El verdadero tamaño de los continentes

La proyección de Mercator, todavía una de las más utilizadas, si no la que más, era estupenda cuando el tipo que le puso nombre, Gerardo Mercator, la creó allá por el siglo XVI. Permitía trazar trayectorias loxodrómicas, que en cristiano quiere decir que una línea recta sobre el mapa equivale a un rumbo constante en la navegación. Perfecto para navegantes, descubridores y demás gentes de mal vivir. El gran problema es que la distorsión de las áreas es enorme, y es más grande cuanto más alejado del Ecuador se encuentre el territorio. Eso lleva a errores visuales evidentes, como se puede comprobar en el mapamundi sobre estas líneas, en el que Groenlandia (2 millones de kilómetros cuadrados) aparece notablemente más grande que África (30 millones). Una manera de evitar esto es usar otra proyección, como la Winker Tripel o la de Molleweide, mucho más precisas en lo referente a la superficie en las distintas partes del mapa. Otra posibilidad es comparar distintos territorios superponiéndolos en un mismo mapa. Y de eso va esta entrada.

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Un Volkswagen Escarabajo en la Antártida

La carretera del Polo Sur (fuente)

A finales del año 2006 se terminó de construir la Carretera del Polo Sur, la única carretera existente en la Antártida; se trata de un camino de nieve compactada de 1.450 kilómetros de longitud que discurre entre la Estación de McMurdo (esa que tiene un cajero automático)  y la base Amundsen-Scott, en el polo Sur. La construcción de la pista facilitó la comunicación entre las dos bases americanas y el traslado de material, combustible y demás recursos que, de otra manera, habrían sido transportados por avión. Vehículos oruga especializados recorren toda la enorme longitud de la pista en aproximadamente 40 días a la ida y mucho menos tiempo a la vuelta. Pero mucho antes de la apertura de la carretera, la Antártida fue hollada por los neumáticos de uno de los mitos de la automoción del siglo XX: el Volkswagen Escarabajo.

El Escarabajo Rojo de la Antártida (fuente)

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Lenin en la Antártida

Hace unos años la Peugeot anunciaba su 205 con el eslógan Contigo, al fin del mundo. En el anuncio para televisión, se podía ver el coche, junto con una simpática parejita, al borde de un océano de estrellas, representación simbólica de dicho finis terrae. A día de hoy el fin del mundo como tal sigue sin existir, salvo en la saga de Los Piratas del Caribe, pero hay un buen puñado de lugares que podrían ser definidos como tales.

Uno de ellos podría ser el Polo Sur, sino fuera por el pequeño detalle de que está habitado. La estación americana Amundsen-Scott lleva allí más de medio siglo, y en verano viven allí unas doscientas personas, que se reducen a unas cuantas decenas a lo largo del invierno austral. La estación tiene su propio aeropuerto, conexión a Internet, televisión por satélite y hasta una webcam en directo que se actualiza cada cuarto de hora. Por si fuera poco, se está construyendo una carretera que unirá el Polo Sur con la base americana de McMurdo, a unos 1.400 kilómetros al norte (obviamente) de allí. Vamos, que aquello no es Nueva York, pero conozco pueblos en Soria y Teruel peor comunicados, y, desde luego, con mucha menor actividad.

(Atención, pregunta. ¿Qué hora es en el Polo Sur? Dado que todos los husos horarios convergen en él pueden elegir tranquilamente entre los más de veinticuatro existentes. Sí, más de veinticuatro, otro día hablaremos de eso. La respuesta, al final de la entrada)

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