La isla donde se puede pisar el manto terrestre

Durante 19 años la Unión Soviética excavó un pozo en la Península de Kola. Después de dos décadas de trabajo llegaron a una profundidad de algo más de doce kilómetros; lo más bajo que el ser humano ha sido capaz de llegar. Toda esa profundidad sirvió para arañar una tercera parte de la distancia hasta el manto terrestre, que en aquel lugar empieza a unos 35 kilómetros bajo la superficie. Por todo el planeta la corteza cubre los primeros kilómetros de la Tierra, haciendo casi imposible alcanzar el manto, la capa inmediatamente inferior, y que ocupa un 85% del volumen planetario. Con una única excepción: la isla Macquarie, el único lugar del mundo donde uno puede poner un caminar sobre el manto terrestre.

Hoy en Fronteras, ¡cantidades ingentes de pingüinos!

Allá por 1810 andaba el marino Frederick Hasselborough a medio camino entre Tasmania y la Antártida buscando algún sitio donde cazar focas cuando se encontró una isla que no aparecía en ningún mapa. Como era costumbre en la época, procedió a hacerle la pelota a sus superiores, y le puso el nombre del entonces gobernador de la colonia de Nueva Gales del Sur, Lachlan Macquarie. De igual manera, y siguiendo las tradiciones en vigor, los británicos se pusieron manos a la obra con la fauna local y emprendieron una campaña de exterminio de todo bicho viviente en la isla, que llevó tanto a las focas como a los pingüinos al borde de la extinción unas pocas décadas. El aceite de pingüino era muy apreciado por sus propiedades lubricantes, y en su momento álgido, la isla procesaba tres mil quinientos pingüinos al día. El trabajo de unos cuantos naturalistas y lo que hoy llamaríamos activistas medioambientales llevaron a las autoridades australianas a prohibir la caza en la isla. Pensaron entonces en convertirla en una colonia penitenciaria, otra tradición muy de la zona, pero la extema peligrosidad de las aguas hicieron que la idea se descartara. Uno de cada doce barcos que se acercó a la isla acabó naufragando en sus costas. Los furious fifties no tienen piedad.

Ubicación, al fondo a mano izquierda según se llega a donde Cristo perdió la zapatilla, de la isla Macquarie

Geográficamente Macquarie es una isla de 35 kilómetros de largo y unos cinco de ancho a más de 1.ooo kilómetros de la masa terrestre digna de ese nombre más próxima (la Isla Sur de Nueva Zelanda, por concretar). Tiene abundantisima vida marina (pingüinos, focas, elefantes marinos, you name it), pero nunca ha estado habitada de manera permanente, y no existen pruebas, de hecho, de que nadie pusiera allí un pie antes de la llegada de los europeos a principios del siglo XIX. Desde principios del siglo pasado la isla es considerada un santuario ecológico, condición que se reforzó en los años 90 cuando fue incluida en el listado de lugares Patrimonio de la Humanidad. Los únicos humanos que pasan por allí son los investigadores de la base científica que lleva el mismo nombre de la isla, abierta en 1911 como estación repetidora de radio, y que funciona todo el año desde 1948. En 2016 la instalación estuvo a punto de cerrar, pero finalmente el gobierno federal australiano aceptó financiar su renovación y mantenimiento.

La Base Macquarie en el itsmo que separa la isla de su punta más al norte (Australian Antarctic Program)
Pingüinos en la Isla Macquarie, con los restos de un naufragio, en 1911 (Frank Hurley)

Lo que hace única a Macquarie no es, sin embargo, su fauna o las investigaciones sobre el terreno que se llevan a cabo allí, sino su geología. Como el lector recordará de sus clases de secundaria, la corteza terrestre rodea todo el planeta como una cáscara de huevo, de hecho, con un grosor relativo similar respecto al planeta. Pero claro, existe una cosa llamada volcanes, que de manera regular escupen lava, que no es más que piedra fundida, y esa piedra generalmente viene del manto terrestre, la siguiente capa planetaria y, de lejos, la más voluminosa. Ahora bien, que la lava provenga del manto no significa que sea el manto, es un souvenir que nos regalan los volcanes porque son así de desprendidos. El caso de nuestra isla es diferente. En los lugares donde se juntan las placas tectónicas es común que parte del manto sea estrujado hacia arriba por la grieta enorme entre ellas. En la práctica totalidad de los casos este manto «filtrado» se queda en el fondo marino, lejos del alcance de cualquiera que no tenga un submarino a mano. La única excepción es, claro, Macquarie.

Los restos oxidades de antiguas calderas de aceite de pingüino del siglo XIX, rodeadas por cientos de miles de sus antiguas víctimas (ABC)
Uno de los refugios retrofuturistas (Googie Hut) que el gobierno australiano mantiene en la isla Macquarie (The Apart Project)

La isla Macquarie está asentada en medio de una falla submarina de 1.600 kilómetros de largo, justo en el límite entre las placas tectónicas australiana y del Pacífico. Geológicamente es un territorio excepcionalmente joven: la isla no emergió de las aguas hasta hace unos cien mil años (entre 80.000 y 300.000, dependiendo del punto). Tan joven es, que en todos los lagos que hay en la isla (una veintena) no se han encontrado peces: no han tenido tiempo de llegar. En una isla sin fuentes naturales de agua dulce, los lagos se forman únicamente como acumulación de agua de lluvia en un terreno propicio por su escasa erosión. Así pues, Macquarie es la única isla en la que uno puede caminar sobre el manto terrestre. Ahora bien, cuánta gente lo hace realmente es otro cantar. Macquarie es una de las islas más inaccesibles del mundo. La inmensa mayoría de los visitantes son investigadores de la base y algunos guardas enviados por el gobierno de Australia o el de Tasmania. Apenas media docena de barcos más se acercan por allí cada año, todos ellos cruceros de esos de a veinte o treinta mil euros por persona en buques pequeñitos. Hay muchos, muchísimos más pingüinos que han caminado por la «Tierra Media» que seres humanos. Como debe ser.

Pingüinos y leones marinos sobre las rocas del manto terrestre (IFLS). A ver, visualmente no son gran cosa, pero a los geólogos les vuelve locos. Les vuelven locos cosas raras a esa gente. No les culpo. Yo llevo 19 años escribiendo sobre fronteras. Hay gente pa tó.

Fuentes y más info: IFLS, Swoop, Wikipedia, Latitude Tales, The Apart Project, Atlas Obscura.

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Puedes encontrar esta historia, y todas las demás, en El Mapa de Fronteras

Y no pienso dejar pasar la ocasión de recomendaros, es más, instigaros, es más, recordaros la obligación moral o incluso legal de que acudáis a la librería más próxima e intercambiéis una parte de vuestro escaso pero no por ello menos inmerecido sueldo en adquirir legalmente una copia de  HISTORIONES DE LA GEOGRAFÍA, la mejor colección de anécdotas geográficas que jamás se haya publicado en cualquier idioma o formato. He dicho. QUE LO COMPRÉIS. COPÓN YA. No sé cómo tengo que decíroslo.