Por qué China se está comiendo poco a poco a Bután

El pez grande se come al chico. El refranero y la geopolítica a menudo se llevan mejor de lo que sería deseable. Bután, vimos ayer, es un pequeño reino de cuarenta mil kilómetros cuadrados, el tamaño de Holanda o Extremadura. Sus ochocientos mil habitantes están encajonados entre las dos potencias poblacionales más grandes del mundo, la India y China, pero su problema no es demográfico, es diplomático. China se está quedando con trozos de Bután porque quiere un pedazo muy concreto, pero Bután no puede dárselo porque la India se lo prohíbe. Así que la pequeña monarquía tibetana se las ve y se las desea para hacer equilibrios entre la espada y la pared.

Un puesto fronterizo butanés (Asia Times)

Bután y China no mantienen relaciones diplomáticas oficiales, algo que puede parececr anómalo  tratándose de dos países que comparten frontera. El pequeño reino himalayo, sin embargo, mantiene una política exterior especialmente restrictiva: solo reconoce a algo más de medio centenar de Estados miembros de la ONU —entre ellos España y Andorra— y no mantiene vínculos formales con ninguno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Hasta 1983 sólo se relacionaba con dos países (India y Bangladés) y no fue hasta 2009 que por fin sobrepasó la veintena de estados con reconocimiento mutuo. Esta política aislacionista está diseñada específicamente para evitar la influencia extranjera en el país, que no deja de ser un territorio pequeño, aislado y poco poblado, y por lo tanto con una cultura muy frágil y sensible al influjo del exterior. Pese a ello, y desde hace medio siglo, ha tenido una relación especial y muy estrecha con la India, que según la época ha llegado a asemejarse a la de un protectorado, aunque manteniendo de forma muy celosa su independencia. La India garantiza la defensa del país, que por sí mismo no tendría la menor oportunidad. El problema es, de nuevo, que Bután es minúsculo y está encajonado entre dos países que suman casi tres mil millones de habitantes, más de un tercio de la población mundial.

China y, bajo las lentes de un microscopio, Bután. China es doscientas cincuenta veces más grande y tiene mil setecientas veces más población que su vecino

La diplomacia China se caracteriza por dos cosas: una es pensar a muy largo plazo, la otra combinar una amplísima sonrisa con el sutil balanceo de un bate de béisbol. Desde hace décadas, Bután y China mantienen reuniones «al más alto nivel» para delimitar sus 400 kilómetros de frontera común. En la época de Mao tomó forma la reclamación china sobre el Tíbet, que incluía los llamados «cinco dedos del Tíbet», una de esas expresiones tan poéticas y aparentemente inofensivas (como «línea de los nueve trazos«) que esconden monumentales ambiciones territoriales. Los cinco dedos en cuestión eran Nepal, Bután, y los hoy estados indios de Arunachal Pradesh, Sikkim y Ladakh. China los consideraba suyos total o parcialmente, así que la actitud de Pekín con Bután a partir de los años 50 fue, digamos, moderadamente agresiva. Para empezar, tras la anexión del Tíbet ocuparon varios enclaves butaneses en el reino. La revuelta antichina de 1959 provocó la huída de miles de refugiados a través de la frontera con Bután, entre ellos el Dalai Lama. La agresividad china llevó a que el reino se echara en brazos de India, que representó al gobierno de Timpu en sus negociaciones con China hasta 1971, cuando el país finalmente obtuvo un asiento en la ONU.

