Road Trains: las bestias del asfalto

El típico tráiler con remolque que podemos ver en cualquier autopista española o continental es un mastodonte de 16 metros y medio de largo y hasta 40 toneladas de peso. A eso en Australia lo llaman furgoneta. En la legislación europea un tren de carretera es un camión rígido con un remolque enganchado, que mide unos 19 metros de largo. Australia a eso lo llaman Citröen Berlingo. Lo típico que te alquilas para una mudanza. Los “vehículos largos” australianos consisten en un tráiler con remolque y otro remolque igual detrás, o un camión rígido con dos remolques (los llaman B-Doble y B-Triple). Miden hasta 36 metros de largo y pueden pesar 83 toneladas. Pero siguen sin ser trenes de carretera. Un tren de carretera es una mole de 53 metros de largo, hasta 200 toneladas de peso, que necesita dos kilómetros de autopista para detenerse y que consume un litro de combustible cada kilómetro. Auténticas bestias sobre ruedas.

Ciento veinte mil litros de gasolina a domicilio, oigan (Leila L. | Flickr)

Para el europeo urbanita medio es complicado hacerse a la idea de las distancias que se manejan en el continente australiano, especialmente en el Outback, el desmesurado desierto interior que cubre un 90% de los casi ocho millones de kilómetros cuadrados del país. Australia tiene 25 millones de habitantes, así que tocan a tres habitantes por kilómetro cuadrado. Eso son cinco veces menos que un país básicamente vacío como Argentina, doce veces menos que México treinta veces menos que en España, por poner un ejemplo. Pero en el Outback esos tres habitantes por kilómetro cuadrado se desploman hasta algo menos de 0,08. Es decir, cada habitante del Outback tiene para sí casi doce kilómetros cuadrados. Con esa densidad de población España tendría 40.o00 habitantes, Argentina menos de un cuarto de millón y Estados Unidos algo menos de 800.000. El Outback ronda los 600.000, distribuidos en decenas de pueblos remotos separados cientos de kilómetros entre si y ranchos del tamaño de países.

La recta más larga de Australia, 146 kilómetros sin curvas. Uno de las señalizaciones viarias con las que los australianos entretienen a sus conductores

Una única ciudad, Alice Springs, brilla en mitad de semejante desierto. Fue fundada en 1887, quince años después del establecimiento del telégrafo entre Darwin, al norte del continente, y Puerto Augusta, al sur. De hecho su única razón de existir durante décadas, dejando aparte una breve fiebre del oro, fue el telégrafo. Hasta 1929, con una población europea de unos 40 habitantes (y un número indeterminado, pero muchas veces superior, de aborígenes) el pueblo únicamente estaba conectada al resto del mundo por larguísimas caravanas de camellos, llamadas en inglés Camel Trains, trenes de camellos, que recorrían los mil doscientos kilómetros de desierto desde Puerto Augusta confiando en sobrevivir gracias a los pozos que se habían excavado en la ruta. Hasta la II Guerra Mundial no se construyó una carretera digna de tal nombre, necesaria para mejorar la comunicación entre Darwin, la única ciudad australiana que fue bombardeada por el ejército japonés, y el resto del país. Esa carretera, que se extiende a lo largo de 2.834 kilómetros hasta Adelaida, se conoce como Stuart Highway, en homenaje a la primera persona que cruzó el continente de norte a sur y sobrevivió para contarlo.

Choo Choo, motherf***ers
– Hola, fondo Norte – Hola fondo Sur

Fue en Alice Springs, casi el centro geométrico de Australia, donde se inventaron los trenes de carretera australianos poco después de la II Guerra Mundial. Kurt Johanssen, un tipo que se define a si mismo como “Son of the Red Centre” (Hijo del Rojo Central) agarró varios camiones que habían dejado atrás los estadounidenses al terminar la contienda y formó el primer tren de carretera motorizado, con un total de tres remolques. Rápidamente descubrieron las enormes ventajas de transportar el triple de carga en cada viaje, especialmente cuando se trataba de mover ganado de un lado a otro, así que según se iba extendiendo la red de carreteras del Outback también lo hacía el reinado del Road Train.

