La tierra que nadie quiere

El término tierra de nadie, o Terra Nullius, suele usarse para designar un territorio no reclamado por nadie o sobre cuya propiedad no existe ningún tipo de reclamación. A nivel internacional, Terra Nullius es aquel territorio no reclamado por ningún estado, o sobre el que ningún país o ente tiene soberanía alguna. El concepto fue usado durante la colonización con total alegría para considerar cualquier tierra en la que vivieran aborígenes como no ocupada, y así poder repartirla legalmente entre los colonos. En la actualidad, el caso más evidente es la Antártida. Todo pedazo de tierra que sobresalga del mar al sur del paralelo 60 es, por definición, tierra de nadie, merced al Tratado Antártico, que congela las reclamaciones de soberanía en el territorio polar.

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La gran tarta de hielo antártica. En puridad, únicamente el territorio comprendido entre los meridianos 90º O y 150º O puede ser calificado de Terra Nullius, al no existir ninguna reclamación sobre él. Otro día nos ocuparemos de ese asunto.

Además de ese inmenso pedazo de hielo, sólo existe un lugar en todo el planeta Tierra que actualmente se pueda calificar de tierra de nadie. Se trata de Bir Tawil, un pequeño triángulo de desierto entre Sudán y Egipto que ninguno de los dos reclama. De hecho, ambos países lo reconocen oficialmente como territorio del país vecino. Ningún otro país tiene acceso al territorio. No es de nadie. Si siempre quisiste ser David Livingstone, esta es tu oportunidad. Bienvenido al siglo XIX.

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La soledad del corredor de fondo

Siempre he pensado que los maratonianos están hechos de otra pasta distinta a la del resto de los mortales. Uno, que se asfixia cada vez que tiene que correr para que el autobús no se escape, y que se agota subiendo cuatro pisos de escaleras, se echa a temblar cuando piensa en 42 kilómetros, uno detrás de otro, de asfalto. Pero se me ocurre algo peor. Que la carrera no sea sobre asfalto, sino sobre tierra, nieve, hielo o arena del desierto. Y que además no sea de 42 kilómetros y pico, sino de 50. O de 75. O de 100. Hoy daremos un garbeo por las carreras más duras, extrañas y exóticas del mundo.

Una de las carreras más duras imaginables es la maratón de montaña. A la longitud del recorrido se añaden los enormes desniveles a salvar a lo largo de la carrera. En el pico más alto de Europa se disputa la Maratón del Mont Blanc, una carrera en la que los participantes deben salvar un desnivel de más de mil metros… dos veces. El recorrido pasa cerca del trifinium entre Suiza, Francia e Italia, por cierto. El récord de la carrera está por encima de las tres horas (la mejor marca en la maratón tradicional está muy poco por encima de las dos). Pero tanto mérito o más que los que acaban primeros tienen los que acaban como farolillo rojo. El año pasado los dos últimos en llegar a la meta fueron Peter y Moira Reed, dos británicos que terminaron la prueba en 8 horas y 40 minutos. Pero llegaron.

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