Georgia quiere ser Europa pero Rusia no le deja (Crónicas caucásicas, 2)

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La historia de la Georgia independiente es mucho más convulsa de lo que cabría esperar en un país de apenas cuatro millones de habitantes e independizado hace poco más de 30 años. Al menos cuatro guerras, dos revoluciones e innumerables crisis constitucionales convierten la historia reciente del país en un caos. En las recomendaciones de viaje del Ministerio de Asuntos Exteriores de España se lee lo siguiente en su sección dedicada a Georgia: «Se recomienda a los viajeros evitar las aglomeraciones y manifestaciones, en particular tras las protestas violentas ante la sede del Parlamento en Tiflis». No era la primera recomendación que ignorábamos y tampoco sería la última. Así que ahí estábamos, en la escalinata del parlamento en Tiflis, con un par de miles de personas armadas de banderas georgianas y europeas protestando contra su gobierno. Nosotros sólo fuimos una vez, pero para ellos eran ya 58 días consecutivos manifestándose, y siguen haciéndolo a fecha de hoy. En Tiflis operaban las mismas fuerzas que actúan hoy en Moldavia, que son las mismas que sacudieron Ucrania en 2014, que a su vez fueron un eco de lo sucedido en las Repúblicas Bálticas a principios de los 90. Los georgianos no quieren ser rusos, pero Rusia se niega a dejar que sus antiguas colonias elijan su propio destino.

Manifestación en Tiflis el 28 de enero

El museo Stalin de Gori, la ciudad natal del mandatario, empezó a planificarse cuando el georgiano todavía estaba vivo. Es una celebración de la vida y la obra del dictador, probablemente una de las dos personas que más gente ha mandado exterminar en toda la historia de la humanidad, siendo la otra Adolf Hitler. En todo el recinto no hay una sola mención a sus crímenes, y únicamente una foto sin retocar en la que se aprecian los estragos de la viruela  en su cara sirve para explicar cómo se falseaba la información sobre él en los medios soviéticos de la época. En la puerta del museo y por toda Georgia se venden estampitas, figuras de bronce e imanes de nevera con su efigie con absoluta normalidad. La colección no ha cambiado desde la caída de la Unión Soviética, e hizo falta que la ciudad fuera ocupada otra vez por los rusos para que el gobierno de Tiflis pusiera una pancarta en la entrada indicando que todo lo que hay en el interior es una falsificación histórica.

Imanes de nevera estalinistas en la puerta del museo dedicado al dictador
La casa natal de Stalin, debajo de un templete neoclásico para que no se moje cuando llueva
Clásica imagen del padrecito de los pueblos recibiendo el culto a la personalidad que merecía

Las primeras bombas rusas cayeron sobre Gori el 8 de agosto de 2008, una semana después de que las tropas de Putin invadieran Georgia con decenas de miles de soldados para llevar a cabo una limpieza étnica de georgianos en la región de Osetia del Sur. La guerra, que duró un par de semanas, fue la consecuencia de dos hechos: uno, el reconocimiento por Estados Unidos de la independencia de Kosovo, y otro, las intenciones georgianas de unirse a la OTAN. Para vengarse de lo uno y evitar lo otro, Rusia procedió a meter tropas y dinero en las dos regiones conflictivas de Georgia, Abjasia y Osetia, y acto seguido a expulsar a todos los georgianos de allí. Un cuarto de millón de personas habían sido expulsadas de Abjasia quince años antes, y cincuenta mil serían expulsadas de Osetia del Sur y también de Abjasia en la guerra de 2008. Las tropas rusas llegaron hasta Gori, por donde pasa la principal carretera de Georgia, y ocuparon la ciudad durante dos semanas. Los bombardeos aéreos y de artillería sobre la ciudad cayeron sobre todo en viviendas civiles; en uno de ellos murieron dieciséis personas. Una cifra diez veces superior de civiles murió a manos de las tropas rusas en otros lugares también ocupados. Fue entonces cuando se colocó la pancarta en el museo proclamando que su contenido es fundamentalmente una falsificación histórica, propaganda soviética, y que blanquea el régimen más sanguinario de la historia. Pero la pancarta ya no está: fue retirada diez años más tarde por el primer gobierno en mayoría total de Sueño Georgiano, el partido que lleva gobernando Georgia desde 2012, y que cuanto más tiempo pasa más prorruso y por tanto más autoritario se vuelve.

