Cómo me enamoré de Skopje, la capital más absurda de Europa

Skopje es un pastiche. Todas las ciudades lo son en mayor o menor medida, la suma de diferentes épocas, visiones urbanísticas y corrientes arquitectónicas, pero la capital de Macedonia concentra una cantidad tal de incongruencias e incoherencias en un espacio tan pequeño que cuando uno camina por sus calles lo único que puede hacer es reírse y disfrutar como un maníaco. Si las ciudades fueran personas, Skopje sería tu amiga la rarita ciclotímica con un pasado emo del que nunca habla y ciertas cicatrices sospechosas en las muñecas, pero que por alguna razón es increíblemente alegre y vive cada día como si fuera el último. Es completamente absurda pero por esa misma razón es imposible no quererla. Hoy en Fronteras: Skopje (se pronuncia Escopia)

Banderas, estatuas y una cruz descomunal. Skopje in a nutshell

El reloj de la estación de ferrocarril de Skopje marca la misma hora desde hace seis décadas. A las cinco y diecisiete de la mañana del 26 de julio de 1963 un terremoto de 6.9 en la escala de Richter destruyó o dañó tres cuartas partes de la ciudad. Mil personas murieron y 200.000 se quedaron en la calle. Para reconstruir la ciudad se lanzó el plan Skopje 1963, una iniciativa del gobierno yugoslavo y de Naciones Unidas; arquitectos de todo el mundo recibieron la invitación para levantar de nuevo la ciudad, y os podéis imaginar lo contentos que se pusieron: presupuestos abultados, libertad creativa y una ciudad devastada como lienzo en blanco. La ocasión perfecta para dar rienda suelta a sus instintos, hacerse un nombre en la historia de la arquitectura y llevar a la realidad algunos de sus sueños más húmedos.

El reloj de la vieja estación de trenes de Skopje, hoy convertido en Museo de la Ciudad
La Ópera de Skopje, otra maravilla setentera

Skopje se convirtió en el patio de recreo de la vanguardia arquitectónica mundial, empezando por el japonés Kenzō Tange, que auspiciado por la ONU diseñó buena parte del plan urbanístico de la ciudad. El desescombro y la reconstrucción de Skopje fue la primera ocasión desde la división de Berlín en los años 40 en la que soldados americanos y soviéticos colaboraron mano a mano; en el ambiente flotaba una sensación de reinicio y se decidió que Skopje se convertiría en una ciudad modelo, un símbolo de la esperanza en un futuro mejor. ¿Y cuál era la tendencia dominante en la arquitectura de autor allá por los sesenta? El brutalismo. En aquel momento particular de la arquitectura, el camino a la utopía pasaba por primar la utilidad sobre la estética y la materia sobre la forma. O dicho en una única palabra: hormigón. Así que se plantaron edificios brutalistas por toda la ciudad, entre ellos, el que sin duda es mi favorito, no ya de Macedonia, o de Yugoslavia, sino de Europa: la Oficina Central de Correos de Skopje

Yo también blasfemé a gritos la primera vez que vi semejante engendro. Es imposible que el arquitecto que diseñó esto (el macedonio Janko Konstantinov) tuviera buenas intenciones, sólo desde la maldad se puede explicar algo así. Es tan atípico y tan fuera de este mundo que uno sólo puede amarlo en toda su fealdad
La central de Correos, a la izquierda, a la derecha, el edificio central de telecomunicaciones de Macedonia, parte del mismo complejo hormigonáceo
El complejo de telecomunicaciones y correos, visto desde el otro lado del río Vardar
Es difícil concebir una fachada así sin odiar al ser humano

