Fuera de sus dominios

El 15 de marzo de 1985 se producía un hecho histórico y fundacional para lo que después sería Internet tal y como la conocemos. Se produjo el primer registro de un dominio punto com. Concretamente symbolics.com, por parte de la compañía del mismo nombre. El uno de enero de ese mismo año se había registrado el primer punto net, por parte de NORDUnet, una organización de cooperación entre las redes de los países nórdicos. El 24 de abril aparecerían los primeros dominios punto edu, los de las universidades de Berkeley, California y Purdue. Los punto org serían inaugurados por la Corporación Mitre en julio del 85. Y no mucho después aparecerían los dominios geográficos de cada país, que la IANA, actual ICANN, adjudicó a cada país basándose en el código de dos letras de la Organización para la estandarización, más conocida como ISO. El dominio español, el punto es, fue asignado en 1988, aunque el primer nombre registrado no apareció hasta 1990, y no fue otro que nic.es, la organización encargada de la gestión del dominio punto es. Los primeros registros del dominio español fueron casi todos de universidades e instituciones públicas; el honor de ser el primero le corresponde al Institut d’estudis Catalans a través del dominio iec.es; actualmente el dominio está abandonado, y el Instituto tiene su web en iec.cat.

Los códigos de dos letras para los distintos estados y territorios dependientes del planeta fueron asignados, como se comenta más arriba, basándose en la lista de la ISO, realizada en los años setenta, con algunas excepciones, como otorgarle el .uk al Reino Unido además del que le correspondía según la ISO, el .gb. La globalización y la práctica inexistencia de fronteras dentro de la web han provocado que muchos de estos dominios, originalmente concebidos para páginas relacionadas de un modo u otro con el país al que fueron asignados, terminaran siendo usados para propósitos en nada relacionados con ello. ¿Cuántas páginas terminadas en .tv hablan de Tuvalu? ¿Last.fm está en Micronesia? ¿Alguna página registrada bajo el dominio .tk tiene algo que ver, aunque sea remotamente, con Tokelau? Seguir leyendo

Aterriza donde puedas

Es un hecho conocido que cuando uno intenta entrar en la página web de Ryanair el navegador le lleva a un sitio web cercano, desde donde puede coger un autobús que le llevará a su destino final. Volar con Ryanair es el equivalente a navegar por Internet con el bloqueo de pop-ups desactivado; a cada paso que uno da le ofrecen comprar cualquier cosa; a poco que uno proteste, se verá insultado en varios idiomas. A cambio uno puede conocer lugares tan exóticos como Charleroi, Weeze o Nyköping, y otros muchos pueblos y ciudades cuya existencia desconocía antes de disfrutar de la experiencia Ryanair. Sea cual sea la razón que uno encuentre para volar con Ryanair (normalmente, volar de un punto X a un punto Y, siendo uno de los dos puntos una antigua base aérea en mitad de la nada, a un precio inferior al de la revista que leerá durante el viaje), lo cierto es que la aerolínea irlandesa se ha convertido en la primera compañía aérea de Europa en número de pasajeros. En el año 2008 Ryanair transportó a más viajeros que Iberia y British Airways. Juntas.

Bye bye Latehansa, uno de los aviones de Ryanair (click para ampliar). Ignoro si a la Lufthansa le gustó el nombrecito del avión.

Pero ¿dónde vuela exactamente Ryanair? La política de toponimia creativa de la aerolínea irlandesa permite renombrar aeropuertos con los nombres de ciudades situadas a cien kilómetros o más. Hace unos años la Unión Europea expedientó a Ryanair por asegurar que sus vuelos de Londres a Bruselas tardaban la mitad que el Eurostar, el tren que Circula bajo el canal de la Mancha. Mientras que el ferrocarril tarda dos horas y media, el 737 de Michael O’Leary invierte hora y cuarto en el mismo trayecto. ¿El mismo trayecto? Más bien no. Ryanair vuela de Luton (a 55 kilómetros de Londres) a Charleroi (a 56 kilómetros de la capital Belga). Que el aeropuerto de Charleruá se denomine de forma extremadamente optimista como «Bruselas Sur» no pareció ser suficiente para las autoridades europeas.  No son los únicos casos. Echándole un ojo al mapa de rutas de la aerolínea podemos elaborar una clasificación de Los aeropuertos más en-el-quinto-pino de la red de Ryanair. Y allá vamos con la lista…

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Manifiesto: en defensa de los derechos fundamentales en Internet en España

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

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Las islas del fin del mundo y el Telón de Hielo

En los días que precedieron al vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín se habló mucho del Telón de Acero, de su condición de frontera entre dos mundos, el capitalista y el comunista, entre dos bloques, la OTAN y el pacto de Varsovia, entre dos concepciones de la vida y la libertad, con todos los matices que se quieran. Apenas se ha hablado, sin embargo, del descongelamiento de la que era la única frontera directa entre las dos superpotencias que ejercían de líderes de sus respectivos bloques, Estados Unidos y la Unión Soviética. En el límite entre el Océano Glacial Ártico y el Pacífico se encontraban, y se encuentran, dos islotes, uno perteneciente a cada superpotencia, y separados tan sólo por un brazo de mar de apenas tres kilómetros de ancho. En un mundo donde los misiles intercontinentales amenazaban con recorrer miles de kilómetros de un lado al otro del mundo, uno y otro país podían atacarse casi a pedradas cada uno desde su propio territorio. Entre los dos islotes discurría una línea invisible y amenazadora, que dada su situación sólo podía denominarse de una manera: El Telón de Hielo.

El Estrecho de Bering, con EE.UU. a la derecha y Rusia a la izquierda. Entre medias, las islas Diómedes.

