«Haz turismo invadiendo un país», cantaban los Celtas Cortos allá por 1990. Menos de un par de décadas antes, un millonario norteamericano había decidido que puestos a hacer turismo, qué mejor que ir a un país al que nadie hubiera ido nunca antes. ¿Y cómo se puede hacer algo así, en un mundo que ya ha sido explorado y cartografiado por completo? Pues inventándose un país, claro. Y eso fue lo que hizo: buscar una isla desierta y fundar su propia nación, basada en los principios libertarios de libertad económica, política y personal, una utopía sin impuestos ni subsidios, donde todos los intercambios son voluntarios. Y duró exactamente siete meses.
La mayor parte de Minerva está bajo treinta centímetros de agua en el mejor de los casos (Kia Koropp)
Poco se podían imaginar en el pueblo almeriense de Laujar de Andarax que las andanzas de uno de sus hijos predilectos acabarían dando forma a uno de los conflictos territoriales más complejos del siglo XXI, sobre todo porque Pedro Murillo Velarde nació allí a finales del siglo XVII. Y sin embargo así es. Velarde se metió a misionero y acabó en Filipinas, donde en 1734 publicó el mejor mapa del archipiélago hasta la época, que se conoce precisamente como Mapa de Velarde. Casi tres siglos después ese mapa fue uno de los que utilizó el gobierno del país para defender su postura en una disputa, la del Mar de China Meridional, que involucra a al menos seis países y cuyas ramificaciones se extienden mucho más allá de su área geográfica, hasta llegar hasta la lucha por la primacía mundial en el próximo siglo.
Guardacostas filipinos y chinos se enfrentan en el Mar de China Meridional (Reuters)
Un ferry une cada media hora el puerto de La Valeta con el de Birgu, a la que en italiano y desde el Sitio de Malta se conoce como Vittoriosa. Las callejuelas de Birgu, Bormla (Cospicua en italiano) y Senglea forman lo que conjuntamente se denomina las Tres Ciudades, que concentraban la mayor parte de la actividad económica de la isla antes de la fundación de La Valeta. No es un lugar «imprescindible» según las guías de viaje maltesas, pero sí extremadamente recomendable, especialmente en un día laborable y soleado de invierno, cuando las calles residenciales aparecen vacías salvo por sus habitantes y dueños, que son pocos. En el extremo de Vittoriosa está el Fuerte de San Ángel (Forti Sant’Anglu), reconstruido tras el asedio, y hoy sede de museos y exposiciones. En la otra punta del pueblo, está el Museo de Malta en guerra. En la península contigua (Senglea) está el Fuerte de San Miguel (Forti San Mikiel), el único de los tres que sobrevivió a los turcos. A las afueras de Bormla, es decir, a medio kilómetro del puerto, están las murallas de la Cottonera, las fortificaciones levantadas en el siglo XVII para proteger la ciudad y el puerto. El paseo por las Tres Ciudades es un recorrido por la historia de Malta y sus guerras, desde la llegada de los Hospitalarios hasta los bombardeos nazis durante la II Guerra Mundial, cuando según los malteses, la isla se convirtió en «el lugar más bombardeado de la Tierra».
Malta tiene un malcapasos… que le ayuda al colazón
Viajar fuera de temporada tiene sus inconvenientes. El tiempo, principalmente. Eso y que dos tercios de la infraestructura turística estén cerrados. Pero también tiene sus ventajas obvias. El precio, claro. Subirse a un avión por la mitad de lo que cuesta un taxi. Pagar por una noche de hotel lo mismo que por un par de menús Big Mac. Pero sobre todo la sensación de estar viendo el lugar en su esencia real, no el escaparate que se muestra a los turistas entre mayo y septiembre. Los turistas lo somos todo el año, pero viajar en enero a un destino clásico de sol y playa otorga una sensación de privilegio, producto de, bueno, algo tan sencillo como tener lugares increíbles casi para uno solo. Así que un miércoles de enero nos subimos al Ryanair más próximo y nos plantamos por primera vez en Malta, el penúltimo de los países de la Unión Europea que me faltaban por tachar de la lista. Pocos países me han sorprendido tanto para bien.
«La isla más mortífera de la Tierra». Así se presenta al mundo Queimada Grande,, una isla frente a las costas del estado brasileño de Sao Paulo, treinta kilómetros mar adentro en las aguas del Océano Atlántico. Es más conocida con el sobrenombre de Isla de las Serpientes, por la presencia de una especie de ellas que no se encuentra en ningún otro lugar: Bothrops insularis, o serpiente cabeza de lanza dorada. Es una víbora especialmente venenosa, que se alimenta a base de cualquier bicho que encuentre a su alcance, sobre todo pájaros, y cuyo veneno es extremadamente útil para desarrollar antídotos. La isla está fuera de límites para cualquier persona que no sea un científico, zoólogo o investigador, y la marina brasileña se encarga de ahuyentar a cualquier intruso. Hasta aquí los hechos. Todo lo que viene después es la historia de cómo Internet convirtió una isla desconocida en el ángel exterminador.
