De costa a costa en poco más de 24 horas: Cannonball, el rally ilegal más grande del mundo

En 1903 Horatio Nelson Jackson apostó 50 dólares con un amigo a que podía viajar de San Francisco a Nueva York en coche en menos de tres meses. Tardó dos meses y cinco días, y para ganar esos cincuenta dólares se gastó algo más de ocho mil. Fue el primer viaje en coche costa a costa, el primer road trip de la historia, un récord absoluto para la época en un país que, como el resto del mundo, carecía de cualquier tipo de infraestructura viaria para la circulación en largas distancias. Aquel viaje fue el primero, pero a lo largo del siguiente siglo y pico millones de personas han recorrido el mismo trayecto en uno y otro sentido. Y algunos han querido ser los más rápidos en hacerlo. Esta es la historia de la Cannonball, la carrera no oficial, y manifiestamente ilegal, para recorrer Estados Unidos de costa a costa.

Run, Lola, run

Erwin Baker nació en Indiana en 1882. En 1908 se compró una moto (una Indian de dos marchas) y empezó a apuntarse a carreras en su estado natal, con notable éxito; ganó la primera carrera que jamás se disputó en el ahora famoso Circuito de Indianápolis. Con treinta años decidió irse a recorrer mundo con su moto. 23.000 kilómetros en Estados Unidos, Cuba, Jamaica y Panamá después decidió establecerse en San Diego, California, donde siguió ganando carreras. Allí le pusieron el mote por el que fue conocido el resto de su vida: Cannonball. A partir de 1915 se dedicó a establecer récords patrocinado por diferentes marcas de automóviles, motos y productos relacionados. El primero de ellos, en 1915: de Los Ángeles a Nueva York en 11 días, 7 horas y 15 minutos. Durante más de medio siglo Cannonball Baker sería el poseedor de este récord, que sólo batiría él mismo. En 1917 dejó el récord en 7 días y 11 horas, para pulverizarlo siete años después: 4 días, 14 horas y 15 minutos en un utilitario. Fue en 1933 cuando lograría su récord más longevo. A los mandos de un Graham-Paige Model 57, se recorrió las más de 2.800 millas que separan Nueva York de Los Ángeles en 53 horas y treinta minutos, a una media de más de 50 millas por hora; casi el límite de velocidad estándar de las interestatales en los años 80.

Erwin Bala de Cañón Baker, en uno de los más de 150 récords de velocidad que batió a lo largo de los años. Puedes molar lo mismo, pero no más.
Cannonball Baker cruzando Estados Unidos en moto, en 1919

El récord de Cannonball Baker de 1933 fue tan apabullante que nadie se planteó ni siquiera batirlo durante casi cuatro décadas. Fue nada menos que la conocida revista Car & Driver la encargada de patrocinar tan magno evento. La primera edición de la Cannonball Run, que no fue una carrera porque sólo competía un equipo, fue concebida como una forma de protesta contra los límites estrictos de velocidad y también como celebración del sistema interestatal de carreteras. En junio de 1971 Brock Yates, editor de Car and Driver, su hijo y otros dos enajenados se subieron a una furgoneta Dodge y recorrieron los cuatro mil kilómetros que separan Manhattan de Los Ángeles en apenas 40 horas y 51 minutos, destrozando el récord de Cannonball Baker 38 años más tarde. Pero su récord duraría bien poco. Ellos mismos se encargaron de enterrarlo convocando una competición para ello.

Moon Trash II, la furgoneta usada para batir el récord de Baker, transformada en ambulancia para la película acerca de la carrera que se estrenó en 1981

La medianoche del 15 de noviembre de 1971 seis equipos partieron del aparcamiento Red Ball en la 31 con Lexington, en Manhattan. La segunda edición de la Cannonball Run, esta vez con competencia, echaba a rodar. Los vehículos: un Cadillac Sedan DeVille del 71, un Ferrari 365 Daytona, un MGT/GB V8, una Chevrolet Sportvan, dos furgonetas Dodge del 70 y una autocaravana Travco del 66. El primero de ellos en llegar a la línea de meta en el Portofino Inn de Redondo Beach, al sur de Los Ángeles, lo hizo apenas 35 horas y 54 minutos más tarde. Se trataba del Ferrari Daytona, que, pilotado por la leyenda de las carreras Dan Gurley y llevando a Brock Yates, el editor de la revista, se proclamó ganador de la II edición de la carrera. El artículo de enero de 1972 en Car and Driver cubriendo el evento, escrito en un tono extremadamente jocoso, hizo de la carrera un hito enormemente popular entre los aficionados al motor, y un año más tarde se volvió a repetir la carrera, aunque el récord de Yates permaneció intacto.

Los participantes en la Cannonball de 1972
Portada de Car And Driver de Agosto del 75 anunciando la competición de ese año y su protesta contra las leyes de limitación de velocidad

La tercera edición de la Cannonball se disputó en 1975 como forma de protesta contra el double nickel, la limitación de la velocidad en todas las interestatales a 55 millas por hora. El récord de 1971 fue superado por apenas un minuto, también en un Ferrari. En esta ocasión medios generalistas de primera línea como Time se hicieron eco del acontecimiento y la carrera pasó a ser parte de la cultura popular norteamericana. Tanto sería así que se hicieron dos películas extremadamente exitosas basadas en ella, en 1981 y 1984. Antes, en 1979, se había disputado la ultima edición de la competición, que dejó la marca histórica entre Manhattan y el Pacífico en 32 horas y 51 minutos.