Johansen subido a uno de los primeros trenes de carreteras australianos, allá por los cuarenta (Pinterest)
Kurt Johanssen, a finales de los noventa, posando delante del primer tren de carretera australiano, denominado Bertha. El camión se encuentra en el museo de transportes de Alice Springs. Johannsen murió en 2002 a los 87 años

En la actualidad los trenes de carreteras australianos tienen vetada la entrada en las áreas metropolitanas: su mundo es el polvo rojizo del Outback, las infinitas planicies desoladas del desierto con un pueblo a doscientos kilómetros del siguiente. Es lógico: una bestia que cuando viaja a ochenta kilómetros por hora necesita dos kilómetros de carretera para detenerse no es bienvenida en las modernas pero atestadas autovías de circunvalación de Sídney o Melbourne. Sin embargo en el Outback son omnipresentes, casi tanto como los canguros o las moscas. La economía e incluso la supervivencia de decenas de pequeños pueblos y ranchos ganaderos dependen de ello.

Trenes de carretera esperando a recoger ganado en Helen Springs, un rancho de 10.198 kilómetros cuadrados de superficie en el Territorio del Norte. Hay países más pequeños. Treinta y tantos, de hecho (Flickr)
Veinticuatro trenes de carretera esperando para recorrer ganado (PInterest)

Los consejos típicos que les dan a los turistas que alquilan un coche para experimentar la “Australia auténtica” son del tipo “Nunca, repito NUNCA, bajo ningún concepto, te pongas delante de un tren de carretera” o “Si vas a adelantar a uno, comprueba que tienes al menos tres kilómetros de carretera libre por delante”. Doscientas toneladas sobre diecisiete ejes requieren de una distancia de frenado similar a la de un avión de pasajeros, así que interceptar la trayectoria de uno de estos mastodontes cuando está girando, o, bueno, en cualquier otra circunstancia, es una pésima idea. Teniendo en cuenta que la jornada de trabajo media del conductor (o conductora, que las hay) está en cualquier punto entre las 14 y las 21 horas, lo lógico es que cualquier cosa que se ponga en el camino de los 700 caballos de potencia salga mal parada.

Siete remolques, cien metros, quinientas toneladas de mineral. Bienvenidos al Outback

Los 53 metros y 200 toneladas son el máximo autorizado para circular por carreteras públicas del Outback, pero el desierto rojo está plagado de carreteras, vías, caminos y pistas de tierra propiedad de ranchos y compañías mineras, en las que las limitaciones legales no existen. Así que es relativamente común cruzarse con bichos que sobrepasan con creces los cien metros de largo y las trescientas toneladas de peso, movidos por motores de dos mil caballos. Aparte del uso en terrenos privados, también está la afición australiana por las cosas grandes, que empieza con el país, claro. Cada cierto tiempo se bate el récord del tren de carretera más largo, existiendo una rivalidad enconada entre marcas, estados y conductores para llevarse el gato al agua. En 1993 el récord era de trescientos quince metros de longitud para un total de doscientas noventa toneladas, y en los siguientes 13 años se superó media docena de veces hasta dejarlo en ciento trece remolques, mil trescientas toneladas de peso y nada menos que un kilómetro y medio de largo. Todo ello movido por una única cabeza tractora, que es la condición sine qua non para obtener el récord.

