Sexo, drogas y fronteras

El título de esta entrada tal vez parezca un poco sensacionalista (en este blog tenemos una larga historia de amor con el amarillismo en los titulares), pero lo cierto es que se ajusta perfectamente a la historia de hoy, que se desarrolla en el límite entre Bélgica y Holanda, una frontera que ya ha aparecido por aquí en varias ocasiones, normalmente referidas al colosalmente mítico pueblo de Baarle y su frontera enloquecida. La que vamos a ver hoy no alcanza las cotas de enajenación mental fronteriza de aquel lugar (casi nada lo hace, en realidad) pero sí que ha resultado un quebradero de cabeza para los dos países. ¿Por qué? Pues por lo que dice el título de la entrada, leñes. Sexo, drogas y fronteras.

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Hacía tiempo que no ponía una foto de estas, con lo que me gustan (fuente)

*Nota: Sé perfectamente que el nombre del país que limita con Bélgica al este es Países Bajos, pero por economía del lenguaje y porque me da la gana, lo pienso seguir llamando Holanda el resto de la entrada. Eso sí, si alguien dice Mumbai o Beijing que se prepare a ser baneado, o tiroteado, o algo peor. 

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