«Hormigas locas amarillas» no es la clase de denominación taxonómica que deja demasiadas dudas respecto a la ferocidad de una especie. Desde luego es mucho más descriptiva que Anoplolepis gracilipes. La hormiga amarilla es el caballo de Atila del reino animal, una especie invasora que provoca el caos y el colapso ecológico allí donde llega. Y suele llegar a muchos sitios, generalmente en los mismos barcos en los que lo hacen los humanos. Así que cuando aparece en un lugar que se ha pasado aislado siglos o milenios, pongamos una isla en lo más remoto del Océano Pacífico, suele provocar resultados catastróficos. Y eso fue lo que sucedió en el Atolón Johnston en el año 2010. Lo que siguió fue una guerra sin cuartel para erradicarlas de la isla. Una batalla desigual que sólo podía acabar de una manera: el genocidio fórmico.
Parece un portaaviones inamovible porque es exactamente eso (Reddit)
Sobre el gris del Océano Glacial Antártico sobresalen los bordes de la caldera de un volcán activo. Desde lejos parece una isla normal, pero en realidad posee la forma de una herradura. La piedra oscura es el reino de los pingüinos barbijos, que tienen en la isla su mayor colonia en todo el planeta. Cientos de focas y decenas de especies de aves marinas también llaman hogar a las ensenadas y montañas de la isla. En su superficie, los restos de sucesivas oleadas de expedicionarios contemplan soles de madrugada y las larguísimas y heladas noches de invierno. El ser humano más próximo está normalmente a más de cien kilómetros, y cualquier lugar merecedor de ser llamado civilización cae a más de un millar. Y allí, exactamente allí, en la Isla Decepción, alguien hizo una pintada, la más meridional, la más remota, y probablemente la más innecesaria del mundo.
Cuando empecé a viajar regularmente hace unos años, adquirí la costumbre de enviar postales a algunos de mis amigos, generalmente con un chiste o juego de palabras digno de engrosar el código penal del país desde el que la enviaba. Una vez envié postales desde la única oficina de correos bajo tierra del mundo, en las cuevas de Postojna, en Eslovenia. Pero lo que hay en la isla de Mele supera cualquier lugar extraño desde el que yo haya enviado, o incluso recibido una postal. En Vanuatu se encuentra la única oficina de correos del mundo bajo el agua. A tres metros de profundidad, rodeada de aguas cristalinas y de peces de colores. Con sus horarios de apertura y cierre y su trabajador de Vanuatu Post echando horas tras el mostrador.
Julio de 1996. Hassanal Bolkiah cumple cincuenta años y decide darse un homenaje. En el aeropuerto de Bandar Seri Begawán aterriza un jet privado. De él se baja nada menos que Michael Jackson. Esa noche dará un concierto para el sultán, sus amigos, su familia y miles de ciudadanos escogidos cuidadosamente. El concierto es gratuíto, un regalo de cumpleaños del soberano para sus súbditos, pero el rey del pop no actúa precisamente por amor al arte. Su tarifa asciende a diecisiete millones de dólares. ¿Es mucho dinero? Habría que sumarle lo que cuesta construir un recinto con capacidad para miles de personas: el lugar donde se celebró el evento fue levantado específicamente para la ocasión. Es sólo una de las muchas excentricidades del Sultán de Brunéi, uno de los últimos monarcas absolutos del mundo, que dirige uno de los países más raros de la Tierra, y goza de una de las fortunas más grandes de la humanidad.
El nombre completo del país es Negara Brunei Darussalam, y el de su capital Bandar Seri Begawan. La pesadilla de las clases de geografía del instituto (PN)
Dice el refrán que no hay mal que cien años dure, pero en el caso de la guerra anglo-zanzibareña, la cosa acabó casi antes de haber empezado. Duró menos que un capítulo de The Crown. Las fuentes difieren, pero la duración estimada del conflicto oscila entre los treinta y ocho y los cuarenta y tres minutos, segundo arriba o abajo. Si pestañeas, te lo pierdes. Era el 27 de agosto de 1896, la guerra empezó a la hora de desayunar, y para cuando estaban en el segundo plato de baked beans, la contienda había concluido. Hoy en Fronteras, la guerra más corta de la historia.