El último rincón de Alemania Oriental

Tres de octubre de 1990. Cientos de miles de personas celebraban en las calles de Berlín. En el edificio del Reichstag, una muchedumbre inmensa cubría cada rincón; el canciller Helmut Kohl y su predecesor Willy Brandt saludaban a las multitudes. Las banderas de todos los estados federales de Alemania lucían en sus mástiles, y la gente agitaba eufórica la bandera tricolor, que ya era oficialmente la única bandera de Alemania. Ese día había dejado de existir el estado conocido como Deutsche Democratische Republik: Alemania Oriental había pasado a la historia para siempre. En Alexanderplatz un grupo de nostálgicos comunistas protestaba contra la unificación. No querían que la dictadura impuesta por los soviéticos desapareciera, pero la historia les pasó por encima. ¿O no? A miles de kilómetros de allí, en las costas de una isla dominada durante décadas por otra dictadura comunista, una pequeña isla se convirtió en el último reducto de la República Democrática Alemana: el Cayo Ernesto Thälmann, Cuba.

Todo se vino abajo aquel 9 de noviembre de 1989 cuando Harald Jäger tomo la decisión de abrir las puertas del Muro de Berlín y dejar que la muchedumbre eufórica se abalanzara sobre Berlín Occidental y sobre la libertad. A partir de aquel momento exacto las horas de la República Democrática Alemana estaban contadas. Sin posibilidad de retener a sus propios ciudadanos y sin el apoyo soviético para mantener el régimen, la RDA sólo podía hacer una cosa, y era desaparecer. Como en todas partes, también en la Alemania autodenominada democrática había nostálgicos del régimen, principalmente entre aquellos que se beneficiaba de él, o entre la gente especialmente ideologizada. La pertenencia de Alemania Oriental al bloque del Este durante cuatro décadas le había granjeado cierta cercanía no sólo con el resto de países del Pacto de Varsovia sino también con otras dictaduras comunistas por todo el mundo, como Corea del Norte o, más relevante para esta historia, Cuba.

Erich Honecker y Fidel Castro. El primero estuvo 23 años en el poder, el segundo 49.

En 1972 el dictador cubano Fidel Castro visitó Berlín Oriental como parte de una gira por los países del Bloque del Este. Allí recibió como regalo de manos de su homólogo germano oriental, Erich Honecker, el símbolo de la ciudad, un oso, en aquel caso, de peluche. Pero Castro era un tipo generoso, especialmente con aquello que no era suyo, así que decidió que su regalo iba sería mucho más espectacular, y decidió regalarle a la RDA nada menos que una isla entera. Según los noticiarios propagandísticos de la época, se trataba de una isla llamada Playa Blanca, que sería renombrada como Ernesto Thälmann en homenaje a un comunista de entreguerras que acabó siendo fusilado por los nazis poco antes del final de la segunda guerra mundial. La soberanía del arrecife coralino, de 15 kilómetros de largo por medio de ancho, sería transferida al país europeo, y la única playa de la isla sería también renombrada como Playa RDA.

Fidel Castro mostrándole a Honecker sobre el mapa la ubicación de la isla dedicada a la memoria de Ernest Thalmänn

Aparentemente la idea del regalo era que los ciudadanos germano orientales pasaran en la Cuba castrista sus vacaciones estivales, pero por lo que fuese el alemán oriental medio no nadaba en la abundancia y viajar al otro lado del mundo cuando con muchas dificultades podían ir a pasar unos días al Lago Balaton en Hungría resultaba más complicado de lo previsto. El caso es que ni un solo alemán puso un pie en la isla. De hecho nadie pisó aquel lugar en ningún momento, así que su coral y sus especies protegidas siguieron a sus cosas sin que nadie les molestara. Cuando Alemania Oriental desapareció, todo su territorio pasó a formar parte de la República Federal Alemana, incluido, supuestamente, el Cayo Ernesto Thelmänn. Salvo por el hecho de que, en realidad, la isla jamás había formado parte de la República Democrática Alemana. Si bien es cierto que se le cambió el nombre y hasta se instaló un busto del dirigente comunista, la transferencia de soberanía nunca se realizó. Era «simbólica», o sea, propagandística. Así que en realidad los nostálgicos del comunismo que protestaban aquel día de octubre de 1990 contra la desaparición de su país sí tenían razón. La RDA había desaparecido entera y para siempre.

El busto de Ernest Thälmann en la isla que llevaba su nombre, en 1973
EL busto del dirigente comunista alemán destruido tras el paso del Huracán Mitch en 1998. Las metáforas os las dejo a vosotros

Fuentes de las fotos y más info: Strange Maps, Wikipedia, Stern, BBC.

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Una respuesta a “El último rincón de Alemania Oriental

  1. Avatar de Matias ND Matias ND 26-mayo-2025 / 4:29 pm

    Esperaba ver a un grupo de irreductibles en una isla cerca a Alemania que ni los alemanes saben que existen, reclamando hasta entrado el siglo XXI la existencia de la RDA, casi como una micronación.

    Pero bueno, esto tampoco esta mal. Una isla «alemana» en Cuba. Maravilloso.

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