A primera vista puede parecer la evolución de un renacuajo o de un organismo pluricelular devorando un cadáver, pero el GIF sobre estas líneas no pertenece al reino de lo microscópico, precisamente. Lo que muestra es la evolución del Cráter de Batagaika entre 1991 y 2024, vista desde las imágenes del satélite. Cada año se hace más grande. Porque en realidad, no es un cráter y no lo provocó ningún meteorito. Simplemente, un día, apareció. ¿Qué es, dónde está y por qué se está haciendo más grande el cráter de Batagaika?. A eso vamos.
Middle of nowhere
Queimada Grande, la isla del clickbait (y, secundariamente, de las serpientes, también)
«La isla más mortífera de la Tierra». Así se presenta al mundo Queimada Grande,, una isla frente a las costas del estado brasileño de Sao Paulo, treinta kilómetros mar adentro en las aguas del Océano Atlántico. Es más conocida con el sobrenombre de Isla de las Serpientes, por la presencia de una especie de ellas que no se encuentra en ningún otro lugar: Bothrops insularis, o serpiente cabeza de lanza dorada. Es una víbora especialmente venenosa, que se alimenta a base de cualquier bicho que encuentre a su alcance, sobre todo pájaros, y cuyo veneno es extremadamente útil para desarrollar antídotos. La isla está fuera de límites para cualquier persona que no sea un científico, zoólogo o investigador, y la marina brasileña se encarga de ahuyentar a cualquier intruso. Hasta aquí los hechos. Todo lo que viene después es la historia de cómo Internet convirtió una isla desconocida en el ángel exterminador.

Vivir al norte del Norte: Barrow, Alaska. El techo de EE.UU.
Calles sin asfaltar, ninguna carretera que llegue al pueblo, los precios más altos de todo el país, setenta días consecutivos sin luz solar durante el invierno y temperaturas bajo cero nueve meses al año. En las afueras de la localidad hay dos cosas: el hielo del Océano Glacial Ártico y osos polares. En sus calles, un barro gris y mugriento que lo cubre todo. No parece el lugar más apetecible del mundo para vivir, y aún así más de cinco mil personas lo llaman casa. Hoy nos vamos de viaje a Utqiagvik, el pueblo antes (y ahora) conocido como Barrow, el lugar habitado más septentrional de Estados Unidos: setenta y un grados norte.

El Atolón de Johnston y la guerra contra las hormigas locas que escupen ácido
«Hormigas locas amarillas» no es la clase de denominación taxonómica que deja demasiadas dudas respecto a la ferocidad de una especie. Desde luego es mucho más descriptiva que Anoplolepis gracilipes. La hormiga amarilla es el caballo de Atila del reino animal, una especie invasora que provoca el caos y el colapso ecológico allí donde llega. Y suele llegar a muchos sitios, generalmente en los mismos barcos en los que lo hacen los humanos. Así que cuando aparece en un lugar que se ha pasado aislado siglos o milenios, pongamos una isla en lo más remoto del Océano Pacífico, suele provocar resultados catastróficos. Y eso fue lo que sucedió en el Atolón Johnston en el año 2010. Lo que siguió fue una guerra sin cuartel para erradicarlas de la isla. Una batalla desigual que sólo podía acabar de una manera: el genocidio fórmico.

El grafiti más remoto (e innecesario) del mundo
Sobre el gris del Océano Glacial Antártico sobresalen los bordes de la caldera de un volcán activo. Desde lejos parece una isla normal, pero en realidad posee la forma de una herradura. La piedra oscura es el reino de los pingüinos barbijos, que tienen en la isla su mayor colonia en todo el planeta. Cientos de focas y decenas de especies de aves marinas también llaman hogar a las ensenadas y montañas de la isla. En su superficie, los restos de sucesivas oleadas de expedicionarios contemplan soles de madrugada y las larguísimas y heladas noches de invierno. El ser humano más próximo está normalmente a más de cien kilómetros, y cualquier lugar merecedor de ser llamado civilización cae a más de un millar. Y allí, exactamente allí, en la Isla Decepción, alguien hizo una pintada, la más meridional, la más remota, y probablemente la más innecesaria del mundo.