La capital macedonia ya tenía unos cuantos siglos de historia y varias destrucciones a sus espaldas para cuando quedó arrasada en 1963. La ciudad fue fundada hace algo más de dos mil años. Situada en el corredor que va de Atenas a Belgrado, y también en mitad del camino de Sofia a Tirana, su localización estratégica la ha llevado a ser parte de media docena de imperios, y capital de dos de ellos (el búlgaro, en el siglo X, y el serbio, en el XIII). Durante más de quinientos años fue parte del Imperio Otomano, hasta que en 1912 quedó de nuevo bajo control serbio. Todo ese vaivén de conquistas y reconquistas lógicamente dejó su poso en la ciudad, pero lo más evidente es su medio milenio de pasado turco, representado por el Viejo Bazar, un mercado que hunde sus raíces en el siglo XII, cuando Skopke era parte del Imperio Bizantino. Hoy en día el Bazar es un mosaico de mezquitas, restos bizantinos, restaurantes típicos y, sobre todo, joyerías y tiendas de vestidos de novia adaptadas al moderno gusto turco, que en Europa Occidental calificaríamos de manera diplomática como «bastante discutible», pero quiénes somos nosotros para juzgar.

Una calle del Bazar de Skopje. Nótense las bandericas albanesas y kosovares ondeando junto con la macedonia
Una de las muchísimas boutiques para novias del bazar
Joyerías en el bazar de Skopje

Si Skopje consistiera en mezquitas turcas, iglesias bizantinas y brutalidades cósmicas de hormigón sería un lugar curioso, pero la ciudad, como el país, tiene un serio problema de identidad. Algo así como tu amiga la emo del primer párrafo. El Gustavo Adolfo Bécquer balcánico se cuestiona: ¿Qué es Macedonia?, preguntas mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. ¿Y tú me lo preguntas? Macedonia eres tú. Porque realmente definir qué es Macedonia, más allá de la entidad administrativa, es algo complicado. Tan complicado, que, para empezar el país no se llama Macedonia, sino Macedonia del Norte. Macedonia del Sur no existe, es Macedonia a secas y es una región griega. Pero durante veintisiete años Grecia y Macedonia (del Norte) mantuvieron una disputa bastante amarga sobre el nombre del país, que bloqueó el acceso de los macedonios a la ONU, a la OTAN o a los fondos de la Unión Europea.

En Skopje, y en menor medida en el resto del país, es imposible mirar a cualquier parte sin ver al menos una o dos banderas gigantes. Al menos es bonita

El resumen de la disputa (que fue tratada convenientemente en Fronteras allá por 2018) es que Macedonia (el país) se declaró heredero de la Macedonia clásica, basándose únicamente en que se llaman igual. Luego ya un puñado de filólogos e historiadores retorcieron y torturaron hechos y palabras para vestir la reivindicación con un traje pseudocientífico. Lo cierto es que Macedonia como entidad administrativa no existió hasta el final de la II Guerra Mundial, y el nombre de Macedonia llevaba unos cuantos siglos en el olvido cuando a finales del XIX y principios del XX el auge de los nacionalismos balcánicos contra el Imperio Otomano lo resucitó, también para lo que hoy es la región griega. Como consecuencia, la identidad nacional macedonia es ligeramente frágil, y tras la independencia se sustentó en teorías pseudohistóricas que se inventaron una continuidad entre el Reino de Macedonia y la Macedonia actual. El proceso se conoció como Antiquización, y en la capital del país se tradujo en un plan urbanístico absolutamente enloquecido llamado Skopje 2014.

Arco del triunfo (de qué triunfo, cabría preguntarse) inaugurado en 2009 a 200 metros de la Plaza Macedonia
Estos dos edificios increíblemente pretenciosos son las sedes de las compañías eléctrica y de aguas. Detrás, con profusión de banderas, la Fortaleza de Skopje, que se comenzó a construir en el Siglo VII
El Museo Arqueológico nacional, junto al río Vardar
Fiscalía General del Estado y Ministerio de Asuntos Exteriores, en la misma orilla del río que el Museo de la foto anterior. Nótense las múltiples estatuas en la azotea del segundo edificio
Obras de recubrimiento con cosas pseudogriegas de las oficinas centrales de la compañía eléctrica estatal (fuente)

