Lo bueno, y lo malo, de un eclipse total de sol es que es una de esas experiencias que no puede comprenderse salvo que se vivan. No hay fotos o vídeos que le hagan justicia a lo que ven los ojos ni a lo que siente el cuerpo. Es algo tan completamente único que después de vivirlo una única vez es perfectamente comprensible que exista una raza especial de lunáticos llamada «cazadores de eclipses«. La conversión por unos minutos del Sol en una bola negra es lo más próximo a un milagro, a una señal divina, que se puede experimentar sin ser creyente. Y yo lo vi en un pueblo que ya ha pasado a la memoria y al diálogo privado de mi familia. Un pueblo con el mejor nombre de toda la Meseta española. Cuzcurrita de Río Tirón.
