Tokio es enorme; el área metropolitana más grande del mundo abarca una superficie de más de trece mil kilómetros cuadrados y aloja a más de treinta millones de personas. Pero Tokio acaba mucho más allá de lo que uno pudiera imaginar. Acaba tan lejos que, de hecho, su extremo oriental ya ni siquiera está en Asia, sino en Oceanía, a casi dos mil kilómetros de la capital. El lugar donde termina Tokio y también Japón es una isla desierta en mitad de ninguna parte que, sin embargo, podría llegar a cambiar la economía mundial.
