Despegar en 2026, aterrizar en 2025. Los vuelos de nochevieja que volarán al pasado

Cuando Carl Cox lo hizo en la nochevieja de 1999 los vuelos que cruzaban la línea de cambio de fecha eran pocos, y menos aún los que lo hacían la última noche del año, pero en el cuarto de siglo que ha pasado desde entonces el tráfico aéreo internacional se ha multiplicado por cuatro, y ahora los vuelos que despegan un día para aterrizar el día anterior son una ocurrencia cotidiana. Y en la nochevieja de 2025 tenemos nada menos que dos docenas de vuelos que despegarán el 1 de enero de 2026 y aterrizarán a tiempo de comerse las uvas una segunda vez. Y son estos:

Mapita realizado con el vuejuno pero efectivo Great Circle Mapper

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La noche de los dos milenios: el DJ que celebró dos fiestas de nochevieja en 24 horas en dos continentes distintos

Para los no iniciados, Carl Cox es una leyenda dentro del mundo de la música electrónica. Nacido en Inglaterra en 1962, a finales de los noventa era considerado unánimemente uno de los mejores DJs del mundo, si no el mejor. La revista DJMag le había colocado en lo alto de su famosísimo Top100 en 1996 y en 1997, y en el segundo escalón del podio los dos años siguientes. La nochevieja de 1999 se recordará por muchas cosas, especialmente por la fiebre del milenio y por el pánico al Efecto 2000, pero para Carl Cox fue la interminable noche de en que celebró fin de año dos veces: una en Sídney y otra en Honolulu. La noche de los dos milenios.

El año 2000 marcó el inicio de la popularización de las gafas de fin de año ridículas. La tendencia debió terminar obligatoriamente en 2009 y, en todo caso, vivir un pequeño retorno en 2020 aprovechando los dos ceros, pero contra todo pronóstico han existido gafas tan innecesarias como las de 2017 o 2024 (Michael Fenichel)

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El hombre que robó un avión y lo aterrizó en medio de Manhattan por una apuesta

«Sujétame el cubata». Así empiezan las decisiones catastróficas, pero tambien muchas historias épicas. La de hoy es ambas cosas. Thomas Fitzpatrick ya había combatido en dos guerras cuando alguien tuvo la pésima idea de desafiarle. Tommy Fitz, como le conocían sus amigos, estaba bebiendo con ellos en un bar de Manhattan cuando alguien afirmó taxativo que era imposible llegar desde Nueva Jersey a la ciudad en menos de quince minutos. Tomy dijo que él sería capaz de hacerlo sin problema. Con los ojos cerrados. Con la chorra fuera, si era necesario. Y uno de sus amigos, el más imprudente de todos, respondió alguna variante local de «no hay huevos». Como Michael J. Fox cuando alguien le llamaba gallina, Thomas Fitzpatrick achinó los ojos, depositó lentamente la enésima cerveza de la noche sobre la mesa y dijo algo así como «esperad y veréis». Era 30 de septiembre de 1956, y Thomas Fitzpatrick se disponía a ganar una apuesta de la forma más espectacular que jamás se haya visto.

Una avioneta en Washington Heights, al norte de la isla de Manhattan

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Ni’ihau, la isla prohibida de Hawái

Para los habitantes de la isla de Kauai, la silueta de Niihau recortándose contra el horizonte es una vista a la que están acostumbrados. La isla está a sólo veinticinco kilómetros de sus playas, al fin y al cabo. Sin embargo, la inmensa mayoría de ellos jamás pondrá un pie allí. Ni ellos, ni nadie, porque Niihau está fuera de límites para todos los que no hayan sido invitados personalmente por sus propietarios. Porque sí, Niihao es una isla que tiene dueños, una en donde no hay carreteras, coches, red eléctrica, agua corriente, hospitales o policía, un reino privado en el que se vive y se trabaja como si Hawái nunca hubiera sido absorbido por los Estados Unidos, donde el tabaco y el alcohol están vetados y las casas son gratis. Hoy en Fronteras, Niihau, la isla prohibida

Ni’ihau desde el aire, con la isla de Luau en primer plano (James L. Amos | Getty)

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La isla habitada más pequeña del mundo

¿Cuánto espacio necesita una familia para vivir? El sueño americano de clase media es una casa de dos plantas con un porche y jardin en un cul de sac de los suburbios de una gran ciudad, con una Ford F150 de dos toneladas y media aparcada en la puerta. Pero hay quien se conforma con menos. No mucho menos, de todas maneras. Los habitantes de esta isla han conseguido efectivamente tener un chalé con jardín, pero no pueden, ni podrán nunca, tener un coche aparcado en la puerta. Porque a su casa sólo se puede llegar en lancha. Volviendo al principio, ¿cuánto espacio necesita una familia para vivir? El nombre de la isla lo dice todo: El espacio justo. Just Room Enough, la isla habitada más pequeña del mundo.

El paraíso de los misántropos (Secret NYC)

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Un pueblo llamado Satanás

Hace 17 años, 6 meses y 5 días se publicó la primera anotación en este blog. La de hoy hace la número 666. Y una cifra tan particular bien amerita un texto especialmente dedicado. Hoy nos vamos a ir de paseo por la toponimia más luciferina del mundo. Empezando, por qué no, por Estados Unidos:

El reino de Satán, Massachussets

La triple frontera entre Vermont, Nuevo Hampshire y Massachussets está señalizada por un mojón de granito de metro y medio de alto en mitad de un bosque tan frondoso que la luz del sol nunca toca el suelo. Es un lugar resplandeciente de verdor y humedad a la orilla del río Connecticut. Nadie lo asociaría a primera vista con el infierno, pero la piedra está a muy pocos kilómetros del Reino de Satán. Concretamente de Satan’s Kingdom, un poblado minúsculo y deshabitado compuesto por unas pocas cabañas de leñadores, cuyo mayor atractivo es una zona de fauna protegida. Como pasa en ocasiones, no se conoce el origen de nombre del lugar. Las dos teorías más extendidas afirman que un paisano salió de la iglesia después de un sermón sobre las llamas del infierno y se encontró un pequeño incendio forestal, que consideró una señal divina. La otra se refiere a la abundancia de serpientes venenosas, como la del relato bíblico de Adán y Eva.

