El suelo es Bratislava

La capital eslovaca es el patito feo de Centroeuropa. Viena está a una hora de coche, Budapest a dos, y Praga a tres. Todos los circuitos europeos abarcan dos de esas tres ciudades, y a veces las tres, relegando a Bratislava una excursión de un día en el mejor de los casos, o en el más habitual, un desvío para comer en el trayecto entre alguno de los vértices del triángulo mágico centroeuropeo. Los eslovacos, de hecho, tienen fama de ariscos con el turista por esa razón. Así que decidí que la ciudad, y el país, bien merecían una visita, que aunque breve, tuviera al menos algo más de enjundia que un área de servicio entre dos fronteras.

El Castillo de Bratislava junto a la bandera eslovaca

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