El verano de 1948 fue intenso y acalorado en la isla de Terranova, al menos en lo político. Junto con un buen pedazo de la Península del Labrador, los habitantes del llamado Dominio de Terranova votaron dos veces para escoger su futuro. Podían decidir quedarse como una parte más del Imperio Británico, declarar la independencia o unirse a la confederación, es decir a Canadá. Escogieron la tercera opción y Terranova y Labrador es hoy la décima provincia canadiense. Terranova es la cuarta isla más grande de Canadá y la décimo sexta del mundo, pero justo al lado de sus cien mil kilómetros cuadrados de superficie, a menos de veinte kilómetros de sus costas, dos islas no votaron en aquellos plebiscitos. No eran parte de Canadá ni tampoco del Imperio Británico, y hoy siguen sin serlo. Es la minúscula comunidad de San Pedro y Miquelón, cinco mil habitantes que son los últimos franceses de Norteamérica.

Lo más destacado y por lógica lo más conocido del archipiélago de Saint Pierre et Miquelon es su bandera, sobre estas líneas. Hace algo más de quince años alguien, ejem, escribió esto en su blog sobre ella: «Además del barco pirata de Playmobil, en la bandera […] aparecen otras tres banderas, a saber, la de los Normandos, la de los bretones y la del País Vasco, la Ikurriña«. La bandera es dos cosas: a) horrible y b) no oficial. La única bandera oficial del territorio es la tricolor francesa, pero la extraoficialidad de la tela es irrelevante, porque los habitantes la consideran suya, y además explica bastante la historia del lugar. El barco, en realidad, es el Grand Hermine, la carraca en la que los primeros franceses llegaron a la hoy llamada isla de Saint Pierre, en junio de 1535. Al mando de la expedición estaba el marino Jaques Cartier, el primer europeo en ver el Golfo de San Lorenzo, y el primer humano en cartografiarlo. Las otras tres banderas que hay en la bandera representan los orígenes de los primeros habitantes estables del archipiélago: de arriba abajo, vascos, normandos y bretones, que visitaron la isla abundantemente durante el siglo XVI y empezaron a establecerse allí en el XVII. La bandera se diseñó en 1982, y como el País Vasco Francés no tiene una bandera propia, se usó la bandera de la Comunidad Autónoma Vasca. Originalmente se incluyó el Zazpiak Bat, un escudo del irredentismo vasco, pero resultaba demasiado complicado visualmente incluso para una bandera compuesta por otras banderas.

La primera vez que alguien dejó por escrito que San Pedro y Miquelón tenían habitantes permanentes fue en 1670, cuando Terranova, junto con todo lo que hoy es el Este de Canadá, formaba parte de Nueva Francia, al igual que buena parte de los actuales EE.UU. El administrador colonial Jean Talon se encontró allí una docena de pescadores acampados, y cuatro que afirmaban vivir allí todo el año, así que se anexionó las islas, y les dio el nombre con el que las conocemos hoy. La historia subsiguiente de San Pedro y Miquelón es la traslación a la costa canadiense de los conflictos entre las grandes potencias europeas. Todos los colonos fueron expulsados en 1713 tras la firma de la Paz de Utrecht, que le entregó el archipiélago a los británicos, pero algunos de sus descendientes regresaron medio siglo más tarde: en 1763 Francia perdió todas sus posesiones en América del Norte tras su derrota en la Guerra de los Siete Años, que en Estados Unidos se conoce como Guerra Franco-India porque tanto británicos como franceses se aliaron con tribus indias para guerrear entre ellos. Lo único que consiguió Francia al norte del Caribe fueron derechos de pesca en las costas de Terranova, llenas de caladeros, y para gestionarlos, el Imperio Británico aceptó devolver San Pedro y Miquelón a Francia. Durante los siguientes cincuenta años las islas rebotaron entre Francia y Gran Bretaña por las distintas guerras en las que se enzarzaron, empezando por la de Independencia de EE.UU. y acabando por las napoleónicas, pero finalmente en 1815 se reconoció la soberanía francesa sobre el archipiélago. Por eso cuando casi siglo y medio más tarde Terranova votó para unirse a Canadá esas dos minúsculas islas no participaron en el referéndum.

