La frase de Churchill sobre la excesiva capacidad de los Balcanes de generar historia acaba llevándome siempre a un puente en Sarajevo. La capital bosnia acumula tanta historia que en uno de sus puentes se inició la primera guerra mundial y ni siquiera es el puente con más historia de la ciudad. Ese honor lo tiene otro a pocos kilómetros de allí, el lugar donde empezó y terminó la guerra de Bosnia. El puente de Suada y Olga.

Se considera el 5 de abril de 1992 como la fecha en la que se inició el asedio de Sarajevo. Ante los movimientos de tropas del ejército Yugoslavo, una muchedumbre de cincuenta mil personas sin distinción de etnias ni religiones recorrió los márgenes del río para protestar contra la inminente guerra. Francotiradores serbios ocultos en el hotel Holiday Inn dispararon contra la muchedumbre desarmada, asesinando a seis personas. Las primeras en caer fueron dos mujeres, una estudiante de 23 años (Suada Dilberovic) y una funcionaria del parlamento bosnio de 33 (Olga Sučić). Se las considera las dos primeras víctimas del sitio de Sarajevo. Hoy el puente lleva el nombre de ambas, sin embargo, el lugar ha pasado a la historia por la muerte de otras dos personas, las víctimas más famosas del asedio: Admira Ismić y Boško Brkić. Los Romeo y Julieta de Sarajevo

Admira y Bosko empezaron a salir juntos la nochebuena de 1984, el año de los Juegos Olímpicos de la capital bosnia. Ella era hija de musulmanes, los padres de él eran serbios. A nadie le importaba lo más mínimo en aquella época, y menos que a nadie, a sus padres. Por entonces de cada cinco parejas en Sarajevo, dos eran mixtas, y de hecho mucha gente ni siquiera sabía a qué etnia pertenecían sus vecinos y amigos, o ellos mismos. Eran, simplemente, de Sarajevo. Cuando estalló la guerra decidieron quedarse en la ciudad, dos jóvenes idealistas viviendo su amor entre las balas y las bombas. Pero después de unos cuantos meses de penurias decidieron marcharse. Aprovechando una tregua intentaron cruzar las líneas del frente a lo largo del río Miljacka para salir del país. Cuando cruzaban el puente, dos disparos de francotirador rasgaron el aire primaveral. Él murió en el acto, ella cayó herida fatalmente, y tuvo tiempo de arrastrarse para morir abrazada a su novio. Los cuerpos permanececieron así, abrazados, durante dos días, hasta que otra tregua temporal permitó su retirada y su entierro. La foto de los cadáveres en el puente dio la vuelta al mundo y se convirtió en otro símbolo más de la locura de la guerra. En el documental sobre sus vidas y su muerte que se estrenó un año más tarde (puede verse íntegramente en Youtube), las familias de los novios insisten en que la denominación «Romeo y Julieta» no es justa: nadie se opuso a su relación, que fue celebrada de principio a fin por sus familiares. A Admira y a Bosko los mató la historia y el nacionalismo, lo único más fuerte que su amor.

Antes de ser renombrado como «de Suada y Olga», el puente donde murieron Admira y Bosko tenía otra denominación, que es la que ha pasado a la historia para referirse a una de las acciones de guerra más alucinantes de la historia contemporánea: la batalla del Puente de Vrbanja. Cuatro de la madrugada del 27 de mayo de 1995. Doce soldados serbobosnios se acercan a uno de los puestos de guardia de la ONU en el puente, guardado por otra docena de franceses. Los serbios van vestidos con uniformes del ejército galo, y montan un vehículo de la ONU robado. El ataque pilla por sorpresa a los soldados de la Armeé, que son capturados sin necesidad de disparar un tiro. Una hora más tarde un comandante francés se acerca al lugar y descubre lo sucedido. Huye del lugar perseguido por los serbios y consigue escapar. Cuando la noticia llega al cuartel general, el presidente de Francia, Jaques Chirac, decide pasarse la cadena de mando de la ONU por el forro de la baguette y ordena retomar el puente y rescatar a los doce soldados usando toda la fuerza necesaria. Y no escatiman.

