La «casa más solitaria de la Tierra» no lo es tanto

Fronterasblog, también conocido como Guía para Misántropos

Cada cierto tiempo se hacen virales videos y fotos como la que encabeza este texto. Una pequeña construcción en mitad de una isla tan verde como desierta, en lo que parece ser un rincón ignoto y aislado del océano. El lugar de retiro definitivo, el culmen de la misantropía, la cima del aislamiento. La casa más solitaria del mundo. Como es habitual, los tik toks en cuestión acaban con una pregunta para fomentar el engagement y darle alas al algoritmo. «¿Te mudarías a un lugar así?». Dos cosas. Una: no, ninguno de vosotros lo haría, o ya lo habríais hecho. Y dos: hay otras preguntas más interesantes, como ¿dónde está esta casa? ¿Y por qué demonios existe?

Desde mil metros de altura se sigue viendo la casita. Las casitas, en realidad. Porque hay dos.

Como suele pasar en estos casos, el chalecito blanco en mitad del prado viene con su carga de leyendas. Que si es la casa de Björk, que si lleva cien años vacía, que si nadie sabe quien la construyó, que si pesa sobre ella una maldición (como, no sé, escuchar música de Björk). La casa está en la isla de Elliðaey, en el archipiélago de las Vestman, al sur de Islandia. Por supuesto, se sabe perfectamente quién la construyó y cuándo. Concretamente fue una asociación de cazadores allá por los años cincuenta, con el objetivo de cazar frailecillos, esos pajaretes simpáticos que abundan en Islandia y que en el resto del mundo están protegidos, a diferencia de en la isla subártica. Y Björk no tiene nada que ver con el lugar: a principios de siglo, el entonces primer ministro islandés bromeó con regalarle la isla de Elliðaey a la cantante como agradecimiento por dar a conocer el pequeño país en el mundo. Pero ni siquiera se refería a la misma isla, sino a una distinta en la otra punta del país.

Cómo nos gustan las fotos con compresión de fondo, ¿eh?

La isla es accesible desde el puerto de Vestmannaeyjabær, a unos cinco kilómetros de la localidad. Pese a lo escarpado de la costa, hay un pequeño embarcadero accesible cuando el viento, las mareas y el tiempo en general lo permiten, cosa que, dicho sea de paso, no sucede demasiado a menudo salvo durante el verano; el clima en Islandia no se caracteriza por sus días cálidos y despejados. ¿Y qué hay dentro de la casa? Todo lo necesario para un fin de semana de hombres cazando. Sofás cómodos, paredes de madera, una cocina de gas, unas cuantas camas, una barbacoa, esa clase de cosas. Pese a la información que circula, la casa sí que tiene electricidad; gracias a un residente de la isla más próxima llamado Bjarni Sigurdsson, tenemos un largo recorrido por el interior de la casa. Es uno de esos vídeos de Youtube costumbrista sin pretensiones, casi un ASMR del slow-living, que merece la pena visionar al menos a saltos:

¿Se puede alojar uno en la casita en el confín de la Tierra? Sí, siempre que pertenezca a la asociación de cazadores de la isla de al lado, o tenga un amigo allí. Hace un lustro el youtuber Ryan Trahan se hizo amigo de un par de locales y le llevaron a visitar la casa. Las casas, porque hay dos. La primera, construida por investigadores para estudiar a la población de frailecillos, varias décadas más antigua que la segunda, que es la que aparece en todas las fotos y vídeos. En el lugar encontró un libro de firmas donde dejó estampada la suya, y descubrió un dato que apenas es mencionado en las informaciones sobre el lugar. Era la persona número 11.265 en visitar el refugio. Aparentemente, «la casa más solitaria de la Tierra» tiene la misma actividad que una pensión en primera línea de playa en Benidorm.

Not-so-lonely house

Más info en Atlas Obscura, Architectural Digest y Xataka. Las fotos son de National Geographic

Si te gustó esta historieta, mira a ver qué tal te lo pasas con estas otras:

Hotel Esperanza: los refugios para náufragos de las islas subantárticas de Nueva Zelanda. Eso sí que eran cabañas solitarias de verdad.

La isla habitada más pequeña del mundo, y la casa que ocupa (casi) toda su superficie

Puedes encontrar esta historia, y todas las demás, en El Mapa de Fronteras

Esta historia no aparece en ese maravilloso libro denominado HISTORIONES DE LA GEOGRAFÍA pero allí tienes ciento una historias del mismo estilo, narradas con el mismo tono serio y académico que caracteriza este lugar. No se me ocurre ninguna razón por la que podrías no querer comprar el libro. Es barato, es ligero, es azul y está bien encuadernado. ¿Qué más quieres? Y por si te diera por leerlo, encima es divertido.