Skopje 2014 consistió fundamentalmente en falsear la historia de la ciudad, por un lado para hacerla más clásica y por otro para hacerla más macedonia, y establecer así el hilo de unión entre la Macedonia del siglo VI antes de nuestra era y la de hoy. Lo primero lo intentaron recubriendo de pladur y plasticurri el hormigón de los edificios brutalistas del Plan 1963 para convertirlos en piezas neoclásicas. Lo segundo llenando la ciudad con una cantidad absolutamente asombrosa, inconcebible, desmesurada, inabarcable, de estatuas. No existe una ciudad en todo el planeta Tierra con una proporción de estatuas públicas por habitante más alta, hasta tal punto que existe el juego de ver cuántas es capaz de contar uno en un periodo determinado (yo conté 87 en una hora, 28 de ellas en el mismo puente)

Puente frente al museo arqueológico de Macedonia, adornado con 28 estatuas de próceres locales. Como Macedonia es pequeñlita, basta con haber salido en la tele yugoslava un par de veces para que te pongan una estatua en la ciudad
Estatua de Filipo de Macedonia (oficialmente llamada «Guerrero» para evitar el conflicto con Grecia) cerca del centro de Skopje. La estatua y el pedestal conjuntamente tienen 28 metros de alto. Nótense las otras nueve estatuas en el edificio de detrás, y la media docena que adorma el pedestal.
Las cinco primeras fotos están tomadas en el mismo parque, en un radio de veinte metros. La sexta (abajo a la derecha) está junto al puente con 28 estatuas que lleva al Museo Arqueológico. Es una auténtica diarrea estatuaria lo de esta ciudad

Setecientos millones de dólares en pladur y estatuas más tarde, el gobierno nacionalista fue reemplazado por uno también nacionalista, pero algo más práctico, que procedió a cambiarle el nombre a cosas importantes, empezando por el propio país, siguiendo por el aeropuerto de la capital y por la principal autopista del país, ambos denominados en honor a Alejandro Magno. La estatua del heroico general de la antigüedad clásica que preside la principal plaza de Skopje («Guerrero a caballo») nunca llegó a llamarse Alejandro Magno, pero absolutamente todo el mundo sabe que se trata de él, igual que la gigantesca efigie que hay a 500 metros representa a Filipo de Macedonia.

La estatua de Alejandro Magno de la Plaza Macedonia tiene 28 metros de alto y costó 8 millones de euros. En la imagen, vista desde el Puente de Piedra
La estatua es más alta que todos los edificios que la rodean, así que es visible desde casi cualquier punto de la ciudad
Alejandro Magno, visto desde el museo de la ciudad (la antigua estación de tren), a seiscientos metros de distancia
Buena parte de los autobuses públicos de Skopje son de estilo londinense. Ya eran tradición en la ciudad cuando el terremoto de 1963 destruyó la mayor parte de la flota en las cocheras; en 2012 y como parte del plan de remodelación urbana se compraron 70 unidades a China

Hablando del nombre de Macedonia, ¿nunca os habéis preguntado por qué se llama así a la ensalada de frutas? La culpa también es de Alejandro Magno, no ganamos para disgustos con este hombre. Durante los 32 años que vivió amasó un imperio que iba de los Balcanes al Indo y del Nilo a Samarcanda, agrupando bajo su mando una cantidad inabarcable de pueblos y culturas. En la Francia del Siglo XVII se empezó a llamar «macedonie» a cualquier conjunto heterogéneo de cosas, y así acabamos llamándole macedonia a mezlcar un trozo de piña con dos gajos de mandarina y media manzana. ¿Y cómo le llaman a la macedonia en Macedonia? Esa pregunta me la hizo mi hijo el mayor y yo se la planteé al recepcionista de mi hotel en Skopje. La respuesta, no por lógica menos decepcionante, fue «ensalada de frutas». Yo ya me imaginaba que le dirían «Dinamarca» o «Camboya», y que existiera una larga cadena de países nombrando la ensalada de frutas con el nombre de otro país. 

