Los muros que aún permanecen en pie (II)

(Para leer la primera parte, pincha aquí)

Chipre, la isla dividida

Chipre es un miembro de pleno derecho de la Unión Europea y de la Eurozona, pero su territorio de jure está controlado casi en un 40% por una potencia extranjera, Turquía. La violencia intercomunal entre grecohipriotas y turcochipriotas que se desató durante los años sesenta y setenta llevaron finalmente, en 1974, a un golpe de Estado patrocinado por Grecia tras el cual el ejército turco invadió la isla. Tras unas semanas de combate, con su reguero de atrocidades contra la población civil cometidos por ambos bandos, Turquía controlaba el 37% de la superficie de la isla, incluida parte de la capital, Nicosia. En 1983 la parte ocupada proclamó unilateralmente su independencia con el nombre de República Turca del Norte de Chipre y la línea del alto el fuego se convirtió, de facto, en la frontera sur del nuevo Estado. Excepto Turquía, nadie ha reconocido a la República Turcochipriota, que está sometida a un embargo económico y sobrevive gracias a la ayuda turca.

Trazado de la frontera entre los dos Chipres

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La frontera que se puede ver desde el espacio

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La fotografía sobre estas líneas (clic para ampliar) muestra una espectacular imagen tomada desde la Estación Espacial Internacional el pasado 21 de agosto. Unas cuantas manchas blancas delatan la situación de las ciudades y pueblos. Pero hay algo más: discurriendo entre ellas, como un río de luz, se puede ver una línea anaranjada. Es la frontera entre la India y Pakistán, tan iluminada que se ve desde el espacio. En la parte superior de la imagen está la India; debajo de la delgada línea naranja, Pakistán. La ciudad más grande y cercana a la línea es Lahore; en la parte inferior de la foto se ve Islamabad, en la superior Nueva Delhi.

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La frontera que se convirtió en un estadio

La India y Pakistán comparten en la actualidad la friolera de 2.912 kilómetros de frontera. En esa cifra está incluido el límite de facto que discurre a través de la disputada región de Cachemira, conocida como Línea de Control. Dejando aparte esta región, en toda la frontera indopakistaní existe un solo puesto fronterizo, el de Wagah, por el que cruza la línea de autobús entre Delhi y Lahore. La mayor parte de las garitas fronterizas suelen ser lugares aburridos en el mejor de los casos y peligrosos en el peor, llenos de gente, colas, burocracia y registros a fondo, donde uno pierde el tiempo mientras espera su turno para poder entrar al país. Pero el puesto fronterizo de Wagah es mucho más que eso. Es un auténtico espectáculo de masas que congrega a miles de personas cada día, que jalean a las tropas encargadas de vigilar la raya como si de futbolistas se trataran.

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Ceremonia de arriado de banderas en Wagah, vista desde Pakistán, con una muchedumbre india al fondo (click para ampliar). © r12a

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Conduciendo por el lado equivocado (y II)

Primera parte, aquí.

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Logotipo del Dagen H

Los últimos cambios de sentido de circulación que se han producido en el mundo fueron realizados entre los años 60 y 70 del siglo pasado. El último país continental Europeo en pasarse a la circulación por la derecha fue Suecia, en una fecha tan tardía como 1967. Concretamente el 3 de septiembre de 1967, que en el país báltico se conoce desde entonces como Dagen H (el día H), siendo la H una brutal abreviatura de Högertrafikomläggningen, que viene a significar (en traducción no ya libre, sino libertina) algo así como el cachondeíto de la circulación por la derecha. Las razones suecas para el cambio fueron fundamentalmente dos; en primer lugar la mayor parte de los vehículos que circulaban en el país tenían el volante a la izquierda, lo que provocaba no pocos accidentes al girar o adelantar en carreteras de un solo carril por sentido (la mayoría, en un país con una densidad de población tan baja), y en segundo lugar que sus vecinos, con los que comparte varios miles de kilómetros de fronteras en su mayor parte sin guardias, ya circulaban por la derecha. El gobierno sometió al veredicto popular la medida, y la respuesta fue clara y contundente: un 82,9% de rechazo. Consecuentemente, la medida fue aprobada.

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