Si en un lugar llamado Satanás no haces esto, no tienes corazón. Ni cabeza (I am a Honeybee)

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Por qué Trump está obsesionado con Groenlandia

La primera vez que Trump habló públicamente de adquirir Groenlandia fue en el verano de 2019, durante su primer mandato. En aquel momento aquello quedó como una balandronada más del magnate, una de tantas excentricidades con las que se deleitó durante su primera presidencia. Sin embargo, poco después de ganar las elecciones del pasado mes de noviembre, el presidente de EE.UU. recuperó el asunto de la adquisición de la isla más grande del mundo, y esta vez con el colorido reclamo adicional de convertir a Canadá en el estado número 51 de la Unión. De nuevo, inicialmente los medios de este y de aquel lado del Atlántico se lo tomaron como un brindis al sol o, más comúnmente, como una estrategia de negociación para presionar a Dinamarca. Un congresista republicano llegó a proponer una ley para renombrar Groenlandia (Greenland) como «Rojo blanco y azulandia» (Red White and Blueland), probablemente la peor modificación toponímica en todo el planeta desde que Constantinopla cambió su nombre a Estambul. Es difícil tomarse en serio según qué cosas, pero según han ido pasando las semanas, la retórica de Trump y de su equipo se ha vuelto cada vez más agresiva, llegando a límites impensables hace sólo un par de meses, incluyendo ya veladas amenazas de usar la fuerza. ¿Es posible que Estados Unidos le arrebate Groenlandia a Dinamarca? ¿Cómo? ¿Y por qué?

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El único aeropuerto del mundo donde hay gente enterrada bajo la pista de aterrizaje

El aeropuerto de Savannah, en Georgia, es el típico aeropuerto regional de Estados Unidos. Opera aAlgo menos de 500 operaciones diarias, y unos cuatro millones de pasajeros al año. Varias conexiones diarias con la ciudad más grande del Estado (Atlanta, que es también el aeropuerto con más tráfico del mundo), y conexiones con grandes centros de población del país:  Chicago, Nueva York, Boston, Charlotte, Minneapolis… El vuelo más lejano que aterriza en Savannah es el United Airlines que llega diariamente desde Denver. Un aeropuerto anodino según cualquier estándar, salvo por el hecho de que es el único aeropuerto del planeta Tierra en el que hay dos tumbas en mitad de la pista de aterrizaje.

Con 500 aviones pasándoles por encima al día, en paz, lo que se dice en paz, no descansan

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Google Maps ya llama Golfo de América al Golfo de México

El mismo día en que tomó posesión del cargo Donald Trump firmó una orden ejecutiva cambiándole el nombre al Golfo de México, que pasaría a denominarse Golfo de América, refiriéndose América en este caso a los Estados Unidos de ídem, no al continente completo, que, como el lector seguro conoce, se denomina en inglés The Americas. El 9 de febrero, hace dos días, el the Sistema de Información de Nombres Geográficos del USGS (Geographic Names Information System, o GNIS) actualizó su base de datos para recoger el nuevo nombre, y ayer mismo Google Maps actualizó sus mapas en todo el mundo para reflejarlo. Pero hay una pregunta inevitable. ¿Basta la voluntad de un gobernante para cambiarle el nombre a las cosas? Hay dos respuestas y ambas son correctas: sí y no. Disculpen la ambigüedad.

El día que vaya yo a Estados Unidos sí que van a saber lo que es un golfo en América

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La isla de Alaska que se ha vuelto loca por una rata… que podría no existir

La aerolínea regional Ravn de Alaska (se pronuncia como raven, cuervo en inglés) vuela cada par de días a la isla de St.Paul o San Pablo, un islote de 100 kilómetros cuadrados y 500 habitantes más o menos hacia la mitad de las Aleutianas pero 400 kilómetros al norte de la cadena principal del archipiélago. En mitad de la nada, vamos. Cuando uno compra uno de los enloquecidamente caros billetes de avión para volar desde Anchorage al aeropuerto insular, aparece un aviso en la pantalla: «Los perros no están permitidos en la Isla de St. Paul». ¿Cómo puede una isla prohibir nada menos que al mejor amigo del hombre, con lo majos que son los perretes que aparecen haciendo monerías en Tik Tok? Ah, amigo. Es que St. Paul es un santuario de fauna marina; algunos lo llaman «Las Islas Galápagos del Norte» por su diversidad ecológica, aunque también llaman «Venecia del Norte» a cualquier pueblo alemán con seis canales y un barquito de remos, pero bueno. Los perros se comen a las aves y a la fauna protegida, que para ellos no está protegida. Es comida. ¿Sabéis que come huevos de pájaros, y literalmente cualquier cosa, si le dejan? Las ratas. Y por eso cuando un vecino dijo que había visto un roedor en su porche, la isla entera se lanzó tras ella para darle caza y exterminarla. El problema es que llevan tres meses de búsqueda y, bueno, aún no ha aparecido. Así que no están realmente seguros de que exista. Pero no van a dejar de buscarla.

«St.Paul libre de ratas». No veía un eslogan así desde las guerras yugoslavas

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