Una funcionaria aburrida como una ostra custodia la entrada al museo, Ni se enteró de que entrábamos, vino a pedir la entrada como media hora después, cuando acabó de jugar al Candy Crush
Más memorabilia estaliniana a las puertas del museo de Gori

Abjasia y Osetia del Sur fueron reconocidas por Moscú ese mismo mes, y posteriormente por otros cuatro países: Siria, Nicaragua y Venezuela, regímenes amigos de Moscú, y Nauru a cambio de, suponemos, dinero para comprar insulina y un Ford Fiesta. Cualquier posibilidad de Georgia de unirse a la OTAN quedó automáticamente eliminada. Sueño Georgiano ganó las elecciones por primera vez en 2012 y no ha abandonado el poder desde entonces. La postura de Georgia respecto a Rusia ha ido variando con el tiempo, y se ha exacerbado especialmente a partir de la invasión de Ucrania: la economía georgiana depende masivamente de Rusia, y Tiflis decidió aprovechar la oportunidad de servir de hub económico para sortear las sanciones internacionales contra Moscú. Inevitablemente las relaciones con la Unión Europea se fueron deteriorando poco a poco, entre protestas cada vez más fuertes en la capital. Hubo protestas masivas en 2019, 2020, 2023 y 2024; estas últimas aún continúan. La oposición denunció fraude en las elecciones de 2020; el resultado de las de 2024 no sólo no es aceptado por los partidos opositores, sino tampoco por la Unión Europea o el Consejo de Europa, que consideran fraudulentos los comicios.

Unas pocas docenas de personas se manifiestan ante el ayuntamiento de Kutaisi, el 25 de enero

Aunque habían pasado más de tres meses desde las elecciones, por todo el país se encontraban carteles electorales de los comicios de octubre. Los posters de Sueño Georgiano mostraban banderas georgianas y europeas, igual que los de la oposición. Pese a ello, y pese a que el 80% del país apoya la entrada en la Unión Europea, la primera medida del gobierno tras su disputada victoria electoral fue pausar el proceso de admisión. Inmediatamente las protestas se extendieron por todo el país. Para muchos georgianos caer en la órbita de Moscú es sencillamente intolerable. No sólo porque Rusia haya participado en la masacre y limpieza étnica de cientos de miles de georgianos y mantenga bajo ocupación militar un 20% del territorio del país. También porque gran parte de la inestabilidad del país desde su independencia se debe a la infausta herencia soviética, que es lo mismo que decir Rusa. Georgia, junto con las repúblicas Bálticas, Armenia y Moldavia, se negó a celebrar el referéndum para la permanencia de la Unión Soviética de 1991; el resto de repúblicas se independizaron después del golpe de Estado de aquel verano, pero esos seis países no quisieron esperar. 

Un kiosko de pedidos en una hamburguesería con las banderas georgiana y europea, en Tiflis

Los manifestantes nos cuentan historias propias de un estado policial que se desliza lenta pero inexorablemente hacia el autoritarismo desacomplejado. Detenciones arbitrarias y en masa, falsificación de pruebas, palizas y torturas. Son las mismas historias que los opositores georgianos cuentan a cualquiera que quiera escucharles. En Tiflis había poco más de cinco mil personas una noche heladora del mes de enero, unos días antes en Kutaisi los algo menos de un centenar de manifestantes nos habían recomendado encarecidamente evitar las concentraciones; no seríamos los primeros extranjeros a los que deportan por participar en protestas antigubernamentales. Mientras, el gobierno ha ido endureciendo su postura, publicando leyes cada vez más estrictas y restrictivas de la libertad de expresión y reunión. Esta semana se cumplirán cien días consecutivos de manifestaciones, sin que hasta ahora el poder se haya movido un solo milímetro en sus posiciones.

