Hoy este rincón de la red se hace mayor de edad. Tal día como hoy pero de 2008, exactamente a esta hora (las 13:37) se publicó la primera anotación en Fronteras, que gracias a la televisión pública de España el pasado 29 de diciembre alcanzó ya la cifra redonda de setecientas. Esta es la setecientos cuatro, de hecho. El mapa de los lugares de los que se ha hablado en este sitio durante estos dieciocho años resulta para mi asombroso, y eso que soy yo el responsable. La verdad es que cuando me puse a escribir sobre el curioso estatus geopolítico de Taiwán, en aquel piso de 27 metros cuadrados que olía a humo de tabaco desde un kilómetro y donde los armarios tenían cremallera porque no había espacio para abrir puertas, no pensé que casi dos décadas más tarde estaría todavía escribiendo sobre el tema. Desde luego, no imaginé que acabaría visitando buena parte de los lugares de los que escribía. Y mucho menos que hasta publicaría un libro contando, entre otras, precisamente las dos historias sobre las que escribí ese mismo día, 8 de enero. Y también sobre la que escribí al día siguiente. De hecho he ido a dos de esos tres lugares. La vida a veces es curiosa.

Hace ya seis años que murió mi madre. Nunca la he echado tanto de menos como el día que presenté Historiones en mi librería favorita de Barcelona. Lo orgullosa que habría estado de mi. Lo mucho que habría presumido de su hijo el escritor. Mi madre fue literalmente la primera persona que se suscribió a Fronteras, al día siguiente de publicarse los dos primeros textos. Me llamaba para comentar casi cada entrada, y a veces para contarme su propia experiencia en los lugares que recorría el blog. Sus últimos años fueron muy duros porque las enfermedades degenerativas siempre lo son, y más cuando ni siquiera están diagnosticadas, pero cuando hablábamos de geografía y de viajes siempre volvía a ser la persona de siempre. A mi me pasa igual. Siempre vuelvo a Fronteras porque es mi casa. Es donde estoy más a gusto, mi hobby, mi espacio seguro. Cuando algún día, esperemos que dentro de mucho, me llegue la morición, me gustaría que este fuera mi legado: un montón de textos sobre lugares rarunos, trufados con chistes escatológicos y bromas de adolescente hiperhormonado.

Hay auténticos tratados alrededor de la felicidad. Dudo mucho que exista una fórmula para alcanzarla, sobre todo porque no es tanto un estado permanente como un objetivo breve, como alcanzar el aro de una canasta de baloncesto: puedes quedarte unos instantes ahí colgado pero en seguida vas a tener que bajar. Metáforas aparte, cuando pienso en la felicidad me acuerdo de muchos momentos, la mayoría relacionados con moverse y con crear. N. dibujando en un tren de Cercanías camino de la frontera francesa, mis hijos eufóricos tirándose cincuenta veces seguidas por un tobogán en un parque acuático francés, o yo mismo escribiendo un par de capítulos de Historiones de la Geografía en un ordenador prestado en una escala en el aeropuerto de Milán camino de Chisinau. Escribir me hace muy feliz, por si después de ciento siete mil palabras en eo25 (más las sesenta y cinco mil del libro, más las cincuenta mil de Libertad Digital) no os habíais percatado, y viajar también. Mezclar las dos cosas es básicamente un sueño hecho realidad. Y encima me sacaron en la tele.
El mejor momento de 2025 fue el peor mientras lo vivíamos, pero como (no) dijo Woody Allen, humor es tragedia más tiempo. Pasarán los años y seguiré contando a quien quiera oirlo lo que sucedió cuando Christian y yo hicimos gala de nuestro absoluto desprecio por el más elemental sentido común y acabamos siendo interrogados por los servicios secretos armenios durante horas. Dejando aparte incidentes internacionales en zonas de guerra, de 2025 también recordaré toda la vida mi primera firma en la Feria del Libro de Madrid, a la que asistió buena parte de mi familia madrileña, junto con una porción considerable de mis amigos, que luego procedieron a emborracharme como está mandado. Tengo enmarcado en mi casa el cartel de la firma, no sólo por su significado personal, y también profesional (¡me pagaron! ¡por escribir sobre fronteras!) sino porque en toda la historia de la literatura soy el único autor que se ha promocionado con una foto en la que se le olvidó quitarle la etiqueta a la americana. Gracias, Editorial Planeta, por uno de los momentos más hilarantes del año.

