Las Islas Spratly, el archipiélago más disputado del planeta

Poco se podían imaginar en el pueblo almeriense de Laujar de Andarax que las andanzas de uno de sus hijos predilectos acabarían dando forma a uno de los conflictos territoriales más complejos del siglo XXI, sobre todo porque Pedro Murillo Velarde nació allí a finales del siglo XVII. Y sin embargo así es. Velarde se metió a misionero y acabó en Filipinas, donde en 1734 publicó el mejor mapa del archipiélago hasta la época, que se conoce precisamente como Mapa de Velarde. Casi tres siglos después ese mapa fue uno de los que utilizó el gobierno del país para defender su postura en una disputa, la del Mar de China Meridional, que involucra a al menos seis países y cuyas ramificaciones se extienden mucho más allá de su área geográfica, hasta llegar hasta la lucha por la primacía mundial en el próximo siglo.

Guardacostas filipinos y chinos se enfrentan en el Mar de China Meridional (Reuters)

Por ponernos en contexto, las Spratly son un conjunto de islotes, bajíos, atolones, escollos, arrecifes y bancadas que se extienden a lo largo de varios cientos de miles de kilómetros cuadrados entre las costas de China, Filipinas, Vietnam, Brunéi, Malasia y Taiwán. Casi todos están deshabitados porque sin intervención humana prácticamente ninguno es habitable, por tamaño fundamentalmente, y también por la ausencia de flora, fauna, o fuentes de agua dulce. Y sin embargo hay seis países (cinco, Brunéi realmente tiene una reclamación bastante simbólica y tiene suficiente petróleo como para comprarse otro país) pisándose la cola los unos a los otros para controlarlos, y llevando la disputa al terreno legal, diplomático y, cada vez más frecuentemente militar. ¿Por qué un puñado grande de islotes muertos de asco generan tanto interés? El lector, que a estas alturas se las ve venir, ya lo habrá deducido. Recursos. De todo tipo, pero especialmente de dos: pesqueros y energéticos. Pero también por el control de la vía marítima más importante del planeta: el Mar de China Meridional tiene más tráfico de mercancías o petrolífero que los canales de Suez o Panamá: un 50% de todos los barcos del mundo pasan por el Estrecho de Malaca, en uno de sus extremos. Es el principal cuello de botella de las vías marítimas planetarias.

Mapa del Mar de China Meridional (PMF) con la ubicación de los distintos archipiélagos en disputa: Las Spratly, las Paracelso (ocupadas íntegramente por China pero reclamadas por Vietnam), la isla Pratas, que es la más grande de todo el conjunto y está controlada por Taiwán pero reclamada por China (como la propia isla de Taiwán, por otro lado) el Atolón de Scarborough (también conocido como Bajo de Masinloc en español) y el Banco de James, que ni siquiera llega a estar emergido y aún así es reclamado por tres países

¿De quién son las islas? El derecho internacional ha producido varias toneladas de legislación sobre cómo dividir los mares entre los estados ribereños, que se resume en la Conención de Naciones Unidas sobre Derecho del Mar (UNCLOS, por sus siglas en inglés), pero la realidad es increíblemente prosaica, y dicta que las islas son de quien se las quede. Las Islas Paracelso llevan medio siglo ocupadas por China pese a que hasta la segunda guerra mundial eran parte de la Indochina Francesa. En derecho internacional, especialmente el marítimo, muy a menudo se opera según una política de hechos consumados, y es también lo que ha pasado en las Spratly y en el Mar de China en general. Según la UNCLOS, cada estado ribereño tiene derecho a doscientas millas náuticas (unos 370 km) de zona económica exclusiva desde sus costas, siempre que esas costas sean de un territorio habitado o al menos habitable de forma autosostenida. Absolutamente ninguna de las islas Spratly cumplen dicha característica. Además de eso, cualquier tierra emergida genera doce millas náuticas de mar territorial, pero la UNCLOS excluye explícitamente a las islas artificiales, de las cuales hay unas cuantas también en el Mar de China.

