Cuatro días en Bakú, la capital del país del fuego

El taxista empotró en la ciénaga más infecta de Azerbaiyán su Lada 2107, 74 caballos, tracción delantera, con la tranquilidad del que no tiene nada que perder. El coche, más de treinta años de servicio, sólido como una roca e igual de cómodo, procedió a atascarse en el lodo. Pese a los acelerones enloquecidos que hacían humear el motor las ruedas simplemente patinaban y llenaban de barro la carrocería. No problem, mister. Otro taxista a los mandos de un Niva destartalado se paró para ayudar. Entre él y el guía consiguieron empujar el coche fuera del barro. Yo no me habría metido en ese lodazal desolado y mugriento ni con un carro de combate, pero quién soy yo para juzgar la temeridad demente de los taxistas azeríes. Hoy, en Fronteras, cuatro días en Bakú y alrededores.

Toto, tengo la sensación de que ya no estamos en Kansas

El avión rosa de Wizzair despegó de Budapest a las once de la noche. Apenas fueron cuatro horas de vuelo hasta Bakú, pero merced a la diferencia horaria entre ambas ciudades, eran las seis de la mañana en la capital azerí. Una capital que me recibió oscura, helada y silenciosa. Los diez grados bajo cero al bajar la escalerilla del avión me golpearon con saña. Apenas hacía tres semanas que había abandonado Ereván y mi pasaporte lucía dos sellos armenios bien hermosos, con su representación esquemática del Monte Ararat y todo, así que me planté en el control con cierta inquietud, pero el aduanero estaba aún más somnoliento que yo y después de comprobar la validez del visado estampó el sello de entrada en el país. En la página contigua a los de Armenia. Que ya es puntería.

El autobús que une el aeropuerto Heydar Aliyev con el centro de Bakú funciona 24 horas al día, excepto cuando no funciona. A las seis de la mañana de un martes no funcionaba. Así que me subí a uno de los taxis londinenses de color rojo chillón que esperaban en la puerta de la terminal. Aconsejado via WhatsApp por el dueño del hostel, que debía ser la única persona en Bakú despierta a esas horas, negocié el precio del taxi hasta rebajarlo de atraco a mano armada a simpático timo para turistas (de 120 a 45 manat, redondeando, de 62 a 23 €). Un rato después, y ya con cierta luz fría manchando las calles cubiertas de nieve y hielo, el coche me depositó junto a la parada de metro de İçərişəhər, en azerí, «ciudad vieja». Mi anfitrión me permitió un check-in extraordinariamente temprano antes de las ocho de la mañana, que aproveché para dormir un rato y estudiar en la Wikipedia la omnipresente letra Ə. Que aunque cualquier ser humano normal la llama «e p’abajo» resulta que se llama schwab y se pronuncia como una etapa intermedia entre la a y la e (como la a en «cat«, según la Wikipedia), aunque para mi oído escasamente entrenado era difícilmente distinguible de una e como Dios manda, boca arriba y mirando al frente. Como siempre han sido. Manía de complicar las cosas.

Taxis de Bakú. English but affordable

Desde mi (probablemente erróneo) punto de vista el idioma de Azerbaiyán es turco con cosas. Turco y azerí son mutuamente ingeligibles, y turcos y azeríes se consideran pueblos hermanos. Azerbaiyán, sin embargo, es sólo el segundo país donde más azeríes viven. El primero no es Turquía sino Irán, concretamente en una región limítrofe con Azerbaiyán que se llama, ojo a la sorpresa, Azerbaiyán. No nos sorprendamos, también hay un Luxemburgo pegado a Luxemburgo. El caso es que Bakú y Ankara mantienen históricamente una estrecha relación como aliados, y además los dos odian a los armenios; todo el mundo sabe que odiar a la misma gente une más que cualquier otra cosa. En la ciudad abundaban los homenajes, memoriales y pancartas celebrando la victoria en el Alto Karabaj sobre sus vecinos cristianos. En la colina que domina la ciudad se encuentran dos memoriales juntos. Uno es el cementerio turco, que conmemora los más de mil militares otomanos que murieron en la Batalla de Bakú de 1918: turcos y azeríes combatiendo y ganando a los soviéticos. Inmediatamente después empezó la primera guerra entre las recién independizadas repúblicas armenia y azerí, que duró hasta 1920 cuando, esta vez sí, los rusos invadieron y ocuparon ambos países, ocupación que duraría setenta años. De paso le entregaron Najicheván y el Alto Karabaj a Azerbaiyán. Y de aquellos polvos, estos lodos. Lo cual nos lleva al segundo lugar de memoria.

