La guerra que el Reino Unido ganó en tres cuartos de hora

Dice el refrán que no hay mal que cien años dure, pero en el caso de la guerra anglo-zanzibareña, la cosa acabó casi antes de haber empezado. Duró menos que un capítulo de The Crown. Las fuentes difieren, pero la duración estimada del conflicto oscila entre los treinta y ocho y los cuarenta y tres minutos, segundo arriba o abajo. Si pestañeas, te lo pierdes. Era el 27 de agosto de 1896, la guerra empezó a la hora de desayunar, y para cuando estaban en el segundo plato de baked beans, la contienda había concluido. Hoy en Fronteras, la guerra más corta de la historia.

Antes…
… y después.

Zánzibar fue colonizada por los portugueses en una fecha tan temprana como 1499, pero desde finales del siglo XVII estaba bajo el control de los Sultanes de Omán. A mediados del siglo XIX la isla se independizó, con el visto bueno de los británicos, que la consideraban un punto clave para sus idas y venidas a la India. El sultanato mantuvo excelentes relaciones con los británicos, pese a que fueron obligados contra su voluntad a abolir el tráfico de esclavos, que suponía un tercio del PIB del país. En la segunda mitad del siglo XIX, entraban y salían de Zanzíbar unos diez mil esclavos al mes, camino de los mercados de seres humanos de La Meca, Yeda, Medina o Muscat. En la propia isla, dos terceras partes de la población eran esclavos o concubinas. Gran Bretaña dedicó esfuerzos considerables a erradicar la práctica, por motivos comerciales, pero especialmente humanitarios. La idea encontró una fortísima resistencia por parte de los árabes locales, que se ganaban la vida muy bien comerciando con carne humana, y provocó no pocos roces entre la administración local y sus aliados británicos. La cosa siguió así, con sus tiras y aflojas, hasta que en 1893 se murió el sultán Alí I. La monarquía de Zanzíber no era hereditaria, así que le sucedió en el trono uno de sus sobrinos, Hamad, que parecía que iba a ser más dócil que su precedesor. No fue el caso.

Ubicación de Zanzíbar en el mapa de África. En 1965 se unió con Tanganika para formar la actual República Unida de Tanzania

El ascenso de Hamad a la jefatura de Estado había dejado resentido a su primo Khalid, que consideraba que el trono debía ser suyo, como hijo único del sultán que había gobernado hasta 1890. En 1893 organizó una revuelta palaciega para romper relaciones con el Reino Unido y poder seguir vendiendo negros en la Península Arábiga sin esos molestos ingleses metiendo sus narices imperiales en todo, pero fue sofocada rapidamente. Así que en cuando tres años después su primo Hamad murió en circunstancias que Jessica Fletcher calificaría como altamente sospechosas, supo que había llegado su hora. Reunió un ejército de tres mil partidarios y tomó al asalto el palacio real, proclamándose heredero del trono y único monarca legítimo de la isla. Los británicos, que habían decidido apoyar a Hamud, otro de los primos de Khalid, le indicaron cortesmente que verdes las había segado y que abanadonara ordenadamente las instalaciones si no quería recibir jarabe para la tos en dosis potencialmente letales. El plazo que le dieron fue de veinticuatro horas.

Un dibujo del Palacio de Zanzíbar a finales del siglo XIX

Las fuerzas militares de ambas naciones estaban tan niveladas como un partido de fútbol entre la selección paralímpica andorrana y el Brasil de Pelé. El sultán tenía tres mil hombres armados a su cargo y un par de piezas de artillería, y los británicos sólo 900 zanzibareños en su bando, pero a cambio las fuerzas de Su Majestad contaban con cinco buques de guerra estacionados en el puerto de Zanzíbar, que casualmente estaba situado a unos treinta metros del palacio en primera línea de mar donde se ocultaban el sultán y sus partidarios. A las ocho de la mañana Khalid le envió al embajador británico un mensaje en el que le venía a decir algo así como «no hay huevos a bombardearnos» y el diplomático respondió de la forma que uno esperaría: «no tenemos un especial deseo de bombardear el palacio, pero si no cumple nuestras condiciones sin duda nos veremos obligados a ello». El plazo expiró a las nueve de la mañana del 27 de agosto de 1896. Exactamente dos minutos más tarde los cinco barcos británicos abrieron fuego contra el palacio real, que, siendo de madera, no llevó del todo bien la granizada de fuego y procedió a caerse a pedazos.