La Línea de los Nueve Trazos (El Orden Mundial) y las ZEE de los países que bordean el Mar de China Meridional

¿Qué reclama cada país? La mayor parte de la disputa orbita alrededor de lo que se ha dado en llamar la Línea de Nueve Trazos, una traslación a la cartografía de la política china en el Mar de Ídem: «Lo quiero tó pa mi«. La Línea de Nueve Trazos consiste exactamente en eso, nueve rayas sobre el mapa del Mar de China Meridional en el que prácticamente toda su superficie queda bajo control chino. Esta postura la defienden dos países: Taiwán, que gobernaba la China continental cuando el mapa de las nueve rayas fue publicado por primera vez, y la China Popular. La reclamación de la práctica totalidad de la superficie marítima entre Taiwán y el Estrecho de Malaca se apoya en un control extremadamente vago supuestamente ejercido durante siglos a través de flotas de pesca, y de la navegación y cartografía que (esto sí es cierto) llevaron a cabo los marinos chinos desde la edad media. Pero a efectos legales, eso y nada es lo mismo. Filipinas llevó a La Haya las reclamaciones de China, usando entre otros muchos documentos el Mapa de Velarde, y la sentencia del Tribunal de Arbitraje fue bastante clara al respecto: la reclamación marítima de China no tiene ninguna base legal. Además, señaló que ninguna de las islas Spratly reúne las características para tener su propia ZEE, independientemente de quién ostente la soberanía sobre cada una de ellas. China no reconoce la sentencia, pese a ser firmante del UNCLOS.

Soldados chinos en una de las islas Spratly en 2016 (Reuters). En el hito de la derecha de la foto se lee «Nansha es nuestra patria, sagrada e inviolable». Nansha es el nombre chino para las Spratly
El Arrecife conocido como Fiery Cross, en 2015
El mismo arrecife de la foto superior, en 2018 (ambas fotos de Xataca), tras su conversión en una base aérea sobre una isla artificial por parte de la República Popular China

Descartado el derecho internacional como fuente de legitimidad, sólo queda la fuerza, o la política de los hechos consumados. En total hay varias docenas de islas ocupadas por los distintos países, pero de muy lejos el que más control tiene sobre el mar es China. Además de la totalidad de las Paracelso, China ha ocupado varios islotes y arrecifes más, construyendo enormes islas artificiales sobre ellos, o incluso sobre elevaciones del fondo marino, mediante dragados masivos para reclamar tierras al mar. Estas islas, desde el punto de vista legal, no son tales y por lo tanto no generan una zona económica exclusiva, pero eso importa poco si el dueño de las islas tiene barcos suficientes para intimidar a los vecinos. Los roces y choques militares entre los guardacostas chinos y del resto de vecinos son habituales, especialmente con los de Filipinas y los vietnamitas. El enfrentamiento más importante, y que dio origen al laudo de 2016, se produjo en 2012 alredecor del Bajo de Masinloc (o de Scarborough), que está situado a unos 200 kilómetros de la costa filipina (y por tanto, teóricamente dentro de su zona económica exclusiva) y a más de ochocientos del punto más cercano de China. Guardacostas filipinos descubrieron a ocho barcos de la Repúbica Popular pescando sin permiso en la zona, pero cuando intentaron abordarlos, los guardacostas chinos les atacaron con cañones de agua, impidiendo así la inspección de la carga. Lo que siguió fueron varias semanas de tenso pulso ente las dos marinas, que terminaron con la salida de los buques filipinos del lugar, y el control total del atolón por parte de China desde entonces, que no permite que los pesqueros de Filipinas puedan faenar en aguas que, legalmente, pertenecen a su país.

Vista aérea del Arrecife de Scarborough, que apenas sobresale mínimanente del mar durante la marea baja (Malaymail)

Si hay un lugar representativo de la disputa por el dominio del Mar de China Meridional ese es el Bajo de Ayuguin (o Second Thomas Shoal, en inglés). Es un bajío tan poco elevado que durante la marea alta nada emerge del océano, o nada lo haría si no fuese porque la marina de Filipinas embarrancó en el lugar el Sierra Madre, un viejo buque de desembarco estadounidense de la Segunda Guerra Mundial que el gobierno de Manila adquirió a Vietnam del Sur en 1976. La embarcación, que aparenta ser un pecio oxidado cayéndose a pedazos porque lo es, es considerada como nave en activo por parte de la armada de Filipinas, que mantiene en él una docena de tropas como forma de marcar el territorio. Desde hace más de una década, China hostiga a los barcos que acuden a reabastecer a la marinería, y los ataca con cañones de agua, los embiste o los intenta abordar. Ayuguin es una de las pocas avanzadillas de otro país que no sea China en las aguas en disputa, y después de perder Scarborough Filipinas tiene toda la intención de resistir. El país tiene un tratado de defensa mutua en vigor con Estados Unidos, con todo lo que ello implica: una disputa sobre un bajío semihundido puede implicar una escalada planetaria. 

