Para leer la primera parte, pincha aquí
Siguiendo con nuestro recorrido por algunas de las carreteras más fascinantes del planeta, hoy nos iremos a América y Asia.
La carretera de la muerte
La ciudad boliviana de La Paz es la capital de un estado a mayor altitud del mundo. A 3.600 metros sobre el nivel del mar, es también una de las pocas ciudades donde los «barrios altos» están a menor altitud que los «barrios bajos», por razones obvias. De La Paz parte el Camino a Los Yungas, también conocido como la carretera de la muerte. Se trata de un camino de unos ochenta kilómetros, sin asfaltar, excavado en la roca viva. En su punto de mayor altitud alcanza los 4.300 metros sobre el nivel del mar. En muchos de los tramos la anchura de la vía es de apenas tres metros. Carece de guardarraíles o cualquier tipo de medida de seguridad, y está bordeado en todo su recorrido por barrancos y precipicios de hasta ochocientos metros de alto. Durante gran parte del año el tiempo es lluvioso, lo que causa desprendimientos y convierte la calzada en una piscina de barro resbaladizo añadiendo más peligro si cabe al recorrido. Para aumentar la emoción, muchos días hay una niebla espesa como el puré de guisantes, cosa lógica teniendo en cuenta la altitud. Con esos datos, es más que lógico el mote que recibe la carretera. En 1995 el Banco Interamericano le otorgó el dudoso honor de ser la carretera más peligrosa del mundo.
Un tramo relativamente sencillo de la Carretera de los Yungas (click para ampliar). © Jordi Busqué






Durante muchos años fui usuario habitual de la línea de autobús Madrid-Barcelona de la Alsa. A falta de un presupuesto digno de ese nombre, los 42 euros que costaba el billete de ida y vuelta entre las dos ciudades eran lo único que mi economía se podía permitir. El servicio de línea regular oscilaba entre lo surrealista (he visto compañeros de viaje que vosotros no creeríais) y lo espantoso (he olido compañeros de viaje…). Por poner un ejemplo de las rarezas de la ruta, la primera parada técnica (así lo llamaban) solía ser en Esteras de Medinaceli, un pueblo soriano a 140 kilómetros de Madrid. Bueno, concretamente parábamos en un área de servicio que yo llamaba El Supermercado Más Caro De La Tierra, por los inconcebibles precios de la mercancía, que harían palidecer de envidia a los más consumados atracadores aeroportuarios. Otros sobrenombres que recibió el lugar fueron Este Sucio Agujero o La Capital Mundial De La Nada.