Mapa de las reclamaciones chinas en Bután (fuente). En muchas de ellas, el gobierno de Pekín ya ha construido infraestructuras que le otorgan el control completo sobre aproximadamente seiscientos kilómetros cuadrados de territorio butanés. En total China reclama un 12% del territorio de su vecino

A lo largo de las décadas Pekín ha ido modificando sus reclamaciones sobre el territorio butanés. La política china de exteriores para exponer sus reclamaciones consiste en publicar mapas donde se anexiona lo que considera oportuno, según las necesidades del momento. Así, y a partir de los años setenta, China dejó de exigir la anexión de Bután, sino sólo algunos pedazos. La porosidad de la frontera ha llevado a que China aplique cierta presión sobre su vecino más pequeño; dicha presión consiste en ocupar lenta pero inexorablemente pequeños trozos de territorio internacionalmente reconocido como parte de Bután pero que China muestra en sus mapas como propios. El proceso suele ser parecido: primero los pastores tibetanos comienzan a llevar a sus rebaños al terreno en particular. Luego llegan los soldados para proteger a los pastores. Después se construyen barracones para los militares, y finalmente los ingenieros construyen carreteras hacia China desde allí. Como último paso, se levantan pueblos enteros con casas prefabricadas. Hasta ahora China ha adquirido varios cientos de kilómetros cuadrados de territorio de esa forma, sin que Bután, que tiene menos población que China soldados rasos, pueda hacer nada al respecto.

Construcción de asentamientos al norte de Bután por parte de la República Popular entre 2021 y 2023 (NDTV)

¿Pero qué quiere China en realidad? A Pekín no le interesan lo más mínimo unos poblados en la meseta tibetana, simples monedas de cambio. Lo que de verdad quiere el gobierno chino es la llanura de Doklam, un pequeño territorio al oeste de Bután, menos de cien kilómetros cuadrados sin apenas población ni recursos que fue cedido por el 13º Dalai Lama (el antecesor del actual) en 1913. ¿Y qué interés podría tener la superpotencia en ese pedacito minúsculo del mapa? Bien, hablemos de India y de su punto más débil: el Corredor de Siliguri, más conocido como «el cuello de la gallina»: la única conexión terrestre entre la parte principal del país y sus ocho estados nororientales. Un pasillo de apenas veinte kilómetros de ancho permite a la India mantener la soberanía sobre un cuarto de millón de kilómetros cuadrados, poblados por cincuenta millones de personas. Para mayor diversión, entre los estados del noreste indio está Arunachal Pradesh, que China considera territorio propio como parte del Tibet. Así que en un hipotético conflicto entre las dos superpotencias demográficas, el control de esa estrechísima franja de territorio sería vital para ambos países. Y la llanura de Doklam tiene una vista fantástica sobre él. No sólo eso: si India ocupa la meseta, también obtiene acceso al Tibet. Para China, el control de Doklam significaría una doble ventaja ofensiva y defensiva.

Representación gráfica del «cuello de la gallina» indio (Wikimedia)

 

Mapa de la llanura de Doklam (Wikimedia), indicando el territorio en disputa (entre las líneas fucsia y roja)
Visualización en 3D de la Meseta de Doklam y su acceso tanto al Tibet chino como al corredor de Siliguri indio (Pacom)

En 2017 China intentó aplicar su habitual política de hechos consumados y comenzó la construcción de una carretera hacia el altiplano butanés. El ejército indio tardó poco en reaccionar, e invadió deliberadamente el territorio en disputa (que para la India es indiscutiblemente butanés) para defender los intereses de su vecino. Durante dos meses y medio las tropas chinas e indias se mantuvieron frente a frente hasta que los dos gobiernos decidieron regresar al statu quo ante, o sea, sacar a sus soldados de allí. Desde entonces hasta hoy Pekín ha construido al menos media docena de pueblos en zonas supuestamente en disputa con Bután, y después ha ofreido devolver esas zonas (y entregar otras bajo su control) a cambio del pequeño territorio del occidente del país. Pero Bután no puede entregárselo, porque India no lo va a permitir. Buena parte de la economía del país está subvencionada por Delhi, que además, es, y de muy lejos, su principal socio comercial, y el garante militar de su integridad territorial. Y Delhi no puede permitir que China amenace de manera tan obvia su punto geográficamente más débil. Así que el gobierno butanés no tiene muchas salidas, salvo seguir negociando,  sentar a sus dos descomunales vecinos a la mesa y esperar que se entiendan.

Fuentes y más info: Strange Maps, Ghost Countries, Sovereign Limits, Pacom, Wikipedia.

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