No hay en el mundo una ciudad más icónica que la capital francesa, ni tampoco más reconocible a simple vista. De la Torre Eiffel a la pirámide del Louvre, la ciudad está llena de lugares emblemáticos famosos en todo el orbe, e incluso sus típicos edificios de apartamentos, las casas Haussmann, son perfectamente identificables de un vistazo, con sus techos abuhardillados de pizarra y sus paredes de color crema. Pero a las afueras de París, en los banlieus que los cuarenta millones de turistas anuales suelen ignorar, hay todo un universo de viviendas sociales, iglesias y edificios públicos que parecen sacados de una película de ciencia ficción, y que son objeto de peregrinaje para los adictos al cemento y al hormigonazo. Hoy, en Fronteras, París Brutal.
