«Hormigas locas amarillas» no es la clase de denominación taxonómica que deja demasiadas dudas respecto a la ferocidad de una especie. Desde luego es mucho más descriptiva que Anoplolepis gracilipes. La hormiga amarilla es el caballo de Atila del reino animal, una especie invasora que provoca el caos y el colapso ecológico allí donde llega. Y suele llegar a muchos sitios, generalmente en los mismos barcos en los que lo hacen los humanos. Así que cuando aparece en un lugar que se ha pasado aislado siglos o milenios, pongamos una isla en lo más remoto del Océano Pacífico, suele provocar resultados catastróficos. Y eso fue lo que sucedió en el Atolón Johnston en el año 2010. Lo que siguió fue una guerra sin cuartel para erradicarlas de la isla. Una batalla desigual que sólo podía acabar de una manera: el genocidio fórmico.