Amanece en Sarajevo. Al menos doce blindados y más de un centenar de soldados se acercan al puente de Vrbanja. Lo que sucede figura en los anales de historia militar. Gritando como animales enloquecidos los militares franceses cargan a la bayoneta sobre la primera línea de defensa serbia, matando a varios soldados de la República Srpska y tomando uno de los extremos del puente. Un soldado galo muere durante el ataque. Los vehículos disparan incesantemente sobre el otro lado del puente, donde dos galos hacen de escudos humanos. Los francotiradores bosnios se unen al festival y comienzan a acribillar a los serbios. En menos de media ahora la batalla ha terminado. Dos franceses y cuatro serbobosnios murieron. Cuatro serbios fueron tomados como prisioneros de guerra en la última carga a la bayoneta de la historia del ejército francés. El ejército serbobosnio abandonó el puente a la mañana siguiente y jamás volvió a intentar nada parecido. Poco después liberó a cientos de soldados de Naciones Unidas que mantenía como escudos humanos, incluídos los doce franceses capturados durante la noche. La OTAN envió doce mil soldados más con reglas de compromiso mucho más agresivas y al final del verano bombardeó hasta los cimientos docenas de posiciones serbias. La guerra tocaba a su fin. El asedio a Sarajevo duró unos meses más. Pensaréis lo que queráis de los franceses, pero aquí uno sólo puede decir chapeau.

Bosnia empezó el siglo XX encajada entre distintos poderes: el Imperio Otomano, Austro-Hungría y Serbia. Un siglo y cuarto después la cosa no ha cambiado demasiado. Rusia, la UE y el mundo islámico compiten por llevarse a Bosnia a su campo. Bosníacos y croatas son ferozmente pro-europeos, pero los valores musulmanes son a menudo visiblemente incompatibles con los de la Unión. Serbia juega al victimismo con un guión calcado al que Moscú usa para justificar la invasión brutal de Ucrania. Y lo cierto es que todos cometieron crímenes de guerra horrendos y las limpiezas étnicas fueron generalizadas en todas partes. No existen inocentes en una guerra salvo los muertos. Nadie reconoce sus crímenes, sólo sus víctimas, de las que miles siguen desaparecidas sin que se tenga noticia del paradero de los cuerpos, treinta años después. Serbia asesinó más que nadie porque controlaba el ejército yugoslavo, pero lo que hicieron los croatas con los bosnios y los serbios en cuanto tuvieron oportunidad no desmerece las crueldades de Mladic, Arkan, Karadzic y compañía, y ningún bosnio desaprovechó la menor oportunidad para matar a los serbios que tenía cerca si eran minoritarios. Salvo en un lugar, en Sarajevo.

Setecientos serbios murieron defendiendo la ciudad de sus propios compatriotas, porque decidieron que su gente no eran los que rezaban a sus dioses o escribían con su alfabeto, sino sus vecinos, los que iban con ellos al mercado. El 28 de agosto de 1995 el ejército serbobosnio bombardeó el mercado de Markale en plena hora punta, matando a 45 personas y mutilando e hiriendo a un centenar. Las imágenes de los cadáveres desmembrados aparecieron en todos los telediarios de occidente, porque eran los 90 y se hacían esas cosas. La OTAN dijo basta y bombardeó a los serbios hasta que aceptaron el alto el fuego. Los acuerdos de Dayton se firmaron el 11 de noviembre de 1995. La última víctima del sitio de Sarajevo fue una mujer de 55 años que murió en un tranvía en el centro de la ciudad cuando un soldado serbobosnio le disparó un cohete RPG. Era 9 de enero de 1996. El 29 de febrero el asedio se dio por concluído cuando los últimos soldados del ejército de la República Srpska abandonaron la ciudad.

Bosnia es un país increíble para viajar. Carece de grandes monumentos o maravillas naturales, pero sólo en los alrededores de Konjic y Mostar uno se puede pasar dos o tres días sin aburrirse ni un minuto. La propia Sarajevo es una ciudad preciosa, vibrante y llena de vida, al menos en verano. Mi última tarde en la capital bosnia la dediqué a subir en teleférico a su colina más alta. Desde arriba vi ponerse el sol al otro lado de la ciudad. Adi, mi anfitrión, me había alojado una semana en su casa a cambio de una cantidad absolutamente ridícula (17 euros diarios) y su hospitalidad sobrepasó cualquier listón que uno quiera poner. En Móstar los vendedores del bazar celebrabron conocer que era español y me invitaban a visitar a la Plaza de España, la más grande de la ciudad, que homenajea a la veintena larga de compatriotas que murieron en el país intentando mantener la paz. He estado dos veces en la República Srpska y otras tantas en Serbia. Pocas veces me han tratado tan bien y tan amablemente. Desde fuera son mayoritariamente indistinguibles y profundamente amigables, pero entre ellos se toleran en el mejor de los casos, y se odian cordialmente en el peor. Poca gente quiere hablar del tema, pero basta con leer un periódico traducido por Google para detectar el resentimiento que emponzoña las relaciones entre unos y otros. En 1914 un único disparo en Sarajevo dio lugar a una cadena de acontecimientos que terminó con veinte millones de personas muertas. En un país disputado por todas las potencias del mundo de una u otra forma, nadie sabe lo que puede suceder si la llama del odio vuelve a prender. Pero el viajero que sólo conoce la cara amable de los pueblos únicamente puede desearles lo mejor: que se entiendan.