Una mujer ora ante el cementerio turco de Bakú

A pocos metros del cementerio turco se encuentra el llamado Paseo de los Mártires, en el que se rinde homenaje a los muertos durante los turbulentos días de la independencia azerí. En enero de 1990 se produjeron dos masacres en Bakú. Una contra los armenios, de los que había cientos de miles en la capital. Entre cincuenta y un centenar fueron asesinados por muchedumbres furiosas después de que el gobierno de Ereván decidiera la anexión de facto del Alto Karabaj. El resto hasta doscientos mil huyeron o fueron evacuados por el ejército soviético. La segunda masacre fue de azeríes a manos de soldados enviados desde Moscú. En medio de un caos revolucionario desatado por todo el país contra el gobierno del Partido Comunista, 26.000 soldados tomaron la ciudad, matando por el camino a una cifra desconocida de civiles, muy probablemente por encima del centenar. A ellos y a los caídos en la primera guerra del Nagorno-Karabaj entre 1988 y 1994 recuerda el Paseo de los Mártires, que empieza junto a los rascacielos más altos de la ciudad y concluye con la visión de la bandera más grande del mundo.

Hay un par de centenares de lápidas con nombres y apellidos, pero el total de personas enterradas en el lugar supera las quince mil, incluyendo cien británicos que murieron durante la primera guerra mundial defendiendo la ciudad

Bakú es una ciudad con una cantidad bastante aceptable de edificios singulares. Los tres más conocidos, sobre todo por su omnipresencia en las retransmisiones de la Fórmula 1, son las Torres Flamígeras, un trío de edificios acristalados con forma de llama que hacen referencia al sobrenombre del país: «La tierra del fuego». Como el lector sospecho que ya sabe, el mote se debe a la abundancia de petróleo en el subsuelo de Azerbaiyán. Sólo en Bakú y alrededores hay más de cincuenta pozos petrolíferos activos, que han contribuido a financiar la transformación reciente de la ciudad. Además de los rascacielos-llama y el circuito urbano de carreras, el régimen ha puesto muchísimo dinero en convertir el centro de Bakú en un escaparate para atraer turistas de Europa y Asia. Fachadas reconstruidas en estilo neoclásico, pasos subterráneos forrados de mármol y edificios singulares a orillas del Mar Caspio. Además de, claro, la bandera. No me he olvidado de ella. Es imposible hacerlo.

No sólo son los tres edificios más altos de la ciudad sino que están en lo alto de una colina, para dominar aún más el paisaje de Bakú
Las torres están recubiertas de LEDs, lo que permite que durante la noche se conviertan en auténticas llamaradas
Además de las llamas, durante la noche las torres muestran diferentes esquemas con los colores de la bandera nacional

Entre los dictadores del mundo es normal competir por ver quién la tiene más larga (la bandera, obvio), e Ilham Aliyev no iba a ser menos. La Plaza de la Bandera Nacional se inauguró en 2010 y ya lucía el mástil más alto y la bandera más grande y pesada del mundo. 162 metros de asta y casi 2.500 metros cuadrados y 350 kilos de tela a mayor gloria del régimen, que entraba así en el Libro Guiness de los Récords. Un año más tarde perdió la distinción a manos de otra satrapía, en este caso Tayikistán, y en 2014 fue Arabia Saudita la que se quedó el histórico registro con un palo de 171 metros. Así que el gobierno de Bakú procedió a retirar su descabalgado mástil e instalar otro treinta metros más alto. Lamentablemente para los patrióticos intereses del mandatario azerí, durante las obras el gobierno egipcio inauguró el primer palitroque de más de doscientos metros de alto en su nueva y desértica capital, por lo que cuando en 2024 se terminó la nueva asta, quedó en una honrosa pero inesperada segunda posición. Eso sí, gracias a las proporciones de la bandera azerí (2:1) la tela que ondea lentamente al viento del Caspio conserva el récord de la más grande y pesada del mundo: 2.592 metros cuadrados y 500 kilos de orgullo azerbaiyano.

La bandera y el Mar Caspio. Nótese la autopista de tres carriles por sentido y los edificios de seis a ocho plantas a la derecha de la foto. La tela de la bandera mide 72 metros de largo y 36 de ancho, más o menos como un campo de fútbol 7

Dediqué mi primer día en la capital a pasear por el barrio antiguo, restaurado con algo más de gusto que el resto de la ciudad. El dédalo de callejas encerradas entre las murallas esconde un puñado de locales para turistas, pero también muchos negocios de y para los locales que le dan un sabor y un ambiente bastante auténticos. Mi hostel estaba a poca distancia del Palacio de los Shirvanshás, el edificio más destacado del conjunto histórico, que entró a formar parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO a principios de siglo, y que, pese a ser de obligada visita, deja bastante indiferente al visitante. O a mi, al menos. Muy cerca de allí está el mejor museo de la ciudad: el Museo de los Libros en Miniatura. Entrega exactamente lo que promete: un montón de libros minúsculos, ordenados por temática y lugar de publicación. El más importante del mundo en su género. El único del mundo, de hecho. La exposición es la colección privada de Zarifa Salakhova, una mujer de 92 años que, cuando entré al recinto, impartía una lección magistral a un grupo de adolescentes con uniformes escolares. Los libros más pequeños de la exposición miden dos milímetros de alto y otros tantos de ancho; su superficie es la sexta parte que la de la uña del meñique.