En fin: dieciocho años. Christian, amigo y compañero de correrías armenias, cuenta que empezó a leer este espacio cuando ni siquiera era adolescente, y para referirse a los inicios del blog habla a veces de «los clásicos de Fronteras», los textos que se publicaron aquí los primeros años, pongamos entre 2008 y 2016, en la época en la que aquí se juntaban diariamente dos o tres mil personas a leer, y que fueron los que le dieron el tono y el fuste a este lugar. Con el tiempo se han sumado otras aventuras, textos, historias y curiosidades que al final componen una biblioteca fronteriza y geográfica considerable. Así que, al igual que el año pasado instalé un mapa en la puerta de entrada del blog, este año he colocado un enlace a lo que he llamado El Canon de Fronteras, las cien anotaciones más importantes de las casi dos décadas de esta bitácora. Que son apreciablemente más de cien, pero no creo que os pongáis a contarlas, la verdad. Los que llevéis aquí un tiempo podréis revisitar aquellos lugares y anécdotas, los que estabais en primaria o no sabíais ni leer por esa época, podréis conocerlas. Y los lectores que vayan llegando aquí por primera vez, podrán hacerse una idea del agujero de gusano en el que han caído. Todo ventajas. Espero, pues, que lo disfrutéis mucho. No digo que tanto como yo haciéndolo, pero casi. Con todos vosotros, El Canon de Fronteras.
2025 ha sido el mejor año de mi vida, y lo mejor es que llevo ya unos cuantos años consecutivos diciendo esto. No viajé tanto como en 2024, y es extremadamente improbable que pueda volver a hacerlo salvo que encuentre un patrocinador, que primero debería empezar a buscar. Pese a ello me las apañé para visitar diez países, tres de ellos nuevos (Georgia, Armenia, Azerbaiyán). Me subí a un avión 16 veces en doce aeropuertos distintos, ocho de ellos también visitados por primera vez (Lanzarote o Sarajevo entre ellos). Viajé a Stonehenge con N., que también me acompañó las locuras ferroviarias del verano. Llevé a mis hijos al aeropuerto más absurdamente pequeño de Europa Occidental, el de Poitiers. Y visité Budapest por primera vez sin que me pasara alguna desgracia. He tenido que ir cuatro veces a esa ciudad para ello. Viajes aparte, cambié otra vez de trabajo; abandonar el banco digital británico que me consumía el alma (es ese que estáis pensando, sí) fue una decisión sabia,, y aún más meterme en el mundo de la inteligencia artificial. Y bueno, publiqué un libro, pero eso creo que ya lo he mencionado. COMPRAD MI LIBRO.

Sobre el futuro, este año no tengo ningún libro que anunciar (por ahora, ojalá mi editor me dé una sorpresa pronto), pero sí que igual que hace unos años dije que tenía intención de llegar a la mayoría de edad del blog, el nuevo objetivo es alcanzar los veinte años. No quedan prácticamente bitácoras de la primera década de los 2000 (ni tampoco en general, seamos sinceros, somos unos dinosaurios), así que formar parte del club de los veinte años me haría especial ilusión. Hay proyectos bonitos para este año, sobre todo audiovisuales, pero como persona humana con un trabajo y pico a tiempo completo y dos adolescentes a tiempo parcial, no me pienso arriesgar a adelantar nada. Mi TDAH me lo impide. Sí, tengo TDAH, y seguramente más cosas pero no quiero asomarme al DSM-5. A ver si creéis que uno puede estar dos malditas décadas escribiendo sobre variaciones de un mismo tema sin tener algo en la cabeza.
Y como cada año: muchas gracias a todos por leer, compartir y comentar. Este último año he escrito más que ningún otro año en la historia del blog, en parte porque me lo planteé como un reto y una rutina, en parte porque las anfetaminas que me receta el médico tienen ese efecto. Dos de los textos de 2025 (sobre la Isla de San Pablo y sobre una ciudad fantasma malaya) aparecieron en la portada de Google en los móviles Android y le aportaron cerca de setenta mil visitantes al blog en unos días, dándole a Fronteras los segundo y tercer y cuarto mejores días de su historia (el primero se dio en mayo de 2014, cuando el Mapache y yo publicamos las cien curiosidades absolutamente prescindibles). Esas dos entradas suponen aproximadamente una de cada seis visualizaciones del blog este año. Seguimos muy lejos de las cifras de hace una década, pero incluso sin esa locura de tráfico que llegó en pleno mes de agosto y en Navidad, probablemente el número de personas que se pasaron por aquí habría aumentado. En un mundo donde la inteligencia artificial genera ya la mitad de la información disponible y donde es muy difícil distinguir qué es verdad y qué es un invento hecho por corporaciones chinas o granjas de bots rusos, lugares como este, donde gente con un tornillo de menos le dedica una cantidad astronómica de horas a recopilar información verificable y contarla de forma digerible, tienen cada vez más valor. Espero que disfrutéis lo que está por venir. Mientras la autoridad y la salud lo permitan, aquí seguirá Fronteras, otro año más.
Y no olvidéis el lema de este lugar: COMPRAD MI LIBRO
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¡Enhorabuena, Diego! Te sigo hace años y es uno de los blog que más disfruto (mejor dicho, el que más). Graaaacias por los momentazos, aprendizajes y risas que he vivido gracias a que hace 18 años se te ocurrió esta maravilla de Fronteras.
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La verdad es que esta tambien es mi casa.. el sitio donde leo las entradas por la noche después de cenar y miro en los mapas los destinos que pones, los 10 minutos que me abstraigo del curro para leer un artículo, las ideas de viajes que ofrece (este año me toca mi Armenia/Georgia/Azerbaiyán)…
espero que sigas compartiendo casa con todos tus lectores mucho tiempo Diego!
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Hola Diego, mi mas cordial enhorabuena y felicitaciones por estar hoy de cumpleaños tal como explicas en tu último texto. Me ha emocionado mucho lo que escribes sobre tu madre, la mía era igual, siempre fue mi fan número 1 y disfrutaba mucho oyendo mis andanzas y aventuras. Soy José Luis Angulo te entrevistamos en Ser Aventureros de Cadena Ser para hablar de tu libro. Un fuerte abrazo y sigue así, me encantan tus historias.
José Luis Angulo
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