La coincidencia más grande de todos los tiempos

Imaginemos la escena. Una isla deshabitada en mitad del Océano Glacial Ártico. Dos tipos que se han pasado un par de años danzando por el hielo tratando de ser los primeros humanos en visitar el Polo Norte, sin éxito. Más perdidos que el niño de El Sexto Sentido en un cementerio y con menos posibilidades de sobrevivir que un perro en un mercado de Seúl. De repente, una mañana como cualquier otra salen de su agujero en la nieve y ven a un tipo acercándose hacia ellos. ¿Visiones? ¿Delirio? ¿Es Dios y resulta que el cielo es igual de frío que el polo? No, es otro ser humano como ellos, el único en decenas de miles de kilómetros cuadrados. Y lo que es más asombroso todavía, les llama por su nombre. A veces la realidad supera la ficción con creces, y el encuentro de Fridtjof Nansen y Frederick Jackson en la Tierra de Francisco José es una de esas ocasiones.

Recreación artística basada en una foto de Nansen de las vistas habituales en la travesía ártica.

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