En realidad San Pedro y Miquelón son siete islas, pero dos de ellas están unidas por un puente de arena (un tómbolo, que diría Marisol) y el resto están deshabitadas. Poco menos de seis mil personas residen en el archipiélago, que pese a ello tiene su propia aerolínea, probablemente la más pequeña del mundo, demográficamente hablando. En verano alquilan un 737 para tener vuelos directos con París desde el minúsculo aeropuerto de Saint Pierre, y también hay vuelos en avioneta a la diminuta pista del aeródromo de Miquelón. Pero la mayoría del transporte hacia y desde el archipiélago se hace a bordo de ferris que cruzan el pequeño estrecho hasta Terranova en hora y media, y que durante el invierno circulan, como mucho, tres o cuatro veces por semana. El aislamiento de las islas, unido al origen particular de sus habitantes, hace que el francés que allí se habla tenga un acento y un vocabulario distintivos, como usar embarquer y debarquer en vez de entrer y sortir (entrar y salir). Irse a la cama se dice embarquer dans son lit (embarcarse en el lecho), una de las expresiones más visualmente poéticas que haya leído jamás. Mi favorita, sin embargo, es un temps de ministre, «tiempo de ministro», la expresión que se usa para el buen tiempo, porque los políticos de la Francia Metropolitana sólo van allí en la breve época (julio y agosto) en la que brilla el sol y el viento da una tregua.


Durante siglos la economía de las islas se basó en la pesca del bacalao, pero a finales del siglo XX los caladeros empezaron a agotarse, y Canadá impuso cuotas de pesca que los pescadores del archipiélago también tienen que cumplir. Por esa época un tribunal de arbitraje estableció la superficie de la Zona Económica Exclusiva de San Pedro y Miquelón, que resultó ser mucho más pequeña de lo esperado por los franceses. Así que ahora la población local vive, como sucede en casi todas las avanzadillas ex coloniales, del turismo y del subsidio de la metrópoli. La agricultura es virtualmente inexistente por las características del suelo y la escasez de luz solar, así que todo viene de Canadá o de Francia, y las islas apenas exportan algo de la pesca que les permiten los acuerdos con Canadá. Precisamente por estas exportaciones las islas se hicieron brevemente famosas durate unos días en 2025 cuando Donald Trump presentó su política arancelaria, que le asignó al archipiélago un arancel del 50%, el más alto del mundo junto con Lesoto. Los aranceles se basaban en el déficit comercial de EE.UU con el resto de países del globo, y en el caso del territorio francés el déficit es del 100%, porque todas las importaciones se hacen a través de Canadá. En aquel momento las exportaciones de San Pedro y Miquelón a Estados Unidos estaban en el rango de las decenas de miles de dólares, frente a los millones que importan de Nueva Escocia.


Miquelón se llama así porque los primeros habitantes de la isla eran de San Juan de Luz. De hecho, entre los españoles que conocen la existencia del territorio es común equivocarse y llamar a la isla «Miguelón», un aumentativo bastante común en la región vasca, al menos en este lado de la frontera. El nombre, de hecho, apareció por primera vez en las crónicas de viaje del marino vascofrancés Martín de Oyarzábal, alredor de 1570. La isla doble supone la inmensa mayoría del territorio de la ex colonia, pero poco más del 10% de su población, concentrada en un único pueblo, llamado como la isla. Hace un par de años el pueblo comenzó a trasladarse: el calentamiento del globo ha provocado la desaparición de los icebergs que protegían parcialmente de las mareas al asentamiento, y se teme que una subida del nivel del mar de un metro o menos, o una tormenta especialmente fuerte, pueda acabar con la comuna. Así que los vecinos están construyéndose sus casas a un par de kilómetros de allí, tierra adentro y monte arriba, por si las moscas. De todos modos, no se espera que el trabajo concluya, si es que lo hace, hasta dentro de medio siglo. Para entonces ya serán más de quinientos años desde que alguien le puso un nombre vasco a una isla en la costa de América del Norte.

Fuentes: Wikipedia (2, 3), Basque Culture (2), Reddit, Euronews, BBC, La Voix du Nord, The Guardian, SPM Tourisme.
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Una respuesta a “San Pedro y Miquelón, el último reducto de Francia en América del Norte”