La escala del mundo

El primer contacto de la mayoría de los niños con la vastedad del planeta Tierra suele ser un mapamundi sobre la pared del aula escolar. A través de esos mapas, los críos más curiosos pueden descubrir dónde están ciudades como Nueva York, el tamaño de países como Rusia, y, también, en el caso español, que nuestro país está en el centro del mundo mundial (cosas de que el meridiano de Greenwich pase por la Nacional II). Ya tendrá tiempo de desilusionarse al respecto. Los mapas que veía en los libros de texto y en las paredes de mi clase cuando era crío tenían algo raro. Yo sabía que Groenlandia era mucho más pequeña que Australia, pero en esos mapamundis la isla ártica aparecía bastante más grande que el continente australiano. El problema es, simplemente, que es imposible representar fielmente una superficie esférica, como la de la Tierra, en una rectangular.

La proyección más usada en los mapas es la Mercator, en la que está basada el mapa sobre estas líneas. Toma su nombre de Gerardo Mercator, un cartógrafo belga que vivió en el siglo XVI.El problema de cualquier mapa es que es matemáticamente imposible representar fielmente una superficie esférica sobre una plana. Cualquier mapa debería respetar dos medidas; el área, y los ángulos, es decir, las formas de los continentes. Pero, como decían en el anuncio de Kinder Sorpresa, no puede ser, son tres deseos. Uno se puede intentar aproximar, pero nada más.

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Libros – Filípides era vikingo

Filípides era vikingo. Jorge González de Matauco. Laertes, Barcelona, 2004

Fil�pides era Vikingo (click para ampliar)

Hay territorios que, por distintas causas, ejercen cierta atracción cuasi inexplicable sobre ciertas personas. El archipiélago Svalbard (o Spitsbergen), al norte de Noruega, o Groenlandia son algunos de ellos. Los desolados páramos deshabitados, y el absoluto desconocimiento en general que existe sobre ellos los convierten en algo tan exótico como las selvas de Borneo o las islas del Pacífico Sur.

Jorge González de Matauco (Vitoria, 1966) no sólo siente esa atracción sino que además es un apasionado corredor popular de maratones. Poseido por el espíritu de los grandes viajeros, y, por qué no decirlo, con una prosa digna del mejor de ellos, emprendió una búsqueda a lo largo de los territorios más desconocidos del continente europeo, la búsqueda del Filípides Vikingo, el nórdico que, emulando al héroe griego, mereciera ser heredero de su grandeza. Una excusa estupenda para patearse medio mundo corriendo maratones y escribir después sobre ello, me permito añadir.

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Freaktoponomics (II)

Hablábamos hace un par de días de Aa, Estonia (y también de Ee, Ii, y Oô). Los nombres de estos pueblos, además de ser harto curiosos, tienen una cualidad que los hace, si cabe, más especiales. No, no se trata de que puedan ser pronunciados aún careciendo de lengua, o que leer todos sus nombres de manera consecutiva le haga parecer a uno un lunático. Son palíndromos, palabras que se leen igual del derecho que del revés. Lo que viene llamándose capicúa, vaya. ¿Hay muchas localidades capicúas en el mundo? Unas cuantas. Además de estas cuatro, encontramos, por ejemplo, Tát y Tét en Hungría, La Sal en el estado americano de Utah, Hannah (y su hermana), también en EE.UU, Neuquén, en Argentina, Qaanaaq, en Groenlandia (el palíndromo más septentrional), o Akasaka, en Japón.

 

Letrero en Qanaaq (click para ampliar)
Letrero en Qaanaaq, al noroeste de Groenlandia, mil doscientos kilómetros al norte del Círculo Polar Ártico, y a 1.400 kilómetros del Polo Norte. 600 personas viven en el capicúa más al norte de la Tierra.

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