El Lago Eyre es probablemente una de las mayores exageraciones toponímicas de la geografía mundial. Llamar lago a una tierra árida y sedienta que recibe algo de humedad una vez cada varios años es toda una hipérbole. Cada medio siglo o así, la lluvia permite que el suelo seco y salado se cubra de agua hasta donde alcanza la vista, y entonces sí es un lago, pero el resto del tiempo es una parte más del desierto que le rodea. Y en ese desierto en medio del ya de por sí desértico Outback australiano, alguien fue tan audaz como para establecer un rancho, que siglo y medio más tarde es no sólo el más grande del mundo, sino el más enorme que jamás haya conocido la humanidad. Anna Creek Station, una hacienda del tamaño de Eslovenia.

Como sin duda los avispados lectores de esta casa ya conocen, el centro de Australia consiste en un desierto rojo absolutamente descomunal, horriblemente caluroso y, por consiguiente, extremadamente poco poblado. El Outback es a Australia lo que el Lejano Oeste a los Estados Unidos de la segunda mitad del siglo XIX, Siberia a la Rusia de Miguel Strogoff o la provincia de Ciudad Real a España: un lugar mítico y extremo, en los márgenes de la civilización, que la mente juvenil impresionable asocia con la aventura y la exploración de lo desconocido. Como buen desierto, el Outback no se prodiga en hacer que crezcan las cosas en su suelo, cosas de que llueva con la misma frecuencia con la que el Atlético de Madrid gana la Champions League. Así que para mantener una cabaña de ganado hace falta espacio. Cantidades absolutamente ingentes de espacio. Suficiente espacio para que crezca algo que las vacas puedan comer. Y cuanto más seco es el desierto, más sitio hará falta.

Cuando Anna Creek se fundó en la segunda mitad del siglo XIX lo hizo como un rancho de ovejas, pero los dingos, esa variante australiana del perro que se come todo lo que se mueve y gran parte de lo que no, se pegaban un festín con los rebaños, así que al cabo de unos años decidieron dedicarse a la cría de vacas. Concretamente de la raza Santa Gertrudis, que es la que menos agua necesita y la que mejor resiste el calor. A principios del siglo XX la propiedad pasó a manos de una empresa llamada Sidney Kidman & Co., que aparentemente recibe su nombre por parte de un hermano del trastarabuelo (el padre del tatarabuelo) de Nicole Kidman. Quién lo iba a decir. El caso es que durante el siglo XX la empresa acumuló ranchos por toda Australia hasta sumar casi cien mil kilómetros cuadrados de territorio, aproximadamente como El Salvador o Portugal. Y ese Portugal vacuno fue vendido a sus actuales propietarios, Williams Cattle Company, por algo menos de 300 millones de euros, hace ahora diez años.

¿Cómo se gestiona una propiedad tan absolutamente descomunal? Se necesita un ejército de trabajadores, claro. Siempre y cuando redefinamos «ejército» como «una docena de personas». En los orígenes del rancho, las vacas, que pastan libremente allá donde encuentran algo que crezca del suelo, eran manejadas por rudos y valientes hombres a caballo con lazos, pero siglo y medio más tarde, se usan una avioneta, unos cuantos drones y un puñado de motocicletas, además de geolocalizadores. Mucho más eficiente, apreciablemente menos épico. La vida en Anna Creek es, bueno, digamos que es estupenda para ver cielos estrellados o alejarse del mundanal ruido. El pueblo más cercano es Coober Pedy, un viejo conocido de este remoto rincon fronterizo, que está a unos 150 kilómetros de distancia de las viviendas de los trabajadores, aunque en caso de emergencia siempre puede uno acercarse al asentamiento denominado William Creek, que está a sólo veinte kilómetros de distancia, y que, con sus diecisiete habitantes, todos ellos empleados del hotel o del pub, también aloja la única gasolinera en un radio de más de ciento cincuenta kilómetros. De hecho, si uno pone un compás gigante en William Creek y traza una circunferencia de ese diámetro, la superficie del círculo será de unos setenta mil kilómetros cuadrados. La población total de ese trozo de territorio será de… 30 personas. Groenlandia a su lado parece Hong Kong.

Anne Creek es espectacularmente grande, pero lo cierto es que los ranchos que le siguen en la clasificación de tamaño no son precisamente pequeños. En todo el país hay al menos veinte estaciones de más de diez mil kilómetros cuadrados, y unas sesenta por encima de los cinco mil. En conjunto, suman casi seiscientos mil kilómetros cuadrados, el tamaño de la Península Ibérica. Pero también, en conjunto, todos ellos sumados, no llegan a ser ni siquiera un 10% del territorio del Outback, el inmenso y fascinante centro rojo y salvaje de Australia.
Fuentes, fotos y más info: Wikipedia, Half as Interesting, Noticias de campo. Libertad Digital.
De Australia tenemos aquí material para enterrar al lector. Pero recomiendo especialmente esta serie de artículos:
Los médicos voladores. El Royal Flying Doctor Service y sus ambulancias aéreas
Road trains. Las bestias del asfalto. Camiones con muchos, MUCHOS remolques
Coober Pedy, el pueblo bajo tierra. Los vecinos de Anna Creek Station
Poniéndole puertas al campo (y su segunda parte), sobre las verjas anti dingos y anti conejos, y cómo en ambos casos el éxito de las verjas en el desierto fue, como poco, discutible.
Puedes encontrar esta historia, y todas las demás, en El Mapa de Fronteras
¿Sabéis en qué libro se cuentan un montón de historias curiosas y bizarras de Australia? Por supuesto que lo sabéis, desgraciaos, si llevo medio año dando la turra. En esa magna obra llamada HISTORIONES DE LA GEOGRAFÍA tenéis otro puñado de historias descacharrantes narradas con el mismo tono serio y académico que caracteriza este lugar.
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Bueno, los australianos nos ganaron a uruguayos y argentinos en cuanto a los latifundios más grandes del mundo. Uno, criado en un país donde las estancias llegan hasta donde alcanza la vista, creería -en un arrebato pampacentrista- que el Cono Sur albergaría las extensiones más vastas de terreno dedicado a la ganadería extensiva. Craso error.
Tremendo artículo señor. En mi caso muy didáctico, aprendí varias cosas la verdad que no esperaba.
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Creo que se te fue la pinza con la extensión de El Salvador
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