Estado moderadamente lamentable de algunos edificios tras el bombardeo británico

Más o menos cuando los primeros pepinazos convertían en astillas la fachada del palacio del Sultán, Khalid escapó por una puerta trasera y se dirigió todo lo rápido que le permitían sus juveniles piernas (tenía 22 años) hacia el consulado alemán en la ciudad. Los alemanes, que controlaban la costa continental frente a la isla con su colonia de Tanganika, le dieron refugio. A las nueve y media de la mañana el bombardeo empezó a flojear, y a las diez menos veinte había cesado del todo. Las tropas leales a los británicos avanzaron sin resistencia y tomaron los restos llameantes del palacio. La guerra más breve de la historia había terminado. Del lado zanzibareño cayeron muertos o heridos quinientas personas, mayormente civiles pobremente armados a los que el ya ex sultán había reclutado deprisa y corriendo. En el lado británico un marino resultó herido y tuvo que pasar por el hospital. Además del palacio real, el único barco de la marina de Zanzíbar, un yate con piezas de artillería propiedad del sultán, resultó también destruido. No está mal para ser las diez de la mañana, debió pensar la diplomacia británica.

Marinos británicos junto a una pieza de artillería capturada

Antes de la hora del té las tropas de Su Majestad ya habían instalado en el trono al Sultán Hamud, primo de los dos anteriores, que en vista de cómo las gastaban los británicos decidió no meterse en excesivos líos y durante su mandato obedeció todas las indicaciones que le fueron dando. El Sultán Khalid I El Breve fue trasladado por los alemanes a la capital de Tanganika, Dar es Salaam, donde permaneció libre hasta que fue detenido durante la primera guerra mundial. Los británicos lo enviaron a Santa Elena, que parecía ser el lugar donde enviar jefes de estado díscolos. Zanzíbar quedó convertido en un protectorado y el total de revueltas desde aquel día hasta su independencia en 1963 ascendió a un total de cero. En enero de 1964 la población negra de la isla se rebeló contra el Sultán para instalar una república popular. La revolución duró poco más de dieciocho horas. En Zanzíbar las cosas se hacen rápido o no se hacen. 

Fuentes y más info: Britannica, History Today, British Online Archives, History Extra.

Si te gustó esta historia, probablemente goces con estas otras:

Liberia, 1927. Las elecciones más amañadas de todos los tiempos
Cataluña, la república inexistente. El país que duró ocho segundos
Un país en un suspiro. Los estados independientes más breves de la historia

Puedes encontrar esta historia, y todas las demás, en El Mapa de Fronteras

Y no pienso dejar pasar la ocasión de recomendaros, es más, instigaros, es más, recordaros la obligación moral o incluso legal de que acudáis a la librería más próxima e intercambiéis una parte de vuestro escaso pero no por ello menos inmerecido sueldo en adquirir legalmente una copia de  HISTORIONES DE LA GEOGRAFÍAla mejor colección de anécdotas geográficas que jamás se haya publicado en cualquier idioma o formato. He dicho. QUE LO COMPRÉIS. COPÓN YA. No sé cómo tengo que decíroslo.


Descubre más desde Fronteras

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

5 respuestas a “La guerra que el Reino Unido ganó en tres cuartos de hora

  1. Avatar de Cavaliery Cavaliery 15-diciembre-2025 / 9:49 pm

    Dos cosas:

    Guinness world Records tiene a esta guerra como las mas corta de la historia

    Freddy Mercury nacio en Zanzibar

    Me gusta

  2. Avatar de Sergio Sergio 28-diciembre-2025 / 11:46 am

    Magnífica entrada esta sobre Zanzíbar, que he tenido el placer de leer justamente… en Zanzíbar, durante una lluvia torrencial que no deja otra cosa que hacer que jugar al Bao y leer desvaríos mentales en mi blog favorito.

    Justamente hace unos días caminaba por la capital de la isla y el guía local me refería esta misma historia, evidentemente con bastante menos gracia que el presente post.

    Un cordialísimo saludo

    Me gusta

Replica a Matias ND Cancelar la respuesta

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.