Los locos de Cannonball, absolutamente gloriosa película de 1981 con un reparto sobrenatural

Entre 1980 y 1983 se celebró la U.S. Express, heredera directa de la Cannonball, y organizada por uno de los participantes de 1975 y 1979. Tras cuatro carreras el récord de cruzar de costa a costa el país quedó establecido en 32 horas y 7 minutos para recorrer 2875 millas, al cambio 4626 kilómetros, a una media de 145 kilómetros por hora, contando paradas para repostar. Es el momento de recordarle al lector que todo el recorrido se realiza por carreteras públicas en el que el límite de velocidad era de 90 kilómetros por hora. Es decir que en todo momento los corredores se exponían a ser detenidos por exceso de velocidad si eran cazados en plena acción por alguna patrulla de carreteras de cualquier condado remoto y semidespoblado de Arizona.

Tarjeta conmemorativa de la carrera U.S. Express de 1980 (fuente)

El récord que David Diem y Doug Turner establecieron en 1983 permaneció imbatido durante nada menos que 23 años, hasta que en 2006 los pilotos Alex Roy y Dave Maher llegaron al muelle de Santa Mónica apenas 31 horas y 4 minutos después de haber dejado Nueva York, a los mandos de un BMW M5 modificado con un depósito extra de gasolina. A una media de 150 kilómetros por hora y con velocidades punta de 260 km/h, el record parecía difícilmente batible. Hasta que se batió. Y a lo bestia, además. Fue en octubre de 2013: un piloto aficionado, Ed Boilan, y otras dos personas, pulverizaron todas las marcas anteriores y establecieron un nuevo récord: 28 horas y 50 minutos. El vehículo empleado para la absolutamente ilegal hazaña fue un Mercedes CL55 AMG convenientemente tuneado; una mala bestia que alcanzó velocidades punta por encima de los 300 kilómetros por hora. Apenas 46 minutos para repostar y cambiar de conductores, para lograr una media de casi 160 por hora. Insuperable. Hasta que, claro, se superó.

Dave Black, Ed Boilan y Dan Huang posan con el Mercedes que les llevó a batir el récord de la Cannonball en 2013

Pese a que el récord de la Cannonball es siempre extraoficial por la sencilla razón de que supone infringir las normas de tráfico de todos los estados que se crucen durante la carrera, además de probablemente varias leyes federales, desde 2013 ha habido al menos dos docenas de intentos documentados de batir la marca. El último de ellos, hace unas pocas semanas, ha despedazado el anterior registro, rebajándolo hasta las 27 horas y 25 minutos. Los más veloces entre los ilegalmente veloces son actualmente Ame Toman, Doug Chabott y Berkeley Chadwick; a los mandos de un Mercedes AMG E63 hinchado de esteroides y un depósito extra de gasolina de 250 litros se merendaron las 2867 millas entre el a estas alturas mítico Red Ball Parking Garage neoyorquino y el Portofino Inn Californiano a una velocidad media de casi 170 kilómetros por hora, y sólo pararon en total 22 minutos para repostar, cambiarle el agua al canario y darse el relevo conduciendo. Pero no lo hicieron solos. Contaron con liebres que les abrían el tráfico, sistemas de detección de radar, equipos que comprobaban si había policía y hasta un dron para vigilar el estado del tráfico con antelación. Una auténtica locura que ha sido refrendada y dada como válida por todos los anteriores poseedores del récord que continúan vivos, desde Brock Yates Jr, a Ed Boilan.

La tecnología usada en el enloquecido viaje empieza en el motor del Mercedes, tuneado hasta desarrollar la asombrosa cifra de setecientos caballos de potencia gracias a un doble turbo y mejoras en la refrigeración y las tomas de combustible, pero donde alcanza cotas dignas de un frenopático es en lo relacionado a evitar el largo brazo de la ley. Desde aplicaciones bien conocidas por los conductores como Waze, pasando por dispositivos anti radar, y hasta un sistema de prevención de colisiones que generalmente se usa en aparatos que vuelan, no en coches. Sin embargo, lo que marcó la diferencia fue la enorme red de colaboradores que a lo largo de todo el recorrido fueron advirtiendo de cada coche de policía apostado en un arcén. Para no llamar la atención el Mercedes estaba despojado de casi cualquier connotación deportiva en su carrocería, y eso les ayudó a pasar desapercibidos hasta su llegada, a la una y veinte de la mañana (hora local) del 11 de noviembre, al Portofino Inn. Curiosamente, y habiendo contado con mucha ayuda presente durante todo el camino, nadie les esperaba en el punto de llegada. No hubo, pues, celebraciones, pero sí un récord que quién sabe cuándo será batido.

El coche del récord, frente el Red Ball Garage unas horas antes de la salida
El GPS del Mercedes AMG del trío de grillados que batió el récord el mes pasado. 166 kilómetros por hora de media, con un pico de 310

Fuentes y más información: Wikipedia (2, 3), CNN, Car and Driver, Washington Post, Forbes, Roadtrippers, Jalopnik, Road & Track.

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6 respuestas a “De costa a costa en poco más de 24 horas: Cannonball, el rally ilegal más grande del mundo

  1. Marcelo 12-diciembre-2019 / 2:44 pm

    Excelente entrada maestro. Abrazo grande desde Argentina!

  2. tucumano 14-diciembre-2019 / 1:02 am

    Que bueno que está… como se puede acceder a la ruta realizada por estos locos?

  3. nuri148 24-diciembre-2019 / 9:03 am

    Protesto, su señoría. El roadtrip de Nelson será muy bestia (como les gusta a los yanquis) peor no el primero, ese honor le corresponde a Berta Benz y su escapada Mannheim-Pforzheim. #Sororidad #OnSónLesDones

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