Barhout, el pozo sin fondo donde habitan los demonios
En un rincón desértico de la Península Arábiga hay un agujero en el suelo. No parece un dato especialmente interesante, pero lo es. No es un boquete común, ni un pozo petrolífero; es un crater enorme, de treinta metros de ancho, y es tan profundo que hasta hace bien poco nadie había visto su fondo, pese a que lleva millones de años en el mismo sitio. Nada de lo que entra puede volver a salir salvo que tenga alas, y su existencia ha generado todo tipo de leyendas en los alrededores, y no es de extrañar: es tan remoto, tan profundo y tan complejo que nadie lo exploró en su totalidad hasta nada menos que 2021. Hoy en Fronteras, el Pozo del Infierno de Yemen.

El rancho australiano que es más grande que cincuenta países
El Lago Eyre es probablemente una de las mayores exageraciones toponímicas de la geografía mundial. Llamar lago a una tierra árida y sedienta que recibe algo de humedad una vez cada varios años es toda una hipérbole. Cada medio siglo o así, la lluvia permite que el suelo seco y salado se cubra de agua hasta donde alcanza la vista, y entonces sí es un lago, pero el resto del tiempo es una parte más del desierto que le rodea. Y en ese desierto en medio del ya de por sí desértico Outback australiano, alguien fue tan audaz como para establecer un rancho, que siglo y medio más tarde es no sólo el más grande del mundo, sino el más enorme que jamás haya conocido la humanidad. Anna Creek Station, una hacienda del tamaño de Eslovenia.

Ksar Draa, la fortaleza abandonada en el desierto de la que no sabemos nada
El Desierto del Sáhara. Un océano de dunas hasta donde alcanza la vista. Absolutamente nada se alza del suelo más de medio metro en decenas de kilómetros a la redonda. Sobre la arena, se levanta una estructura circular antigua, una fortaleza, o tal vez un palacio. Quizás una simple parada para caravanas. Los nómadas bereberes que habitan la zona le llaman Ksar Draa. ¿Quién lo construyó? ¿Cuándo? ¿Y para qué? Esas son tres de las preguntas que, a día de hoy, no tienen respuesta. Hoy, en Fronteras, las ruinas más misteriosas del Sáhara.

Viento del Norte: el ferrocarril de los pueblos originarios del Canadá
De una antigua ciudad en el norte canadiense, hoy devenida pueblo, parte con rumbo sur uno de los ferrocarriles más extraordinarios del mundo. Si no es el único, es uno de los pocos que frena para en absolutamente cualquier punto de la línea para recibir o dejar pasajeros. Y, más extraordinario aún, si no estás donde acordaste esperarlo, aunque el convoy esté bajo el azote de una tormenta de nieve en el medio de Labrador; no se marcha hasta no saber de vos. Bienvenidos al Tshihuetin, el viento del norte.

(Como el lector habrá deducido del voseo del párrafo anterior, la anotación de hoy corre a cargo de uno de nuestros artistas invitados. En concreto de Santiago Cuadro, viejo conocido que ya nos ha honrado en otras ocasiones. No interrumpo más. Sigan leyendo. Es una orden)
Los Olvidados de la Isla de San Pablo
Los siete guardianes vieron como el barco se marchaba con el resto del personal que había trabajado en la isla con ellos durante los últimos meses. Se quedaban al cuidado de un peñasco minúsculo en mitad del Océano Índico, a miles de kilómetros de cualquier lugar habitado, con la idea de preparar las instalaciones, ahora vacías, para el largo invierno austral. Era marzo de 1930, y les dijeron que en un par de meses regresarían a por ellos. Pero no lo hicieron. Los siete guardianes quedaron abandonados a su suerte en mitad de la más absoluta de las nadas. Hoy en Fronteras: Los Olvidados de la Isla de San Pablo.