«Todo me recuerda a ella» (Museo Nacional de Macedonia, situado en unos antiguos baños turcos)

No muy lejos de la estatua de Alejandro Magno, perdón, «Guerrero a Caballo», se encuentra la Casa Museo homenaje a Santa Teresa de Calcuta. La famosa monja era de etnia albanesa (y el aeropuerto de Tirana lleva su nombre), pero nació en Skopje y vivió allí hasta los 18 años, cuando se fue a Irlanda. El edificio que la homenajea es un modelo de la ciudad a escala: un pastiche absolutamente atroz, carente de sentido y construido con lo que parecen dosis infinitas de pura maldad. Como si un niño no especialmente dotado hubiera superpuesto piezas de Lego Duplo. Como si un gigante se hubiera detenido en la ciudad a hacer de vientre. Como si alguien hubiera metido un chalé adosado en una trituradora. Podría pasarme párrafos enteros glosando la fealdad de la pequeña construcción, pero citaré a Divna Pencic, profesora de arquitectura en la Universidad Cirilo y Metodio de la capital (otro hito arquitectónico hormigonáceo fascinante, por cierto):

Es como alguien vestido sin gusto alguno, con botas de agua, medias de encaje, una falda brocada y una camisa de seda china, todo emperifollado con exceso de adornos y culminado con lo que parece ser un casco de astronauta. Si no se tratara de conmemorar a una figura tan importante, el edificio podría haber sido impunemente estrafalario. Pero resulta muy ofensivo.

En serio. EN SERIO
Un millón de euros se gastaron en este mojón, lo prometo
Con tantas estatuas se les agotó el presupuesto para pintura
«Nos preguntamos si podíamos hacerlo, pero se nos olvidó preguntarnos si debíamos hacerlo»
Junto al homenaje a Santa Teresa de Calcuta se encuentra esta iglesia ortodoxa (Santos Constantino y Helena) que lleva en construcción desde 2012, y se quedó sin fondos unos años después. Debe ser la única iglesia ortodoxa brutalista del mundo

En el Arco de Triunfo (insisto: ¿de qué triunfo hablamos?) hay cuatro placas con citas de Santa Teresa de Calcuta sobre diversos temas, incluida una que reza «La mayor amenaza a la paz mundial es el aborto«. Únicamente el 0,37% de los macedonios son católicos; la religión mayoritaria es el cristianismo ortodoxo, pero después de medio milenio de dominio turco, aún quedan varios cientos de miles de musulmanes (un tercio de la población). Eso no fue óbice para que en el año0 2002 el gobierno, el mismo que acabaría pergeñando el plan Skopje 2014, decidiera construir lo que denominaron (incorrectamente) la cruz más alta de Europa en los montes que dominan la ciudad. Un año antes el país se había visto sacudido por la insurgencia que se filtraba desde Kosovo, y el gobierno pensó que sería buena idea celebrar dos milenios de cristianismo con una cruz gigante que, de paso, dejara claro quién ostenta la mayoría demográfica. La Cruz del Milenio es visible desde cualquier lugar de la ciudad, de día o de noche, cuando se ilumina con miles de LEDs.

La Cruz del Milenio y a su lado la torre de la televisión macedonia, los dos edificios más altos del país

Hace unos meses conté cómo empotré mi coche de alquiler en una duna del desierto, y hoy me toca contar cómo casi lo despeño en un monte macedonio. Resulta que a la Cruz del Milenio se puede subir en un teleférico muy aseado y bastante barato que lleva doce años funcionando, pero yo me había pasado el día haciéndole fotos a estatuas y edificios de hormigón y se me pasó la hora de cierre. Así que pensé en subir en coche. Según Google Maps hay una carretera muy maja que asciende la ladera del monte hasta el pie de la cruz, así que allí me planté yo, bastante pasada la medianoche, con mi coche de alquiler, dispuesto a trepar como un jabato. Lo que yo no sabía es que la única carretera que sube hasta la cruz es la carretera de servicio del teleférico, cuyo uso está vetado al público. Quiso el azar que la barrera que bloquea el acceso a la carretera estuviera levantada, y que justo cuando yo aparecí por allí un coche emergiera de la oscuridad, así que pensé, con la carencia de conexiones neuronales que me caracteriza, que si un macedonio del norte podía colarse en una carretera de servicio, yo, un español conduciendo un coche con matrícula albanesa, también podría.

