El Desierto del Sáhara. Un océano de dunas hasta donde alcanza la vista. Absolutamente nada se alza del suelo más de medio metro en decenas de kilómetros a la redonda. Sobre la arena, se levanta una estructura circular antigua, una fortaleza, o tal vez un palacio. Quizás una simple parada para caravanas. Los nómadas bereberes que habitan la zona le llaman Ksar Draa. ¿Quién lo construyó? ¿Cuándo? ¿Y para qué? Esas son tres de las preguntas que, a día de hoy, no tienen respuesta. Hoy, en Fronteras, las ruinas más misteriosas del Sáhara.

Llegar a Timimoum, una ciudad de 20.000 habitantes en mitad del Sáhara, supone de catorce a dieciséis horas de conducción desde Argel, mayormente a través de carrreteras a través del desierto, con temperaturas diurnas en algún punto intermedio entre los cuarenta y los cincuenta grados a la sombra, en el improbable caso de que hubiera alguna sombra. Según la tradición oral, que se acepta a falta de estudios arqueológicos serios, la ciudad fue fundada alrededor del siglo XII por comerciantes bereberes. La arcilla de la que están hechos sus edificios coloniales le dan el color ocre típico de la arquitectura de la región. Alrededor de la localidad orbitan aldeas, pueblos y oasis que dependen de la metrópoli para su subsistencia. Y más allá lo único que hay son dunas. Dunas y más dunas, kilómetros de ellas, hasta que de repente entre la arena emerge una estructura circular del mismo color del desierto que la rodea. Es un Ksar, la palabra bereber que designa a un castillo, o una fortaleza, generalmente construída sumando viviendas o espacios individuales para protegerse mejor de las amenazas exteriores.


Las ruinas del Ksar Draa tienen treinta metros de diámetro en su parte más ancha, y hasta diez metros de alto. Una única abertura permite el acceso al interior. El interior es más estrecho pero menos alto. Lo primero, por una doble muralla que servía tanto para dar estabilidad como para protegerse de las temperaturas atroces del Sáhara, Lo segundo, porque la doble muralla custodia un puñado de estancias en varios niveles, unidas por un intricado labertnto de pasadizos y arcos. No existe ningún registro histórico de cuándo fue construído el lugar, ni por quién; la tradición oral de los nómadas liga la estructura a la presencia de caravanas de comerciantes judíos en la baja edad media, pero tampoco hay evidencias arqueológicas al respecto. La historia del lugar se ha perdido entre las arenas del tiempo, así que únicamente se puede especular, basándose sobre todo en lo que sí se sabe de otros Ksar de la zona. Generalmente se cree que se trataba de una fortaleza utilizada también como parada para las caravanas comerciales que cruzaban el desierto; su origen se establece en algún punto entre los siglos XII y XIV. No se sabe cuándo quedó abandonada, ni por qué, ni quiénes vivieron allí, o quiénes fueron los encargados de levantarla.



El lugar se puede visitar siempre que uno sea argelino o sea capaz de obtener los visados y permisos necesarios para primero, entrar en el país, y segundo, viajar al desierto. Argelia es uno de los países más cerrados al turismo del mundo y carece de infraestructuras para el viajero, así que llegar hasta Timimoum es un desafío de primer orden. Una vez allí, sin embargo, es fácil contratar un guía a los mandos de una Toyota pick up indestructible que recorra los 30 kilómetros de dunas hasta la fortaleza. O, si el viajero ha alcanzado un grado suficientemente elevado de enajenación mental y de desprecio por la propia existencia, puede ir caminando por la arena para visitar uno de los misterios más hermosos del desierto.


Fuentes, fotos y más info: Archeotravelers, Crónica Balear, Quora, Explorers Web, Voussoirs, Maghreb Magazine, Adel_CB, The Travel.
Más cosas extrañas y abandonadas en mitad de la nada en Fronteras:
El Minarete de Jam, un alminar solitario en mitad de las montañas de Afganistán
El árbol de Teneré, una de las mejores historias jamás publicadas aquí. En Níger
Al Madam, el pueblo que el desierto se tragó. En Dubái. Y cómo NO ir allí.
Wittenoom, el pueblo que desapareció de los mapas. En Australia
Darvaza, el crater de las llamas eternas, en Turkmenistán
Centralia, la ciudad a la que le arden las entrañas. En Pensilvania, EE.UU.
Concrete City, la utopía abandonada de hormigón. También en Pensilvania
El diamante en el desierto. Una publicidad tan enorme que sólo se veía desde el avión.
La mano del desierto. Una escultura inquietante en Antofagasta, Chile
Lenin en la Antártida. La estatua soviética más aislada del planeta.
Puedes encontrar esta historia, y todas las demás, en El Mapa de Fronteras
Y si todavía tienes ganas de más, para eso me encargaron escribir HISTORIONES DE LA GEOGRAFÍA; más de un centenar de historias como esta narradas con el mismo tono serio y académico que caracteriza este lugar. Si eres lector de este blog, estás legalmente obligado a comprar el libro. No me lo invento, es la ley, y la ley se cumple. Estás tardando. COMPRA MI LIBRO. ES UNA ORDEN
Descubre más desde Fronteras
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
Ksar es la palabra que da origen al vocablo español Alcázar, y viene a su vez del latín Castrum, que también es el origen de la palabra Castillo. Es curioso el viaje lingüístico de dos palabras que son sinónimas y provienen del mismo lugar y pero han llegado por caminos completamente diferentes.
Me gustaMe gusta
Te quieres ksar conmigo. No, esto es sublime. Leer esto en un ómnibus a las seis de la mañana es un atentado a las ganas de dormir de mis compañeros de viaje, o empezar el día con una serotonina inconmensurable. Lo que me intriga en realidad es la función de la fortaleza. Sí, evidentemente defensiva, pero defenderse ¿de qué? No hay ningún oasis al parecer, fuente de agua o algo preciado en el mar de dunas que algún grupo quisiera proteger para sí. A no ser que sea no una fortaleza sino una posada, un alto en el camino para las caravanas o algún viajero. Bueno, el texto decía que especulemos y lo estoy haciendo bastante bien 😂
Me gustaMe gusta