Freaktoponomics (II)

Hablábamos hace un par de días de Aa, Estonia (y también de Ee, Ii, y Oô). Los nombres de estos pueblos, además de ser harto curiosos, tienen una cualidad que los hace, si cabe, más especiales. No, no se trata de que puedan ser pronunciados aún careciendo de lengua, o que leer todos sus nombres de manera consecutiva le haga parecer a uno un lunático. Son palíndromos, palabras que se leen igual del derecho que del revés. Lo que viene llamándose capicúa, vaya. ¿Hay muchas localidades capicúas en el mundo? Unas cuantas. Además de estas cuatro, encontramos, por ejemplo, Tát y Tét en Hungría, La Sal en el estado americano de Utah, Hannah (y su hermana), también en EE.UU, Neuquén, en Argentina, Qaanaaq, en Groenlandia (el palíndromo más septentrional), o Akasaka, en Japón.

 

Letrero en Qanaaq (click para ampliar)
Letrero en Qaanaaq, al noroeste de Groenlandia, mil doscientos kilómetros al norte del Círculo Polar Ártico, y a 1.400 kilómetros del Polo Norte. 600 personas viven en el capicúa más al norte de la Tierra.

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El diamante en el desierto

Si hay un país del mundo en el que desplazarse por carretera de una punta a otra es una auténtica aventura, ese es Australia. Con sus más de siete millones de kilómetros cuadrados es el sexto país más grande de la Tierra, y recorrer sus infinitas carreteras supone enfrentarse a enormes extensiones de desierto deshabitado, temperaturas homicidas y cientos de kilómetros entre una gasolinera y la siguiente.

Ojo, canguros (click para ampliar)La construcción de carreteras asfaltadas que unieran los lejanísimos entre sí extremos del país no se inició hasta la II Guerra Mundial, cuando las necesidades logísticas y de transporte de materiales lo hicieron imprescindible. Construir una carretera de más de mil kilómetros de largo no resulta nada fácil. Especialmente cuando grandes tramos de la carretera se encuentran a cientos de kilómetros del lugar habitado más cercano. Hay que construir barracones para los ingenieros y demás trabajadores, asegurar un suministro diario de agua y alimentos y, de paso, habilitar pequeñas pistas de aterrizaje para avionetas que puedan atender urgencias médicas. Todo eso, cada cierto número de kilómetros, según la carretera avanza.

La Eyre Highway, llamada así en honor del explorador inglés John Eyre, es la principal vía de comunicación en la costa sur australiana. Recorre más de mil seiscientos kilómetros desde Port Augusta, en Australia Meridional, hasta Norseman, en Australia Occidental, atravesando el Outback, el desierto que forma la mayor parte del territorio australiano. El único pueblo digno de ese nombre que se puede encontrar en la carretera es Ceduna, con poco más de dos mil habitantes. Está a cuatrocientos kilómetros de Port Augusta. Desde allí hasta el final de la carretera en Norseman lo único que hay son cuatro pequeñas áreas de servicio, cada una a más de doscientos kilómetros de la más cercana. En toda la carretera sólo hay tres gasolineras abiertas las veinticuatro horas del día. Una cada 550 kilómetros. Como para quedarse sin gasolina, sí.

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Cartel en la Eyre Highway. «La recta de noventa millas. La recta más larga de Australia»

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