Fotografías en la frontera

Una línea imaginaria de más de 600.000 kilómetros ha matado más hombres a lo largo de la historia que el conjunto de todas sus pandemias. La línea está viva, va creciendo y serpenteando, alimentándose de vidas humanas para, simplemente, cambiar su trazado. Una línea que para unos solo separa territorios que defienden distinta bandera; pero que para otros sirve para acotar culturas, lenguas y razas. Una línea que casi siempre es una prohibición a la libre circulación de personas e ideas. Fronteras. Conoce algunas fotos y datos sobre ellas.

Restos de la ropa de 700 inmigrantes subsaharianos que intentaron saltar la valla de Melilla en 2005

Kurioso, uno de los blogueros amigos y recomendados de Fronteras, ha realizado un recorrido fotográfico por las fronteras del mundo, mostrándonos sus miserias y curiosidades. El resto de la entrada, pinchando aquí:

Fotografías en la frontera, por Kurioso.

El cajero automático de la Base McMurdo

Se trata del cajero automático en el lugar más remoto del mundo, e incluso parece en el libro Guinness de los récords. Este doble cajero automático (son dos máquinas) se encuentra en la estación McMurdo, en mitad de la Antártida, y da servicio a los escasos 200 trabajadores que pasan allí el invierno. Fue instalado en el año 2000 por la compañía Wells-Fargo y desde entonces es renovado periódicamente. Pero ¿para qué necesitan un cajero estos científicos recluidos en medio de la nada?

La respuesta a esta y otras cuestiones en el nunca suficientemente recomendado Fogonazos. Si te gustan las cosas en mitad de la nada y lejos de la civilización, quizá disfrutes con una cabina telefónica en mitad del desierto, en Cabovolo, o con una tienda de Prada en mitad de ninguna parte, en este su blog fronterizo. También puedes consultar la categoría Middle of Nowhere de este blog.

Una ciudad fantasma en las montañas del Cáucaso

Mira hacia el horizonte. Si estas ante el mar, el mismo se extiende casi hasta el infinito, sin nada que detenga tu vista. Puedes dejar volar la imaginación, navegar por encima de las olas, hasta llegar al otro lado, a una costa lejana pero al mismo tiempo cercana. Dos ciudades pueden estar a un océano de distancia, pero ser hermanas en espíritu. El mar no separa , en realidad, une, no dificulta los viajes, los facilita. Cuando el hombre dejó atrás sus temores y se adentró en ese espacio azul casi desconocido, el mundo cambio para siempre, adiós al Non Terrae Plus Ultra, bienvenidos al Mas allá.

Pero ahora cambia la dirección de tu mirada. Delante, una montaña, dos, una cordillera. Un límite, un muro natural que oculta lo que al otro lado se encuentra, si hay algo al otro lado. Las montañas son frontera, siempre lo han sido, y seguramente siempre lo serán. Separa mas una sierra empinada, unos pocos miles de metros en vertical, que cientos de millas de llanuras. Un pueblo puede estar a unos pocos kilómetros de otro en una zona montañosa y distar una galaxia en mentalidad o cultura.

El resto, en una fantabulosa entrada de Martín en Café Fútbol, imprescindible y superlativo blog donde son capaces de mezclar fútbol y geografía de manera magistral, y que además de vez en cuando me echa flores, lo que le convierte en más imprescindible y más superlativo todavía…

Los vigilantes de la nada

A simple vista, no hay nada que vigilar en la región noreste de Groenlandia: sólo cientos de kilómetros y kilómetros helados en donde lo raro sería encontrar vida. La amenaza de una invasión resulta inverosímil. Sin embargo, existe una patrulla bajo las órdenes del Reino de Dinamarca, un cuerpo de elite que se encuentra entre el más especializado del mundo. El funcionamiento de la patrulla no es ni más ni menos que una perdurable demostración de soberanía, todo sobre un territorio, que se parece en mucho a la nada.