Algunas fuentes usadas para escribir estas crónicas:
Libros: el ya mencionado La piedra permanece, de Marc Casals, trece historias de bosnios comunes narradas con absoluta maestría por un enamorado del país y de la ciudad. También Como si masticaras piedras, de W.L. Tochman, una crónica absoluamente aterradora de la búsqueda de los restos mortales de las víctimas del genocidio a través de los ojos de las madres y esposas de los muertos. En La fábrica de las fronteras, de Francisco Veiga, se exploran todas las guerras yugoslavas, con un punto de vista mucho más próximo a las posiciones serbias.
Este documental de la Deutsche Welle (en inglés) sobre la crisis bosnia actual es extremadamente informativo y recomendable. El documental Romeo y Julieta en Sarajevo está disponible en Youtube, además de imágenes históricas como la demolición del puente de Móstar, civiles bajo el fuego de los francotiradores serbios durante el asedio o los bombardeos del mercado, que no enlazo porque contienen imágenes durísimas. Esta crónica de Associated Press publicada un par de meses después del final de la guerra de Bosnia es magnífica.
Mi amigo Javi (a.k.a. Sherlock) escribió hace cinco años su propia crónica de viaje a Bosnia, que pueden encontrar en el afamado blog del Mapache Sifilítico: Demasiada historia para un país tan pequeño.
Puedes encontrar esta historia, y todas las demás, en El Mapa de Fronteras
Y si te gustan estas historias, te encantará, sin duda alguna, HISTORIONES DE LA GEOGRAFÍA, donde se habla de Bosnia jy de otro centenar de cosas más, narradas con el mismo tono serio y académico que caracteriza este lugar. Si eres lector de este blog, estás legalmente obligado a comprar el libro. No me lo invento, es la ley, y la ley se cumple. Estás tardando. COMPRA MI LIBRO. ES UNA ORDEN

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Hface un par de años echamos el verano entre Croacia, Bosnia y Montenegro. Lo que mas nos llamó la atención fue la presencia de mujeres con burka en las calles. Nos dejó muy mal cuerpo. Luego de anécdota, en Montenegro, camino de Durmitor tuvimos un accidente de coche, que dejó nuestro coche inservible. Afortunadamente todos sanos. Un paisano muy majo Sasha (nos ayudó como pudo para gestionar con la policia, la compañia del alquiler, sobre todo xq alli nadie hablaba inglés, salvo él y no habia cobertura ninguna). Al final desde Dubrovnik (habiamos alquilado el coche en Croacia) se desplazó una chica con un coche, el de la grua nos acercó y en mitad de la noche, en mitad de la carretera coicidimos. Ella nos dejó el coche nuevo y se volvió con el de la grúa y nosotros seguimos con nuestro viaje … Esta fue toda nuestra interacción con locales, la verdad que de Sasha nos llevamos la mejor impresion, me acercó al pueblo, para tener cobertura, hablo con la policia, tambien hizo en cierta medida de interprete con la compañía de alquiler, volvio a llevarme a donde el accidente hasta que por fin llegó la grua …, la policia sin embargo fue poco cooperativa aparte de que solo hablaba serbio al parecer, y se nego a hacer un parte de accidente, que nos hubiera facilitado las cosas con la compañia de alquiler. Al final, como habiamos asegurado TODO la cosa quedo en nada pero de primeras ibas a devolver el coche temiéndote una clavada al devolver el coche …
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me siento la verdad, avergonzado de no conocer de las guerras yugoslavas siendo que fui contemporáneo a ellas, aunque era un niño en ese entonces. Avergonzado porque cumplo con el estereotipo de occidental: hay un muro de desconocimiento para lo que hay más allá del Adriático y no debería ser así. Sólo puedo decir que suscribo siempre al deseo de Diego, al inocente deseo de que se entiendan. La geopolítica es despiadada, anárquica y sangrienta, ahora como hace 125 años años, como hace apenas 30.
Gracias por este texto magistral.
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