Shirvanshá ustedes mismos
Algunos libros en ruso, del tamaño de medio pulgar
Una biblia italiana del tamaño de una uña
Libros en alemán de unos dos centímetros de alto

En la otra punta del barrio amurallado está la Torre de la Doncella, una estructura originalmente levantada en el siglo XII que ha llegado más o menos intacta hasta nuestros días pese a las turbulencias históricas de la ciudad. Antes de subirme pagando la entrada diez veces más cara que los ciudadanos azeríes o turcos (2 manats frente a 20) fui a comer a un restaurante cercano, donde procedí a ponerme como un gato en una matanza por poco más de 15 euros. Puré de lentejas, arroz con pasas y ternera, brochetas de cordero, hojas de parra rellenas y de postre baklavas y badamburas, dos de cada. Estaba justo en la cima de la torre cuando me arrepentí. Muy rápido. De la nada mis entrañas comenzaron a protestar violenta y sonoramente, y sentí esa sensación de apremio tan poco agradable que precede a una evacuación explosiva. El puré de lentejas avanzaba por mi aparato digestivo a la misma velocidad que Max Verstappen en la recta de meta del circuito urbano de la ciudad. Bajé los ocho pisos a la carrera sujetándome las tripas como un soldado americano desembarcando en Omaha Beach y caminé todo lo rápido que pude hacia mi habitación en el otro extremo de la ciudadela. Sudando como si estuviera corriendo la maratón del Sáhara, me perdí dos veces antes de encontrar el camino. Cada pocos pasos me paraba para apoyarme en una pared y apretar los dientes y los esfínteres. Finalmente llegué a la habitación, cerré de un portazo y antes de que pudiera alcanzar la seguridad del cuarto de baño sucedió. La caída del Imperio Marrano. La Cagástrofe. La Hecacatombe. El apopócalipsis. Afecalypse now, the diarrhector’s cut

I regret nothing
Única foto que me dio tiempo a hacer desde lo alto de la Torre de la Doncella antes de que fuera mi intestino delgado el que entrara en combustión

Ahorraré al lector los detalles del Nagasaki marrón, pero pasé las siguientes dos horas aseándome en un baño al estilo oriental, donde el lavabo, el retrete y la ducha comparten un espacio sin división alguna. Después de limpiar los suelos del baño y la habitación y de higienizar mínimamente mi ropa busqué una lavandería próxima. Mientras mi ropa daba vueltas me di cuenta de que tenía hambre. Lógicamente, dado que el almuerzo había pasado menos tiempo en mi interior que Lenin en una iglesia. Así que decidí tentar mi suerte y probar otro lugar típico de la ciudad. El McDonald’s. Que, para mi gozo, tenía alguna que otra opción basada en la cocina local. Tiene uno lo mejor de los dos mundos: la posibilidad de degustar especialidades culinarias nuevas y la seguridad de que no va a morir de un Armagedón intestinal

Hoy en Cagaleros Viajeros: la mejor lavandería de Bakú
La foto me quedó bien así que aquí la pongo para distraeros de mis atrocidades fecales

El próximo domingo, la segunda parte. mientras tanto, y si no te las has leído, puedes echarle un vistazo a las demás Crónicas Caucásicas:

Parte 1 | Parte 2 | Parte 3 | Parte 4 | Parte 5 | Parte 6 | Parte 7 | Parte 8

O puedes echarle un ojo a otras crónicas de viaje moderadamente hilarantes:

Lanzarote | Dubái | Kuwait | Omán | Baarle | Podgorica | Skopje | Tokio | Túnez | Venecia

Esta historia, como todas, también aparece en El Mapa de Fronteras.

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8 respuestas a “Cuatro días en Bakú, la capital del país del fuego

  1. Avatar de Matias ND Matias ND 30-junio-2025 / 6:54 pm

    Fuiste a Azerbaiyán, luego de ir a Armenia. ¿Que sigue? ¿Ir a Israel y luego a Oriente Medio, ir a Corea del Norte, tras una estancia en Corea del Sur, ir a Rusia, tras una estadía en Ucrania, o tal vez ir a Ruanda tras haber visitado comunidades tutsis en el Congo?

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  2. Avatar de Straw Straw 4-julio-2025 / 12:15 pm

    El ritmo y calidad de las publicaciones que tiene este blog en este año es espectacular. No suelo comentar nunca pero estoy pendiente de todos los posts que vas subiendo (como el 90% de los visitantes de esta página, me atrevo a adivinar). Está claro q el blog tiene menos comentarios que hace años (supongo q influye mucho q antes era un habitual en páginas como menéame), pero solo queria decir, Diego, que somos muchos los que disfrutamos de estas historias sin hacer ruido en la sección de comentarios. Y además, desde hace unas semanas también disfruto del libro 🙂 Muchas gracias por todo

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