Los enclaves de Liechtenstein

800px-flag_of_liechtensteinsvgLiechtenstein es un país curioso. Además de ser, por extensión, el sexto estado más pequeño del mundo (por población es el séptimo), es una de las dos únicas naciones cuyo nombre procede directamente de la casa gobernante (la otra es Arabia Saudí). A su vez, la Dinastía Liechtenstein toma su nombre de un castillo situado al sur de Viena. También es uno de los dos únicos países doblemente sin litoral, es decir, que, sin tener salida al mar, únicamente tienen fronteras con otros países en la misma situación (Austria y Suiza). Su sistema político también tiene su aquel. Oficialmente una monarquía parlamentaria, como España o los Países Bajos, en Liechtenstein el Príncipe Hans Adam II tiene el poder de, entre otras cosas, disolver el parlamento, convocar elecciones o vetar leyes emanadas de aquel. Curiosamente, estos poderes se le otorgaron mediante un referéndum, realizado en 2003, con el apoyo de dos terceras partes de la población. La consulta fue celebrada bajo la amenaza de la familia real de marcharse del país (junto con su fortuna de 4.000 millones de euros) si el pueblo no apoyaba la reforma. Otro referéndum, esta vez celebrado en 1984, sirvió para que los hombres les dieran el derecho a voto a las mujeres.

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Frontera entre Austria y Liechtenstein, vista desde Austria. © Ian Kellman, 2003. En el año 2006 las autoridades del principado midieron las fronteras y descubrieron que el país era medio kilómetro cuadrado más grande de lo que se pensaba. No es mucho, pero proporcionalmente es como si España ganara 1.500 kilómetros cuadrados de la noche a la mañana.

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