La primera vez que Trump habló públicamente de adquirir Groenlandia fue en el verano de 2019, durante su primer mandato. En aquel momento aquello quedó como una balandronada más del magnate, una de tantas excentricidades con las que se deleitó durante su primera presidencia. Sin embargo, poco después de ganar las elecciones del pasado mes de noviembre, el presidente de EE.UU. recuperó el asunto de la adquisición de la isla más grande del mundo, y esta vez con el colorido reclamo adicional de convertir a Canadá en el estado número 51 de la Unión. De nuevo, inicialmente los medios de este y de aquel lado del Atlántico se lo tomaron como un brindis al sol o, más comúnmente, como una estrategia de negociación para presionar a Dinamarca. Un congresista republicano llegó a proponer una ley para renombrar Groenlandia (Greenland) como «Rojo blanco y azulandia» (Red White and Blueland), probablemente la peor modificación toponímica en todo el planeta desde que Constantinopla cambió su nombre a Estambul. Es difícil tomarse en serio según qué cosas, pero según han ido pasando las semanas, la retórica de Trump y de su equipo se ha vuelto cada vez más agresiva, llegando a límites impensables hace sólo un par de meses, incluyendo ya veladas amenazas de usar la fuerza. ¿Es posible que Estados Unidos le arrebate Groenlandia a Dinamarca? ¿Cómo? ¿Y por qué?
América
El único aeropuerto del mundo donde hay gente enterrada bajo la pista de aterrizaje
El aeropuerto de Savannah, en Georgia, es el típico aeropuerto regional de Estados Unidos. Opera aAlgo menos de 500 operaciones diarias, y unos cuatro millones de pasajeros al año. Varias conexiones diarias con la ciudad más grande del Estado (Atlanta, que es también el aeropuerto con más tráfico del mundo), y conexiones con grandes centros de población del país: Chicago, Nueva York, Boston, Charlotte, Minneapolis… El vuelo más lejano que aterriza en Savannah es el United Airlines que llega diariamente desde Denver. Un aeropuerto anodino según cualquier estándar, salvo por el hecho de que es el único aeropuerto del planeta Tierra en el que hay dos tumbas en mitad de la pista de aterrizaje.

Google Maps ya llama Golfo de América al Golfo de México
El mismo día en que tomó posesión del cargo Donald Trump firmó una orden ejecutiva cambiándole el nombre al Golfo de México, que pasaría a denominarse Golfo de América, refiriéndose América en este caso a los Estados Unidos de ídem, no al continente completo, que, como el lector seguro conoce, se denomina en inglés The Americas. El 9 de febrero, hace dos días, el the Sistema de Información de Nombres Geográficos del USGS (Geographic Names Information System, o GNIS) actualizó su base de datos para recoger el nuevo nombre, y ayer mismo Google Maps actualizó sus mapas en todo el mundo para reflejarlo. Pero hay una pregunta inevitable. ¿Basta la voluntad de un gobernante para cambiarle el nombre a las cosas? Hay dos respuestas y ambas son correctas: sí y no. Disculpen la ambigüedad.

La isla de Alaska que se ha vuelto loca por una rata… que podría no existir
La aerolínea regional Ravn de Alaska (se pronuncia como raven, cuervo en inglés) vuela cada par de días a la isla de St.Paul o San Pablo, un islote de 100 kilómetros cuadrados y 500 habitantes más o menos hacia la mitad de las Aleutianas pero 400 kilómetros al norte de la cadena principal del archipiélago. En mitad de la nada, vamos. Cuando uno compra uno de los enloquecidamente caros billetes de avión para volar desde Anchorage al aeropuerto insular, aparece un aviso en la pantalla: «Los perros no están permitidos en la Isla de St. Paul». ¿Cómo puede una isla prohibir nada menos que al mejor amigo del hombre, con lo majos que son los perretes que aparecen haciendo monerías en Tik Tok? Ah, amigo. Es que St. Paul es un santuario de fauna marina; algunos lo llaman «Las Islas Galápagos del Norte» por su diversidad ecológica, aunque también llaman «Venecia del Norte» a cualquier pueblo alemán con seis canales y un barquito de remos, pero bueno. Los perros se comen a las aves y a la fauna protegida, que para ellos no está protegida. Es comida. ¿Sabéis que come huevos de pájaros, y literalmente cualquier cosa, si le dejan? Las ratas. Y por eso cuando un vecino dijo que había visto un roedor en su porche, la isla entera se lanzó tras ella para darle caza y exterminarla. El problema es que llevan tres meses de búsqueda y, bueno, aún no ha aparecido. Así que no están realmente seguros de que exista. Pero no van a dejar de buscarla.

Colma, la ciudad de los muertos
De mi cuerpo descompuesto nacerán las flores, y yo estaré en ellas. Eso es la eternidad.
Edvard Munch
En Colma casi no se usa la palabra «cementerio», pese a que casi toda la superficie del pueblo está ocupada por ellos. Prefieren llamarlos «parques»; porque a nadie le gusta vivir rodeado de cementerios, y a todos nos gusta estar rodeados de parques, de naturaleza. Apenas mil quinientas personas residen en la localidad, 15 kilómetros al sur del Golden Gate, en plena área metropolitana de San Francisco. La población de los cementerios, sin embargo, es ligeramente superior: un millón y medio de personas yacen bajo los cuidados céspedes de Colma, la ciudad de los muertos.