La Avenida Rustaveli de Tiflis, cortada por los manifestantes

No hay excesivos motivos para el optimismo, en verdad. El problema de los georgianos es que, desde un punto de vista estrictamente práctico y a corto plazo, el gobierno seguramente tiene razón: por ahora es más provechoso acercarse a Moscú, dado que absolutamente nadie va a mover un dedo por Abjasia y Osetia, a diferencia de lo que ha sucedido con Ucrania. La llegada de Trump a la Casa Blanca y su estrecha cercanía con Putin no hacen más que confirmarlo. Conociendo los antecedentes, además, es bastante probable que Rusia esté comprando lealtades a precio de ganga. Europa está a cuatro o cinco horas de vuelo, Rusia está ahí mismo. Una de las primeras medidas que se tomaron tras la invasión de Ucrania fue recuperar los vuelos directos con Rusia. Lo terrible, claro, es el precio a pagar por los georgianos, que aparentemente es doble: la soberanía y la democracia. Rusia se caracteriza por llevar mal que los países de su entorno intenten escapar de su influencia más directa. A Georgia la invadieron en 2008 y a Ucrania la invadieron dos veces, en 2014 y en 2022, y lo harán una tercera vez salvo que pierdan la guerra, cosa que con un gobierno prorruso en Washington, no va a suceder. Si alguna vez en el futuro Georgia intenta revertir el camino que ha tomado desde 2020, su vecino del norte le recordará que hay caminos que son sólo de ida.

Figuritas de Iósif Vissariónovich Dzhugashvili en un puesto callejero de Tiflis

Lecturas recomendadas:

Crónicas Bálticas: Independencia. Sobre el camino opuesto de Estonia, Letonia y Lituania
Hiroshima: La bomba y la memoria. Sobre las guerras y su relato.

Esta historia también aparece en El Mapa de Fronteras.

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11 respuestas a “Georgia quiere ser Europa pero Rusia no le deja (Crónicas caucásicas, 2)

  1. Avatar de MAB MAB 6-marzo-2025 / 1:49 pm

    Hola

    En el artículo mencionas que la guerra de Georgia empieza con una invasión rusa para hacer una limpieza étnica.

    Si me permites el apunte, el casus belli oficial (disponible en la enciclopedia) es el ataque ordenado por Saakashvili (actualmente acusado de crímenes de lesa humanidad, malversación y de estar involucrado en 2 homicidios distintos) a la región georgiana separatista de Osetia del Sur.

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  2. Avatar de Matias ND Matias ND 6-marzo-2025 / 3:14 pm

    Dos corrección:

    Ni Hitler ni Stalin fueron los que más personas han mandado ha exterminar. Ese título le pertenece a Mao, que según que fuente se tome, tiene más muertes a su cargo que los otros dos juntos.

    Y la otra es que la Guerra de Georgia de 2008, también fue provocada por la movilización de tropas de Sakashvili hacia la región separatista de Osetia del Sur (en donde cometió crímenes de guerra). Lo que bajo ningún contexto justifica las acciones rusas, ni implica que los rusos no hayan cometido crímenes de guerra en Georgia.

    Que Nauru reconozca a Osetia del Sur no es sorpresa: desde hace años que ellos venden su reconocimiento al mejor postor.

    Me imagino que en las elecciones georgianas se ha visto la clásica «cola rusa», esa extraña anomalía en la Campana de Gauss que ocurre siempre en las naciones alineadas a Rusia que hacen un mínimo intento por ocultar el flagrante fraude electoral.

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  3. Avatar de aryehcapella aryehcapella 8-marzo-2025 / 3:12 pm

    GEORGIA AL MISMO TIEMPO QUE YO!

    Y jjusto en las mismas partes… ¡Increíble!

    Por cierto, un detalle muy importante: Los Abjasios no se consideran Georgianos y de hecho históricamente fueron independientes durante un buen tiempo. El Abjasio es diferente al idioma Georgiano e incluso han retomado la fe precristiana tradicional abjasa. Ese es un punto muy importante, porque los Georgianos no quieren ser Rusos y los Abjasios no quieren ser Georgianos.

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