La Patrulla Sirius (Slædepatruljen Sirius), es la encargada de preservar la soberanía danesa en el parque nacional más grande y seguramente, uno de los menos visitados del planeta. Nace en el año 1950 ante un fallo de la Corte Internacional de La Haya que condicionaba la posesión de Groenlandia por parte de Dinamarca a cambio de una demostración de voluntad para poseer la zona, en un escenario de casi nulo poblamiento. Así nacería el Parque Nacional del noreste de Groenlandia con su patrulla.

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El resto de la historia, muy middle of nowhere, se puede leer en Visión Beta, blog recomendado por las autoridades sanitarias como método infalible para reducir la productividad laboral. Como bonus, El verdadero tamaño de la Antártida, en Fogonazos. Próximamente, cuando consiga organizarme, contenido propio y no vulgar copypaste. Uno no tiene la suficiente fama como para dedicarse exclusivamente a eso…

Tavolara, el reino más pequeño del mundo

Tavolara es una pequeña isla situada en la costa noreste de Cerdeña, de seis kilómetros de largo y apenas uno de ancho. Es un macizo de piedra caliza cuyo punto más alto es el Monte Cannone, de 565 metros, y que tiene escarpados acantilados en su contorno, a excepción de sus extremos. En 1807, cuando llegó Giuseppe Celestino Bertoleoni Poli, Tavolara estaba despoblada. Giuseppe era un joven de 29 años, natural de la cercana isla de Maddalena. Aunque llegó sólo, con el tiempo construyó una casa e hizo venir a la isla a una de sus dos mujeres y los hijos que tenía con esta. Giuseppe y su familia llevaban una vida de lo más normal, hasta que en 1836 el rey Carlos Alberto de Cerdeña decidió visitar la isla con el fin de participar en una batida de caza. Carlos Alberto acudió a Tavolara por la fama de sus cabras salvajes, que se decía que tenían los dientes de… oro. En realidad, a causa de las algas y los líquenes que comían, los tenían amarillos.

A la llegada del rey de Cerdeña, Paolo, el hijo de Giuseppe, se presentó como el rey de Tavolara. No queda claro si este se lo tomó en serio o a broma, pero Carlos Alberto quedó impresionado con los modales de aquel pastor que decía ser todo un rey. Después de pasar tres días y tres noches hospedado en su casa, a su partida, el rey Carlos Alberto dijo a Paolo que ni él ni su familia debían preocuparse por su derecho a permanecer en la isla y proclamó a su padre, Giuseppe, rey de la isla, concediendo el título de “Príncipe” para su hijo mayor, y los títulos de “Signor delle Isole” y “Signora del Mare” para los hijos menores.

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El resto de la Historia, absolutamente surrealista, en Cabovolo, blog tan recomendado que hace que me pase las advertencias del Señor Lobo por el forro de los Calvin Klein, o sea. Lean, lean. Y que pasen feliz domingo.

Un bloque de hielo para África

isblokkkart_3432En el otoño de 1958, Radio Luxemburgo lanzó el reto para el transporte de tres toneladas de hielo desde el Círculo Polar Artico al Ecuador, 12.000 trepidantes kilómetros . Un suculento premio de 100.000 francos por cada kilo que sobreviviera sin derretirse en el difícil camino desde Noruega hasta cerca del golfo de Guinea.

Tras el desafío de la emisora de radio, la empresa noruega de materiales de aislamiento Glasvatt decidió equipar un camión para traer un bloque de tres toneladas de hielo, desde Mo i Rana por el Círculo Polar Artico hasta Libreville, capital de Gabón. Sin ningún medio de refrigeración aplicado y como única intención de mostrar la eficiencia de los materiales aislantes de lana de vidrio utilizados. Una expedición que generó la atención de la prensa de todo el mundo, seguida por gran multitud de espectadores, llegando a convertirse en el «más grande montaje publicitario del planeta».

Entre los patrocinadores, Shell, que proporcionó el combustible necesario y Scania, que le asignó uno de sus camiones. El responsable de la expedición fue Sivert Klevan, un ingeniero con un gran instinto para las relaciones públicas. Los bloques de hielo fueron cortados en trozos de 200 kg por una motosierra del glaciar Svartisen,  para ser transportados en un trineo hasta un helicóptero donde los depositaría en el centro de la ciudad.

