A un lado de la puerta principal del Eurode Business Center hay un buzón amarillo de la Deutsche Post. Al otro lado, a no más de tres metros de distancia, una caja anaranjada de PostNL. Cada uno de los buzones está, claro, en su país. La frontera entre Alemania y los Países Bajos discurre equidistante de ambos, exactamente por el centro de la puerta de entrada al edificio, pero también la rotonda ante él, y toda la calle que lleva hasta allí. A un lado está Herzogenrath, en Renania del Norte, al otro Kerkrade, en Limburgo. Originalmente eran un solo pueblo pero los avatares de la historia lo convirtieron en dos, y con el paso de las décadas y los siglos volvieron a ser una única localidad, aunque en dos países diferentes. Antes de que el tratado de Schengen borrara las fronteras europeas, ellos ya habían hecho lo propio con la que les dividía, y se habían renombrado para un futuro de unión: Eurode, el primer pueblo transnacional de Europa.

La calle que lleva al Eurode Business Center tiene dos nombres. Al norte se llama Niewstraat, aunque también aparece rotulada como Neustrasse. Al sur, la acera que pertenece a la región de Aquisgrán se llama Aachener Strasse, Hasta mediados de los años noventa, un murete de hormigón de un par de palmos de alto recorría toda la longitud de la calle. Saltárselo estaba sujeto a una multa de veinte marcos alemanes, u otros tantos florines holandeses, dependiendo desde que lado se hiciera el brinco. La frontera entre Alemania y Holanda pasa por el centro de la calle desde el Congreso de Viena de 1815, cuando aquello no era aún una calle sino un camino de relativa importancia en el comercio regional. Las localidades de Kerkrade y Herzogenrath, que habían crecido una junto a otra desde el siglo XII, quedaron en países distintos, pero la aparición de una frontera internacional no tuvo demasiada importancia: el intercambio comercial y cultural entre ambas continuó siendo tan grande que hasta desarrollaron su propio dialecto local, una variante del fráncico ripuario de la zona de Aquisgrán.


Durante un siglo la frontera entre Kerkrade y Herzogenrath permaneció abierta, pese a la abundancia de aduaneros y guardias, pero la primera guerra mundial lo cambió todo. Alemania levantó una verja a lo largo de toda su frontera con Países Bajos, y además electrificó la frontera entre Bélgica y Holanda. Durante las siguientes décadas las vallas y muros fueron y vinieron, levantados por el nazismo, los aliados que ocuparon Alemania tras la segunda guerra mundial y los propios alemanes, posteriormente. Eso no impidió el contrabando, de hecho ni siquiera lo ralentizó un poquito. La zona llegó a conocerse como «Frente del Café» debido a la cantidad de él que se contrabandeaba por parte de sus habitantes, especialmente niños, que lo pasaban de tapadillo en balones con los que jugaban al voleibol con la valla fronteriza. Hasta los años 70 no desapareció la verja, sustituida entonces por un pequeño murete de cemento de un par de palmos de alto. En los 90, poco antes de la entrada en vigor del acuerdo de Schengen, finalmente se eliminaron todas las barreras físicas, y las dos ciudades fundaron la primera institución supramunicipal transfronteriza: Eurode



Eurode fue la manera que encontraron Kerkrade y Herzogenrath de gestionar los temas conjuntos, especialmente a lo largo del límite entre ambas. Las dos ciudades suman más de cien mil habitantes y tienen los problemas y las necesidades de cualquier otra localidad del mismo tamaño. Tráfico, transporte, emergencias, cultura, conducciones de suministros, turismo y también negocios. Y así fue como en 1998 crearon el Eurode Business Center, el primer centro de negocios binacional de Europa. La idea obviamente era facilitar los negocios transfronterizos entre los dos países, especialmente en el sector servicios, permitiendo a las empresas operar a ambos lados de la raya sin necesidad de mantener físicamente una oficina en cada país. Cuando abrió, en el año 2000, era fundamentalmente un experimento, una prueba piloto para la armonización de impuestos y burocracia y para la integración económica. Cinco años después tanto Holanda como Alemania aprobaron legislación para facilitar la creación de empresas transfronterizas, que con una única identidad legal puedan operar como locales en ambos países, y aparecieron otros polígonos industriales y comerciales binacionales.


En el EBC los baños de hombres están en un país y los de mujeres en otro, empresas alemanas atienden a sus clientes holandeses en una sala al otro lado de la frontera y viceversa, el parking está en Alemania y la recepción en los Países Bajos. Em el edificio existe una comisaría conjunta de las policías neerlandesa y alemana, que se suma al servicio de bomberos y a las bibliotecas, que son comunes a ambos pueblos. Los impuestos se pagan en el país en el que está la oficina, y para las empresas que cuentan con espacio en ambos lados de la línea, se facturan en aquel país en el que tengan más superficie alquilada. El centro de negocios está lleno. Hay sesenta empresas registradas en el edificio, casi todas ellas start-ups y pequeños negocios de dos o tres trabajadores. El empleador más grande es una empresa de trabajo temporal que se encarga de buscar personal en ambos países, y que cuenta con quince empleados a tiempo completo.


La pandemia de hace cinco años se cebó con las ciudades fronterizas, divididas de manera brutal por una frontera que en la mayoría de los casos era difícilmente perceptible. En Kerkrade y Herzogenrath no fue diferente. Una verja fue instalada partiendo en dos la calle, y el centro de negocios quedó en tierra de nadie. Para pasar de un país a otro hacía falta un test PCR, pero en el lado holandés no había ningún lugar donde hacérselos; el más próximo estaba en Maastricht, a treinta kilómetros de allí. La solución, por supuesto, fue binacional. Se instaló provisionalmente un laboratorio en el EBC en el que los ciudadanos de ambos pueblos podían hacerse el test en su país de manera gratuíta, y así comenzó la vuelta a la normalidad. Al final se trataba de hacer una vez más lo que llevaban toda la vida haciendo desde hacía dos siglos: borrar la frontera.

Fuentes y más info: Eurode Center, Reinische Post, Eurode.eu, Wikipedia (NL, DE. DE), WDR, NPR, NRC, Deutschland.de, Grenzecho.
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Gracias, Diego. Estas historias baarlerianas son siempre muy entretenidas.
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No tenía ni idea de la existencia de este edificio… una duda: cual es el idioma utilizado? supongo que el alemán, no?
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Alemán, holandés y el dialecto local, una especie de híbrido entre ambos más cercano al neerlandés
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