El Sierra Madre, un cascajo a medio hundir donde residen permanentemente una docena de tropas filipinas desde hace un cuarto de siglo (The Guardian)
El BRP Sierra Madre, embarrancado en el bajío (El Correo)

Con los números en la mano, Vietnam es el país que más islas ocupa en las Spratly, pero el poder que proyecta sobre el Mar de China Meridional es mucho menor. En total son más de cuarenta islotes, arrecifes y bajíos los que controla el gobierno de Hanói; durante años el país mantuvo un perfil bajo en cuanto a reclamación de tierras y construcción de islas artificiales, pero desde hace un par de años el ejército vietnamita ha construido una superficie que equivale a un 70% de la reclamada por China, incluyendo también aeropuertos y otras infraestructuras militares. Las relaciones entre Vietnam y China alcanzaron su punto más bajo este siglo cuando Pekín envió una plataforma petrolífera a las Paracelso, lo que provocó no sólo las protestas de Hanói sino una oleada de disturbios antichinos por todo el país. A partir de 2020, y con el apoyo no demasiado disimulado de la administración de EE.UU., Vietnam empezó a construir islas artificiales sobre los arrecifes bajo su control, a un ritmo que casi iguala el de China cuando levantó su Gran Muralla de Arena entre 2013 y 2016. Pero las disputas sino-vietnamitas tienen medio siglo de antigüedad y han conocido épocas muy violentas. No sólo la toma de las Paracelso en los años setenta. En 1988, setenta soldados vietnamitas murieron en un enfrentamiento con tropas chinas en una de las Spratly en la que habían plantado una bandera del país. Por eso no sorprende que en este último lustro se hayan lanzado a copiar la política de fait accompli de su vecino.

La isla de Namyit, controlada por Vietnam, en 2020 y en 2024, después de un considerable proceso de dragado de coral
En 2023 los gobiernos de Vietnam y Filipinas prohibieron temporalmente la exhibición de la película Barbie en los cines de los dos países, alegando que un mapa infantil que aparecía en la película incluía la Línea de los Nueve Trazos (el círculo rojo en la imagen). Finalmente la película se emitió con una leve alteración digital para eliminar la presunta ofensa.

Por si todo esto fuera poco, a las disputas en los distintos archipiélagos se suma, claro, la cuestión de Taiwán. El país controla la más grande de las Spratly, pero sus posibilidades reales de defenderla militar o legalmente son escasas, dado su estatus internacional como país con escaso reconocimiento. La China Popular parece estar decidida a recuperar la isla en un futuro no muy lejano, algo que podría poner el planeta entero al borde de una confrontación, y todas las bases militares creadas en las Spratly y en las aguas del Mar de China Meridional sirven precisamente para proyectar poder naval y aéreo sobre sus vecinos, que también son (o venían siendo, al menos) aliados de Estados Unidos, el garante último de la independencia de la República de China. Las Spratly, en definitiva, no tienen un valor intrínseco, sino como método para generar soberanía, si no legal, si real. Que es al fin y al cabo lo que cuenta.

Fuentes y más info: BBC (2), Wikipedia (2, 3), AMTI, ICAS, Infobae, CNN (2), Xeneta, CNES, OPB,  The Guardian, Australian Institute. 

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No sé si os he contado que he escrito un libro. Puede que se me haya pasado mencionarlo, quizá. Por si acaso no has pisado este blog en el último año, que sepas que existe una obra única en su género (siendo «su género» equivalente a «escrita por mi»), titulada  HISTORIONES DE LA GEOGRAFÍA, en la que me explayo durante doscientas y pico páginas acerca de lugares extraños, fronteras aburdas y todo tipo de anécdotas geográficas, buena parte de las cuales nunca han salido aquí porque me las reservo para el libro PARA QUE LO COMPRÉIS. COMPRAD MI PUÑETERO LIBRO

 

 

 


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