Hizo falta un helicóptero para fotografiar entero el tráiler

¿Cómo es el día a día del conductor de uno de estos mamuts sobre ruedas? Antes se mencionó que la distancia de frenado de un tren de carretera es similar a la de un avión de pasajeros. Su manejo, en parte, también, especialmente antes de arrancar el motor: un chequeo sistemático de una serie de puntos de control que tienen que estar sí o sí en perfecto estado antes de partir. Si el motor falla en mitad del outback la ayuda más cercana puede estar a doce horas de distancia, o tener que llegar por vía aérea a falta de algo más rápido. En un entorno donde en verano la temperatura media diurna es de 47 grados a la sombra asegurarse de que el vehículo no falla es vital, literalmente. Cada una de las setenta o más ruedas de la caravana es comprobada individualmente, al igual que las luces. En ruta, un par de paradas, incluyendo una siesta de veinte minutos, son todas las pausas que se permiten. Los canguros a veces saltan delante del parachoques, pero un tren de carretera no se frena si no tiene más remedio, lo que suele acabar con el marsupial perdiendo la partida. Poner combustible lleva un rato. Un tren de carretera puede llevar más de mil litros de gasóleo en sus depósitos, suficiente para recorrer entre mil y mil doscientos kilómetros. Los camiones modernos están diseñados para estar funcionando las 24 horas del día, así que en muchas ocasiones al llegar a su destino otro camionero toma el relevo y hace el viaje de vuelta. ¿Y cuánto cobra el conductor de un tren de carretera? Dependiendo de la carga, el empleador y el contrato, pero entre cincuenta y sesenta y cinco mil euros, al cambio. A cambio, turnos de seis días consecutivos conduciendo catorce horas o más, a veces a miles de kilómetros de casa, el riesgo evidente de manejar un vehículo del tamaño de un edificio de oficinas y la posibilidad, siempre presente, de que el camión falle y tener que pasar un rato bajo el sol implacable del Outback. La tierra de las cosas grandes.

Fuentes, más info y demás: How Stuff Works, Wikipedia, The funny beaver, National Road Transport Hall of Fame of Australia, Alice Springs News, Outback Travel Guide.

Más cosas australianas en Fronteras:

Coober Pedy, el pueblo bajo tierra, un pueblo subterráneo en mitad del Outback
Wittenoom, el pueblo que desapareció de los mapas, un lugar maldito hasta en la cartografía
Hutt River, el principado del Outback, una micronación considerablemente exitosa.
Aussie Wiener, el pene que se podía ver desde el espacio. Australia y las cosas grandes…
Sobre mundos perdidos, pirámides en Australia y monstruos resucitados. Una cosa prodigiosa
Nimbin, el último pueblo hippy, donde en los bares lo que se prohíbe es no fumar
Los médicos voladores, el servicio médico del outback que vuela de un sitio a otro
Poniéndole puertas al campo (y su segunda parte), sobre verjas absurdamente largas e inútiles
La columna del desierto y Una gran duna roja, cosas que se encuentra uno en el Outback

9 respuestas a “Road Trains: las bestias del asfalto

  1. Franco Pellegrino 10-abril-2020 / 12:20 pm

    Habia visto eso en un documental , un sueño poder tener una emisora de radioaficionado movil el tamaño de la antena no seria problema

  2. Cavaliery 10-abril-2020 / 8:52 pm

    Que buen articulo, me has alegrado el dia.

    • Cavaliery 10-abril-2020 / 10:57 pm

      Por cierto, entiendo que el “record” es válido cuando avanzas al menos 100 metros, correcto?

  3. Chando 11-abril-2020 / 7:22 am

    Bestial como siempre Diego.

    Pregunto, no sé si leí mal en algún otro artículo o en la Wikipedia pero, ¿no hay algún tren de carga que haga el recorrido Darwin-AS-Adelaida?

    Saludos.

    • Diego González 11-abril-2020 / 11:57 pm

      De carga y de pasajeros. Desde 2004 lo recorre un tren al que se conoce como The Ghan.

  4. BGR 11-abril-2020 / 1:16 pm

    Estos mastodontes son tan típicos del Outbak australiano como los Flying Doctors o las consultas médicas (y clases) a través de radio. Hablamos mucho de la España vacía, pero ni se acerca a la desolación del centro de Australia. Interesante artículo…como curiosidad, mencionar que, en su día, leí una novela ambientada en la Australia de estos camiones, y los cazadores furtivos de canguros…pero no recuerdo su título.

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