La Cruz del Milenio vista desde el Viejo Bazar de Skopje

Medio kilómetro dentro del camino boscoso llegué a la conclusión de que ni en mis sueños más húmedos podría recorrer los seis kilómetros restantes hasta la cima. La carretera se asfaltó precariamente hace veinte años y ha recibido un total de cero mantenimiento desde entonces, así que es básicamente una sucesión de agujeros insondables, baches vertiginosos y vacíos existenciales donde el asfalto es un recuerdo. Mientras buscaba un lugar donde dar la vuelta, un par de faros aparecieron de la nada y se me pegaron al parachoques trasero. Maldiciendo a partes iguales mi suerte y el escaso desarrollo de mi lóbulo prefrontal aceleré para despegarme de los amenazantes focos, sin éxito. Una y otra vez intenté alejarme de lo que ya empezaba a resultar amenazante, y todas ellas acabé sintiendo el aliento del miedo en la nuca. Por resumir la situación, estaba en mitad de la madrugada recorriendo un camino de acceso restringido, sin cobertura en el móvil, sin que nadie conociera mi paradero, en un país del que no sólo no entendía el idioma sino siquiera el alfabeto, y siendo acosado por un coche desconocido en una carretera hecha pedazos. Entre otras maneras de morir se me ocurrían devorado por un oso, tiroteado por la policía o asaltado por mafiosos albanokosovares, así que seguí zigzagueando por la precaria lámina de asfalto monte arriba.

Alone in the dark, pero no mucho

Después de mucha curva y mucho susto llegué a la torre de televisión, aún en obras. A esa altura el camino era unos quince centímetros más ancho que mi coche y terminaba cayendo a pico por el lado opuesto a al construcción. Decidí que el coche que me seguía no tenía que ser necesariamente un convoy de mercenarios ex yugoslavos con una docena de cadáveres literales en su jardín trasero y me bajé a preguntarles. Dos parejas de jóvenes, ellos con, efectivamente, aspecto de acumular más delitos que la directiva del Fútbol Club Barcelona, y ellas con pinta de no estar allí gratis, me esperaban impacientes cuando me acerqué a la ventanilla del conductor. Con un acento digno del peor de los malos de película de serie B me informaron de que sin duda podría cruzar el cuello de botella, y de que que podría aparcar mi coche cien metros más allá. Y eso hice, todavía con el corazón saliéndoseme por la boca. Un par de docenas de fotos de pésima calidad más tarde empecé el agónico camino de regreso, con la esperanza de no cruzarme ningún coche en un camino tan estrecho donde no había casi lugares para apartarse. A eso de las dos de la mañana llegué por fin a mi hotel, después de hora y media de aventura tan absurda como innecesaria. Pero bueno, como siempre digo: hemos venido a jugar. Y yo puedo decir orgulloso que conquisté la cima de Skopje, la capital más absurda de Europa.

La Cruz del Milenio de Skopje, de noche, vista desde el pie del monumento
Las vistas de la ciudad desde ahí arriba la verdad es que merecían bastante la pena

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21 respuestas a “Cómo me enamoré de Skopje, la capital más absurda de Europa

  1. Avatar de A3 A3 24-octubre-2023 / 11:55 am

    La ciudad se asemeja a la habitación de un friki
    Figuras everywhere y mezcolanza de colecciones

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  2. Avatar de cob cachucha 24-octubre-2023 / 1:07 pm

    Gracias Diego, no sé si me has dejado con muchísimas ganas o con ninguna…

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  3. Avatar de Buxa Buxa 24-octubre-2023 / 4:00 pm

    Comentas la relación del país y la ciudad con Yugoslavia, Albania y Turquía. ¿Que pasa con Bulgaria?

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  4. Avatar de Francisco de la Cal Francisco de la Cal 24-octubre-2023 / 9:51 pm

    Decirte que tienes mas bemoles que la 9ª Sinfonía para hacer lo que haces y como lo haces.
    Respecto a la ciudad, pues que quieres que te diga: me mola un huevo.
    Para ponerte en contexto: Soy de los pocos madrileños a quiénes no gusta esa especie de ballena que hay en la Puerta del Sol y que el cabildo madrileño quiere cepillarse. Dios no lo quiera.