Mary Colter, la arquitecta del Oeste Americano
Desde lo alto de la torre se divisan miles de kilómetros cuadrados de desierto, pero sobre todo se tiene una visión inenarrable del Gran Cañón en toda su inmensa grandeza. El edificio se alza al borde del acantilado, y parece que lleve allí desde que el río Colorado empezó a horadar la tierra, mucho antes de que el primer ser humano hollara su ribera. La Desert View Watchtower es una estructura atemporal que podría haber sido construida en cualquier momento entre los albores de la humanidad y ayer por la mañana; es un edificio que pertenece a la tierra sobre la que se levanta, y la domina desde las alturas. Pero como toda construcción humana, se debe a una época concreta, y a una persona en particular. Mary Colter y el Viejo Oeste.

Por qué algunos aeropuertos cambian los números de sus pistas cada cierto tiempo
Antes de responder a la pregunta-clickbait del título habrá que explicar por qué las pistas tienen números y cuáles son. Así que al lío. Cualquier pista de aterrizaje de un aeropuerto tiene dos extremos, que generalmente apuntan a las direcciones donde el viento sopla de manera más frecuente, porque los aviones se sustentan mejor volando contra el viento que a favor y siempre es mejor tener más sustentación que menos, por razones que no escaparán a los inteligentísimos lectores de este veterano rincón de la red. Para que los pilotos sepan por dónde tienen que aterrizar y evitar así innecesarias molestias como masacres, fuego y destrucción, cada uno de los extremos se numera según el rumbo que debe seguir el piloto para tomar tierra, o sea, exactamente el opuesto hacia el que apunta ese extremo de la pista en particular. Si el lector hace el titánico esfuerzo de recordar sus clases de Ciencias Naturales de primaria, colegirá sin excesiva dificultad que si un piloto tiene que volar exactamente hacia el este, su rumbo serán 90 grados, 180 hacia el sur, 270 hacia el Oeste y 360 hacia el Norte. Por lógica aplastante, extremos contrarios de una misma pista suponen rumbos exactamente opuestos así que es fácil calcular ambas cifras conociendo una (basta con restar o sumar 180). Dado que el número de pistas que puede tener un aeropuerto es limitado, se redondea la cifra hasta la decena más cercana y se le quita el último dígito. Así que una pista que vaya exactamente en dirección Suroeste-Noreste tendrá en uno de sus extremos el número 23 (225 grados, redondeamos a 230 y quitamos el 0) y en el otro el 5 (lo mismo pero con 45 grados).

Por qué Las Vegas no está en Las Vegas
Piensa en Las Vegas. ¿Qué te viene a la cabeza? Casinos, claro. El Caesar’s Palace, el Bellagio, el Venetian, el MGM Grand… pero también el cartelote de Welcome to Fabulous Las Vegas o la esfera esa descomunal recubierta de LEDs que abrió hace poco con cuarenta conciertos consecutivos de U2. Vale. Pues absolutamente nada de eso está en Las Vegas. De hecho la mayoría de los casinos de Las Vegas no están en Las Vegas. ¿Y dónde están? En un lugar llamado Paradise, Nevada. Y he dicho un lugar, y no una ciudad, porque Paradise, Nevada, no es una ciudad. ¿Qué demonios es entonces? Ahí vamos.

Las capitales de Europa, en Estados Unidos
Es sabido que en EE.UU., dados sus orígenes europeos, hay decenas de ciudades que comparten nombre con ciudades de este lado del Atlántico. Dice la leyenda que cuando un grupo de colonos fundaba cualquier aldea, pueblo o burdel en un cruce de caminos agarraban un mapa de Europa y señalaban al azar un lugar para ponerle nombre. La leyenda es más falsa que un euro de madera, pero sirve para ejemplificar la cantidad de nombres de ciudades europeas que hay en Estados Unidos. Hoy, en Fronteras, elaboraremos una clasificación no oficial de las capitales europeas más repetidas en EE.UU.
10.- Ámsterdam (11 ciudades)
Es sabido que el primer nombre de Nueva York fue Nueva Ámsterdam. Las sucesivas guerras entre holandeses y británicos acabaron con el intercambio de la isla de Manhattan por lo que hoy conocemos como Surinam, y Nueva Ámsterdam se quedó sólo como nombre de una isla en el Océano Índico bajo control de… Francia. La inmigración holandesa, sin embargo, creó otro puñado de Ámsterdams por todo el continente, casi todos pequeños pueblecitos a lo largo de vías férreas o carreteras que hoy no pasan de 300 habitantes,

Kalawao County, por qué el condado más pequeño de Estados Unidos es un lugar maldito al que no se puede entrar
En Estados Unidos hay más de tres mil condados, una figura jurídica intermedia entre el Estado y el municipio cuyas competencias varían según el lugar. El más pequeño de todos ellos, y el segundo menos poblado, es el condado de Kalawao, en la isla hawaiana de Molokai. Una península de 30 kilómetros cuadrados a los que no llega ninguna carretera: la única manera de acceder por tierra al lugar es a través de un camino para mulas que baja de las montañas de medio kilómetro de alto que mantienen aislada la región. Y es que ese aislamiento es la razón de la existencia del condado. El aislamiento, y también la vida y milagros del patrón del Estado de Hawái: San Damián de Molokai.

