, claro, de la convivencia y las divisiones entre musulmanes y cristianos, simbolizadas en el Puente Puente Mehmed Paša Sokolović, que cruza el Drina en Visegrado. Pocos países tienen tan marcada su historia por su geografía como Bosnia, específicamente por dos de sus ríos, el Drina y el Neretva, que abren valles en la geografía terriblemente montañosa del país y que son históricamente fronteras entre culturas, lenguas, religiones y alfabetos. Así que alquilé un coche y me fui a recorrerlos.

Mi edificio favorito de Bosnia y Herzegovina es la Mezquita de Serefundin, en Visoko, a unos 30 kilómetros de Sarajevo, el único ejemplo conocido de mezquita brutalista. Eso sí que es mezclar tradición y modernidad

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