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  5. Avatar de Matias ND Matias ND 25-octubre-2023 / 4:29 am

    Me resulta extremadamente llamativo que en un país mayoritariamente musulmán, como lo es Albania, tenga su aeropuerto principal nombrado en honor a una de las figuras católicas más importantes del siglo XX, y que ni siquiera nació en el país.

    También me llama la atención esa dualidad que tiene macedonia. Se preocupan por la venida musulmana a su país y entonces deciden crear una cruz gigante que se vea desde toda la capital, pero sin problemas tienen por ahí banderas albanesas y kosovares. Tal vez en otra región no sea tan raro, pero estamos hablando de los Balcanes, donde de mera casualidad no tiene un conflicto a punto de estallar, en este momento donde hay dos conflictos armados importantes, más un tercero en Sudámerica que parece pronto para gestarse.

    Por otro lado, ese talento de meter coches por donde no se debe es fabuloso.
    Que viene después? Tomar un desvío por la carretera rumbo a Pripiat, y por error parar al lado del reactor de Chernobil?

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  6. Avatar de DLN DLN 26-octubre-2023 / 12:38 am

    Yo me fui este mismo año en coche desde España hasta allí. No sabía qué esperar pero la sorpresa fue muy grata. También nos sorprendió la exagerada cantidad de estatuas que hay desperdigadas en la ciudad y las dimensiones de las mismas. El bazar es encantador y sin duda un contraste enorme con el resto de la ciudad. Como anécdota merece la pena comentar que cuando íbamos con el coche hacia Kosovo nos perdimos en un barrio muy «extraño» a las afueras de Skopje que, a posteriori, descubrí que era uno de los mayores núcleos de población romaní de Europa. Cuando iba conduciendo por esas calles me llamó la atención la cantidad de niños harapientos que deambulaban por allí, la acumulación de basuras y el pésimo estado del firme, fue el único momento de nuestro viaje por los Balcanes en el que pasé algo de miedo.

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    • Avatar de miguel J miguel J 9-mayo-2025 / 1:53 pm

      Hola,eso quiero hacer yó a ser posible con 1-2 quese apunten y busco datos de los paises por donde se pasa,hoteles,moneda etc. Gracias si pudes informar

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  7. Avatar de Karji Karji 30-octubre-2023 / 7:49 pm

    FYROM molaba más como nombre.
    Un acrónimo siempre mejor

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  8. Avatar de Marius Marius 6-noviembre-2023 / 12:00 am

    Debe ser como un parque de diversiones a lo Disney, toparse con tal mezcla de estilos arquitectónicos, como bien dices: Es tan mala que resulta tener su encanto.

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  9. Avatar de Victor Rosas Victor Rosas 9-noviembre-2023 / 9:47 pm

    Al final quedé con la intriga de qué iba a hacer el otro auto en la carretera de servicio del teleférico en la madrugada.

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  10. Avatar de Дарко Панчев Дарко Панчев 27-noviembre-2023 / 8:23 pm

    Skopje / Скопје se pronuncia SCÓPIE ou SKÓPIE se lo preferís.

    Eso de Escopia no se de donde lo sacas, la S es S no ES que eso es cosa de los hispanohablantes que son mas curtos que la cua de una gamba a nivel pronunciación.

    Como Estart en cuando se pronuncia START tal cual y sin comer la T final … en fin, no sé por qué estoy perdiendo el tiempo.Велики поздрав од Скопје друже!

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  11. Avatar de aryehcapella aryehcapella 1-octubre-2024 / 10:12 pm

    Estuve alli la semana pasada y el centro y sus estatuas están bastante descuidados. Hay un megamall que casi devora al museo de la estación de tren y se ven muchísimas menos banderas albanesas.

    Eso sí,se sigue comiendo muy bien y la gente es muy amable.

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