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Google Street View en la frontera

Hace unos días se supo que España se había convertido en uno de los países del mundo con mayor cobertura el el servicio Street View. Los coches de Google han pasado a la siguiente fase y ya no sólo recorren las grandes ciudades, sino que registran con sus cámaras recónditos pueblos, remotas carreteras y aislados caminos de punta a punta de la piel de toro. Dicho de otra manera, que aquí se vive muy bien y se han pasado unos días tapeando y recorriendo el país. Ya lo hicieron en Australia y EE.UU., y ahora nos ha tocado a nosotros. El caso es que en su recorrido por España y otros países europeos los chicos de Mountain View han atravesado fronteras en medio continente, permitiéndonos echar un vistazo al lugar donde termina nuestro país, u otra nación. Allá van algunos de ellos. Sois libres de enviarme otros a la dirección de correo habitual.

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Me han entrado ganas de ir de Repente a Kagar…

Ustedes disculpen lo malsonante del título… pero es que es absolutamente verídico.

Diarrea en Alemania…

Lo cazó en los mapas de Bing Javier Casares. ¡Bien visto!

Addenda: las vistas al lago que hay al sur de Kagar son para Kagarsee

Más topónimos escatológicos en Freaktoponomics.

Las autopistas desiertas de Corea del Norte

De todos los regímenes totalitarios que en el mundo han sido, el más aislado, misterioso e impenetrable (tres adjetivos que se repiten casi invariablemente al hablar de él) es el de Corea del Norte. Nacido en su configuración actual tras el alto el fuego que paralizó la Guerra de Corea (sin ponerle fin; técnicamente aquella zona sigue en guerra, a la espera de un tratado de paz que, más de medio siglo después, termine con las hostilidades), el estado norcoreano se caracteriza por ser el más parecido, en el mundo real, al enloquecido y paranoico universo de Mil Novecientos Ochenta y Cuatro. Lo poco que se sabe realmente del país consiste en totalitarismo, estalinismo, culto a la personalidad, fabulosos lavados de cerebro y paranoia, mucha paranoia.

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Desfile celebrando el 60º aniversario de la República, en septiembre de 2008. © Eric Lafforgue

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A ciento seis millas de Chicago

– Hay ciento seis millas hasta Chicago, el depósito está lleno, tenemos medio paquete de tabaco, es de noche y llevamos gafas de sol.

– Dale caña

Probablemente, la mejor frase jamás pronunciada a bordo de un Bluesmóvil.


Los vigilantes de la nada

A simple vista, no hay nada que vigilar en la región noreste de Groenlandia: sólo cientos de kilómetros y kilómetros helados en donde lo raro sería encontrar vida. La amenaza de una invasión resulta inverosímil. Sin embargo, existe una patrulla bajo las órdenes del Reino de Dinamarca, un cuerpo de elite que se encuentra entre el más especializado del mundo. El funcionamiento de la patrulla no es ni más ni menos que una perdurable demostración de soberanía, todo sobre un territorio, que se parece en mucho a la nada.

La Patrulla Sirius (Slædepatruljen Sirius), es la encargada de preservar la soberanía danesa en el parque nacional más grande y seguramente, uno de los menos visitados del planeta. Nace en el año 1950 ante un fallo de la Corte Internacional de La Haya que condicionaba la posesión de Groenlandia por parte de Dinamarca a cambio de una demostración de voluntad para poseer la zona, en un escenario de casi nulo poblamiento. Así nacería el Parque Nacional del noreste de Groenlandia con su patrulla.

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El resto de la historia, muy middle of nowhere, se puede leer en Visión Beta, blog recomendado por las autoridades sanitarias como método infalible para reducir la productividad laboral. Como bonus, El verdadero tamaño de la Antártida, en Fogonazos. Próximamente, cuando consiga organizarme, contenido propio y no vulgar copypaste. Uno no tiene la suficiente fama como para dedicarse exclusivamente a eso…

Los letreros gigantes de Rusia

La aparición de Google Maps en el año 2005 supuso una revolución en la manera de ver el mundo de los internautas.  Si bien ya existían servicios en línea de mapas y cartografía en general, éstos eran lentos y poco intuitivos. Ambos problemas los solucionó la compañía de Mountain View con su producto, que pasó a ser una de las herramientas más usadas y conocidas de la llamada «web 2.0». Inmediatamente después de la aparición de Google Maps todo el mundo se puso a buscar su casa, su barrio, su calle, su lugar de vacaciones o cualquier lugar conocido. Muy poco después comenzó la búsqueda de lugares famosos, extraños, curiosos o divertidos, y aparecieron decenas de gigantescos letreros en calles y tejados, originalmente creados para ser vistos desde un avión o helicóptero, y a partir de entonces visibles para todo el mundo. En poco tiempo, en algunos lugares se instalaron grandes anuncios con la idea de que pudieran ser localizados a vista de Google.

Phoenix

Una gigantesca señal de 200 metros de largo apuntando en la dirección de Fénix, en Arizona (ver en Google Maps)

Pero mucho antes de que existiera Google Maps, de hecho, mucho antes de que existiera Internet como tal, en la extinta Unión Soviética ya se dedicaban a realizar descomunales inscripciones glorificando a sus líderes, al Partido o a la nación. La finalidad de semejantes letreros no está clara; quizá mandar un mensaje a los satélites americanos, quizá puro culto a la personalidad. Por todo el inmenso país, en las llanuras siberianas, en el extrarradio de grandes ciudades, en las orillas del Mar Negro o en mitad de los Montes Urales, se encuentran gigantescos homenajes a Lenin, el Partido Comunista, o la Unión Soviética. Seguir leyendo