El sorprendente resultado de la expedición, con enlaces, fotos y demás, en El Baúl de Josete.

Los siete gigantes de los Urales

Al norte de los Urales, cuando estos dejan atrás la vegetación para convertirse en aterciopeladas colinas que se pierden en el horizonte, se levantan majestuosamente siete gigantes. Siete colosos de piedra que, en medio de la nada, parecen haber hecho un alto en el camino para contemplar el paisaje desde la cima de un altiplano. Con alturas que van desde los 30 hasta los 42 metros, estos siete moais, que la naturaleza ha moldeado durante más de 200 millones de años, forman uno de los legados geológicos más impresionantes y mágicos del planeta.

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El resto, tan fascinante como asombroso, en Soviet Russia, cuyo regreso al mundo de los blogs vivos nunca será suficientemente celebrado.

Nota desde el futuro cercano: SovietRussia.es dejó de existir en algún momento de finales de 2012, por lo que el enlace apuntaba a sitios de spammers y malware. El enlace ahora lleva a su versión archivada en Archive.org,

El cuarto lleno en el cuarto vacío

Es una de las regiones más inhóspitas del mundo, y lo más parecido a la nada que podamos imaginar sobre la tierra. Ocupa la cuarta parte de la península Arábiga, por lo que se la conoce como elCuarto Vacío, un desierto que ni siquiera fue explorado en su totalidad, ni atravesado por los beduinos. Sin embargo, bajo el manto de arena se esconde un tesoro capaz de solventar la economía de un país entero.

El Cuarto Vacío se conoce en árabe como Rub al Khali, (oRub al-Jali), y abarca parte del territorio de Yemen, Omán, y en su mayor parte, los Emiratos Árabes Unidos. Abarca con su mar de arena unos 650.000 kilómetros cuadrados, con dunas de más de 300 metros de altura, temperaturas propias de la Antártida durante la noche y un termómetro que dispararía las alarmas del infierno en el día.

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El resto, igual de sugerente, en Visión Beta. Feliz fin de semana.

Cruzar la frontera

La ruta me llevaba, a veces, a aldeas cercanas a alguna frontera. Pero no muy a menudo, pues a medida que uno se aproximaba a la frontera, la tierra se volvía cada vez más desierta y menguaban las posibilidades de toparse con personas. Aquel vacío acentuaba el misterio de aquellos lugares. También me llamó la atención el silencio que reinaba en las zonas fronterizas. Aquel misterio unido al silencio me atraía y me intrigaba. Me sentía tentado a asomarme al otro lado, a ver qué había allí. Me preguntaba qué sensación se experimentaba al cruzar la frontera. ¿Qué sentía uno? ¿En qué pensaba? Debía de tratarse de un momento de gran emoción, de turbación, de tensión. ¿Cómo era ese otro lado? Seguro que diferente. Pero, ¿qué significaba “diferente”? ¿Qué aspecto tenía? ¿A qué se parecía? ¿Y si no se parecía a nada de lo que yo conocía y, por lo tanto, era algo incomprensible e inimaginable? Pero en el fondo, mi más ardiente deseo, mi anhelo tentador y torturador que no me dejaba tranquilo, era de lo más modesto, pues lo único que me intrigaba era ese instante concreto, ese paso, ese acto básico que encierra la expresión de cruzar la frontera. Cruzarla y volver enseguida, con eso –pensaba– me bastaría, saciaría esa inexplicable y, sin embargo, cuán acuciante sed psicológica.

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Ryzsyard Kapuściński. Viajes con Herodoto. Del primer capítulo: Cruzar la frontera.

La fotografía está tomada en la ciudad polaca de Slubice, frente a la alemana de Fráncfort del Óder, y se la debemos a despod.

Toponimia hispana

paconadal

Una recopilación de nombres curiosos, extraños y divertidos por las tierras de España en cuatro entradas (1, 23 y 4) del blog del viajero Paco Nadal, con el mérito de haberse hecho una foto delante de todos ellos.