Una turbina contra el mundo: cómo un hombre empecinado levantó en solitario el molino de viento más raro de Europa

Desde lejos parece un ventilador de sobremesa. Uno especialmente inmenso, que sobresale sobre el paisaje circundante como una nave alienígena que hubiera tenido un accidente. Pero es el proyecto de toda una vida. Concretamente de la vida de Józef Antos, un polaco nacido en los años treinta que soñó con un futuro en el que su país produjera toda su electricidad con el viento, y que puso manos a la obra para conseguirlo. Esta es la historia del molino de viento más inusual que haya existido sobre la faz de la Tierra, y del hombre que lo construyó.

El punto de mira más grande del mundo (Wojtek Blu, via The Windmill Enthusiast)

«Me gustan las cosas fuertes. El vodka fuerte, la gente fuerte y las plantas eléctricas potentes». Eso decía de si mismo Józef Antos, una persona a la que la palabra «manitas» no hace justicia ni de lejos. Nacido en 1932 al sur de Polonia, después de la guerra se graduó en una escuela de minería local. Profundamente autodidacta, abrió un taller en su pueblo donde construía y reparaba todo tipo de aparatos, normalmente maquinaria agrícola, vehículos o cualquier cosa que necesitara piezas a medida.  A finales de los años setenta leyó en una revista un artículo sobre la por entonces incipiente energía eólica, y algo hizo clic en su cabeza. Agarró papel y boli y se puso a diseñar bocetos de turbinas y molinos. ¿Su objetivo? «Electricidad barata para todo el mundo».

«Tú te preguntas por qué. Yo me pregunto ¿por qué no?» (Turismo de Silesia)
«Sujétame el Vodka» (Turismo de Silesia)

Rębielice Królewskie es una aldea de poco más de setecientos habitantes, y todos ellos conocían a Józef, el tipo que era capaz de reparar cualquier cosa, o de construirla desde cero si hacía falta. Así que nadie se sorprendió demasiado cuando empezó a construir molinos en su jardín. A lo largo de los siguientes años diseñó, construyó y probó una docena de modelos distintos, hasta que se decidió a ir a lo grande. Su idea era levantar una estructura que pudiera generar electricidad con las brisas lentas y pausadas de su Silesia natal. Para ello dotó a la estructura de una enorme área de captación de treinta y tres metros de diámetro montada sobre un mástil de más de cincuenta de altura, pero en vez de tres aspas, como los modelos comunes actuales, con casi trescientos álabes. Esto, combinado con un sistema sin caja de engranajes permitiría generar hasta 35 kW de potencia con vientos de apenas dos metros por segundo, o eso decía su diseñador, muy optimista. Józef no sólo construyó cada pieza de la enorme estructura, también diseñó y fabricó cada una de las herramientas y toda la maquinaria necesarias para la obra. Con la ayuda de un par de amigos, gastándose todos sus ahorros y con cantidades ingentes de paciencia y voluntad férrea, en 2003 la enorme turbina quedó finalmente terminada. Lamentablemente, nunca llegó a funcionar.

Józef Antos con su obra recién terminada, en 2003 (Czestochowa Naszemiasto)

Durante el cuarto de siglo que dedicó a la construcción del gigantesco ventilador, a Józef le dijeron muchas veces que su proyecto era una locura, y todas y cada una de ellas, ignoró olímpicamente la observación. El problema es que tenían razón. Las especificaciones técnicas del aparato sencillamente no eran viables; los cálculos de producción energética estaban inflados por un orden de magnitud, y el sistema de transmisión por correas al aire libre que había diseñado no habría soportado un solo invierno en el duro clima polaco. Con todo, Józef no se rindió, y siguió buscando inversores y patrocinadores para el gran proyecto de su vida, el molino que podría regalarle electricidad barata a todo un país. Y así estuvo hasta su muerte en 2009, ya con 77 años.

A malas se puede reciclar como trampa para pájaros o como antena de radioaficionado (Reddit)
Józef se gastó un millón de Zlotys (al cambio, aproximadamente un cuarto de millón de euros de hace entre veinte y treinta años) en levantar un aparato de doscientas toneladas. Me parece un uso absolutamente legítimo del dinero

Con la desaparición de su autor y promotor, la turbina quedó abandonada. Sin mantenimiento ni control alguno, poco a poco se ha ido viniendo abajo. Los álabes se han ido cayendo, la pintura ha desaparecido y toda la estructura se ha oxidado y deteriorado más allá de cualquier posibilidad de recuperación. Poco después del fallecimiento de Józef, sin embargo, su obra empezó una segunda vida por su cuenta: la de destino turístico bizarro. No existe en toda Europa un artefacto similar, no ya en cuanto a su historia, sino visualmente. Cincuenta metros de altura y treinta de circunferencia que se ven desde kilómetros a la redonda llevaron allí a exploradores urbanos primero y a curiosos y aficionados al Do-It-Yourself después. Hoy el molino aparece destacado en la página web del organismo turístico de Silesia. En la tumba de Józef, en el cementerio del pueblo donde creció y vivió toda su vida, se lee el siguiente epitafio: «Con trabajo, talento e imaginación demostró que no hay nada imposible». Hay algo romántico en la gente que se obsesiona con un tema durante dos décadas aunque no le proporcione ningún beneficio, ¿no os parece?

Después de década y media abandonada, la turbina se cae a pedazos (Szary Burek)
La tumba de Józef Antos, con su obra al fondo (BNT)

Fuentes, más fotos y más información (casi todo en polaco): Wikipedia, Atlas Obscura, Onet, Spider’s Web, Czestochowa Naszemiasto, Windmill Enthusiast, Bryla.

Si te gustó esta historia, seguramente estas otros hombres que construyeron cosas improbables también te van a caer bien:

Capricho de Cotrina, el castillo alucinógeno que un albañil autodidacta construyó para su hija en un pueblo de Badajoz.

La catedral de Justino, el monje que dedicó sesenta años de su vida a levantar por si solo una catedral en un pueblo a las afueras de Madrid. Un absoluto mito arquitectónico y bizarro. Bonus de una rotonda en la que aparece 300 veces la palabra «hola» en otros tantos idiomas.

Puedes encontrar esta historia, como todas las demás, en El Mapa de Fronteras

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